Adiós a un clásico: los enigmáticos mensajes del puente Juan B. Justo

Evangelina Himitian
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12 de septiembre de 2018  • 11:00

"Puentes donde hay muros". Ese va a ser el último mensaje que hayan leído sobre el puente de Juan B. Justo, quienes manejen por la avenida Córdoba. Desde el sábado que viene toda la zona quedará cerrada porque empezará las tareas para demoler ese puente que lleva casi 50 años en pie. Durante los últimos 16 años, Oscar Miguel Brahim, taxista y artista callejero, fue el responsable en las sombras de que el viaducto no sólo comunicara vehículos entre Villa Crespo y Palermo: sino de que también, hablara.

Algunos eran mensajes elípticos. Otros, metafísicos. También hubo frases inconclusas o alteradas por otros artistas callejeros. "Gracias por venir", "Nos trasladamos al Patio Bullrich", "Necesitamos niños" o "Somos responsables de lo que vemos", son algunos de los mensajes que hicieron pensar a miles de automovilistas que cruzaron por debajo del puente, preguntándose qué habrá querido decir el autor de la leyenda.

En las sombras, sin darse a conocer durante muchos años, Oscar se divirtió todos estos años con las reacciones de la gente. Es más, cada vez que emplaza un mensaje nuevo, este taxista de 56 años, suele visitar el barrio y hacerse pasar por un vecino (e incluso por periodista) para preguntar a la gente a qué cree que se debe el mensaje. "Me dicen cosas como Es una secta. Es un grupo político. Son asesinos de niños. Lo que contesta la gente es muy divertido. Y muchos se apropian del significado del mensaje. Eso es lo que más me gusta. Entender que mi aporte es sólo un disparador para una conversación que se dispara en mil sentidos", cuenta Oscar a LA NACION, desde su casa, minutos antes de empezar su turno como taxista.

Oscar Brahim. Foto de Facebook
Oscar Brahim. Foto de Facebook

"Es el fin de una etapa. No sé que va a pasar con el puente. Si va a desaparecer. Si pondrán otro, o si le van a poner ligustrinas para que no se vea el tren", dice, aún golpeado por la confirmación de la noticia de que ese que por muchos años fue el lienzo de sus obras, pronto ya no estará más.

Los mensajes del puente de Juan B Justo se convirtieron en un ícono de la ciudad. También el misterio que se mantuvo por muchos años en torno al autor de las frases. A Oscar se le prendió la lamparita en 2002. Un día, estaba detenido con su taxi en un semáforo y vio a dos jóvenes colgados del puente pegando afiches del Partido Obrero. "¡Ah! No es tan difícil ni peligroso", pensó. Terminó ese viaje y sin decir palabra se fue a la casa de un amigo y le pidió que le ploteara el abecedario en Helvética Gold. Y empezó a pergeñar el primer mensaje.

Desde 1997, había dado rienda suelta a su faceta artística, con distintos collages callejeros. "Producto de la extrema estimulación visual que sufría como taxista, miraba las publicidades callejeras de otra forma. Empecé a bajarme del taxi para cortar las gráficas y guardarme formas. Por muchos años, tenía el baúl del taxi lleno de publicidades y recortes. Y cuando venía alguna que me inspiraba, paraba y la intervenía", cuenta. Su actividad paralela, motivó al director Sergio Morkin, a subirse a su taxi por cuatro años y filmar el documental que se estrenó en 2004, que se llamó Oscar, basado en la vida de Brahim.

Una vez que tuvo su abededario en helvética gigante, a Oscar se le ocurrió el primer mensaje, que en 2002 desató la polémica: "Necesitamos niños". En esos días se había conocido la denuncia contra el sacerdote Julio Grassi y el taxista quiso grabar una frase polémica que pusiera foco sobre la gravedad del asunto. Subió caminando por la dársena del puente de Juan B. Justo y se colgó sobre las barandas que le llegaban hasta la cintura, hacia el vacío. Y así, cabeza abajo, en cuestión de media hora, el mensaje ya gritaba la polémica sobre avenida Córdoba.

Dos días después, no se aguantó la intriga y fue a hablar con los vecinos. Tocó timbre en la casa de una mujer que vive en la esquina y se hizo pasar por periodista. Le preguntó qué sentía cuando abría la ventana y todo lo que veía era "Necesitamos niños". La mujer le gritó por el portero eléctrico que ahora no podía, que estaba bañando al marido. "No hace falta que baje, me puede contestar por acá", le dijo Oscar. De fondo se escuchaba al marido y los retos de la mujer que le decía que se quedara quieto, que ahora iba. "Ah, son asesinos de niños. Una secta", fue la respuesta que obtuvo Oscar, antes de que la mujer colgara el portero.

El último mensaje, el más reciente, lo colgó en junio último. "Puentes donde hay paredes", puso. No fue una premonición de que ese puente no iba a estar más. Fue un pedido de la producción del Canal Encuentro, según cuenta Oscar. "Estaban haciendo una historia sobre un hombre que está internado en el Borda. Y que después de pasar años mirando una ventana, se despertó y dijo que quería hacer algo para ayudar a alguien. Y escribió esa frase en un cuaderno. Cuando me lo plantearon, no lo pensé mucho. Me gustó la frase y la escribí en el puente", dice Oscar.

Pero cuatro días más tarde, otros artistas intervinieron la obra de Oscar. Sobre la palabra "puentes" pintaron dos ojos: los de Santiago Maldonado. "El mensaje cambió de sentido", apunta Oscar. No fue esa la primera vez que los mensajes que escribía eran víctimas de una guerra de cartel.

Por muchos años, el taxista mantuvo el anonimato. Disfrutaba con preguntarles a sus pasajeros por esas leyendas y escuchar lo que decían. Una vez, cuenta Oscar, llevó a la actriz Inés Estévez. "Iba a los premios Konex. Me pidió que pasara despacio por debajo del puente porque quería leer el mensaje que en esos días había cambiado. Me hice el que no sabía y le pregunté. Me dijo que con un grupo de amigos, siempre debatían sobre las frases que se leían ahí. No le dije nada, pero antes de llegar a destino se lo confesé. Al principio no me creyó, después se enojó y me reclamó que la hubiera dejado hablar. Pero me agradeció y me tomó mi teléfono. Un tiempo después me llamó un periodista de una revista de Palermo, que Inés le había contado la historia. Y me hizo una nota", asegura.

Salir del anonimato le valió, dice Oscar, que otros artistas callejeros empezaran a escribir sobre el puente. A intervenir los mensajes. Y hasta a cambiarles el sentido. "Al principio fue un diálogo que me interesó. Pero después, sólo eran insultos sin sentido. Pensé que esa gente, tal vez tenía necesidad de decir algo y les pinté todo el puente de negro, para que pudieran decir lo que quisieran. Pero nunca más volvieron", cuenta.

Los mensajes iban cambiando cada tres meses y nacían producto de la coyuntura o de algo que Oscar había leído. Por ejemplo, cuando el ex presidente George Bush vino al país, escribió, no exento de ironía "Gracias por venir". O cuando se debatía el traspaso presidencial entre Cristina Kirchner y Mauricio Macri, el mensaje fue "The house is in order".

Oscar tuvo una etapa metafísica. Leía mucho y los mensajes perdieron ambigüedad. Eran más reflexivos. "Los obstáculos no son nada excepto nuestros propios pensamientos", fue uno. "En toda víctima se esconde secretamente un victimario", escribió y desató la polémica. "Hubo una carta de lectores en LA NACION por esa leyenda", dice.

"Somos responsables de lo que vemos", puso en 2008. Fue el único mensaje que repitió en estos 16 años: volvió a escribirlo en 2017, pero con el cambio de contexto, dice, la lectura de la gente fue otra.

Otras veces, el disparador fueron leyendas que vio al pasar. Por ejemplo, un día que fue a comprar camisas al local donde iba siembre y se encontró con un cartel que decía "Nos trasladamos al Patio Bullrich", y ese fue su siguiente mensaje. Sólo que duró cuatro días, hasta que, según cree, la gente del mismo shopping lo mandó a sacar. Entonces el mensaje que subsistió, que por tres meses leyeron los porteños sin entender,a fue "Nos trasladamos al".

Un día, hace dos años, cuando Oscar intentaba escribir "keep the change", llegó una patrulla de la Metropolitana y le dijo que no tenía permiso para subir al puente. "Fue la única vez que vino la Policía", dice . "No me dejaron terminar la frase. Quería poner eso, en homenaje a un turista que me dijo que me quedara con el cambio. Una frase que siempre escuchamos en las películas y que, en torno a Cambiemos tenía varias lecturas. Pero no me dejaron terminar. Por eso, por un tiempo sólo se leyó Keep. Cuando me dijeron que tenía que pedir un permiso, decidí parar por un tiempo. El arte callejero no pide permiso. Ocurre en un escenario efímero y se va".

Este taxista conoce el puente como pocos. Por esa razón, sabía cómo pegar las letras para que no las voltearan ni el viento ni la lluvia. Algo que quienes le hacían la guerra de graffittis y mensajes desconocían. Por eso, las leyendas de Oscar eran las que ganaban la batalla del tiempo.

Quizás este sea el fin de una etapa, dice el taxista. Ahora, diversifica sus mensajes en otros puntos de la ciudad. Sus leyendas pueden verse en los alambrados que bordean vías, donde escribe con vasos vacíos de café, esos que toman gratis los taxistas en las estaciones de GNC. Oscar los recupera, los lava y escribe con ellos con una tipografía que parece la de las impresoras de puntos. Hay mensajes suyos en los alambrados de la Facultad de Agronomía, o en la Universidad de San Martín, tales como "Olvidar para recordar", o "Las imágenes no pueden ver".

"Este es el cierre de esta historia. No sé que va a pasar ahora, sin puente. Habrá otro puente, o no habrá nada, pero no seguiremos comunicando", dice Oscar, algo nostálgico.

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