Horacio Molina fundó una manera de decir el tango

Horacio Molina, el cantor y padre de Juan Molina falleció hoy, a los 83 años
11 de septiembre de 2018  • 17:29

La actriz y cantante Juana Molina anunció esta tarde, vía Facebook, la muerte de su padre, Horacio Molina , a los 83 años. Y lo hizo con esta reflexión: "Justo el Día del Maestro".

Horacio Molina fue un cantor que enseñó a entender el tango desde un estilo único e inconfundible. Merece que se lo recuerde como "maestro".

Como suele pasar, el tango sabe esperar; por eso este músico modelo 1935 comenzó con boleros y algunas bossas a principios de la década del 60. De la mano de los hermanos Oscar y Jorge López Ruiz y del compositor Sergio Mihanovich hizo sus primeras grabaciones para el sello RCA-Victor. Y pronto se hizo conocido en el programa Sábados circulares de Pipo Mancera y grabó varios discos. Estuvo ligado a la música del Brasil por músicos como Vinicius de Moraes, en sus años de La Fusa. En 1975 se concentró en el tango, género que interpretó aún en su autoexilio en Europa, durante la última dictadura militar.

Ya con CBS-Columbia, discográfica con la que había comenzado a trabajar hacia finales de la década anterior, publicó Por los amigos, álbum de 1976 que representó su desembarco definitivo en el tango. La sobriedad de su manera de cantar fue puliendo un estilo dentro de un lenguaje que le era muy propio. Tal vez uno de los mejores ejemplos de esto se encuentre en su disco Barrio reo, de 1999, acompañado por el trío que lideraba el guitarrista Juanjo Domínguez.

En la última década tuvo que superar problemas de salud que no le permitían tocar la guitarra. Sin embargo, volvió a los escenarios en 2013. Y si en la década anterior solía hacer espectáculos de "música a la carta" junto al guitarrista Jorge Giuliano, en ese regreso estuvo acompañado por el pianista Javier Lozano. Pero el espíritu fue siempre el mismo. Su arte fue el del café concert, el del espectáculo intimista, sin estridencias. Esa fue su constante durante tantos años de carrera; la que dejó como legado, en los discos que grabó. Hay prejuicios tangueros fundados en estereotipos que seguramente habría dejado a Horacio fuera del género. Pero su talento pudo más. Austeridad de recursos, la sutiliza como herramienta tanto para los tangos románticos como para los más reos y lunfardos.

Horacio Molina, un cantor de grandes sutilezas Crédito: Rodrigo Néspolo

Volver sobre los pasos dados por otra persona es también volver sobre los de uno mismo. Y si esto está permitido, que sirva este párrafo escrito hace quince años, por el que firma estas líneas: "Los prejuicios nunca se llevaron bien con la música; ni con el arte, en cualquiera de sus expresiones. Y Molina, con su decir tanguero y sin transformar esto en una cruzada, atenta contra todos los prejuicios. Está del lado de la música, con la sutileza que requieren los versos, la cercanía a la media voz, los mínimos toques de "decidor" muy bien ensamblados a la enorme capacidad para captar el melodismo de la mayoría de los temas.Con una dicción clara que colorea notas y palabras. Con muchos años de tangos cantados y escuchados que le dan los condimentos necesarios para la interpretación, pero desprovistos de los clisés más recurrentes. Además, su manera de hablar está muy aparentada al modo de cantar, lo que lo convierte en un producto genuino de sí mismo."

También dejó obras compuestas, entre las que se destacan "Lo vivido" (con Eladia Blázquez), "Corazón de pájaro" (con Teresa Parodi) y "Nuestro refugio" (con Carlos Barocela).

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