El Gobierno celebra la "renovación" en la Corte, pero levanta la guardia con los jueces

El ministro de Justicia, Germán Garavano
El ministro de Justicia, Germán Garavano Fuente: LA NACION
Iván Ruiz
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11 de septiembre de 2018  • 17:56

"Imaginate que agarrás la bola blanca y le pagás de lleno al triángulo del pool. Puede pasar cualquier cosa". Así describieron en la Casa Rosada el panorama después de la decisión de Ricardo Lorenzetti de dejar la presidencia de la Corte Suprema. Celebraron "el recambio", pero entraron en fase de "control de daños" ante posibles consecuencias indeseadas.

Aunque Lorenzetti le había adelantado a Mauricio Macri su decisión de dejar la presidencia de la Corte durante el último almuerzo que compartieron, la noticia tomó ayer por sorpresa al mandatario. El ala más republicana de su mesa chica judicial prácticamente tomó la decisión como un triunfo, confiaron fuentes oficiales.

Pero desde el entorno de Macri levantaron la guardia. "Esto altera el equilibrio y corta circuitos dentro de la Justicia", advierten cerca del Presidente ante las posibles consecuencias que la decisión podría ocasionar dentro del fuero federal.

"Estamos en una etapa de control de daños", se sinceraron. En el oficialismo interpretan que la decisión de renovación de autoridades fue autónoma dentro del organismo, pero sostienen que la intención de Lorenzetti era quedarse en la Corte y que ahora será reemplazado en el tribunal por un nuevo ministro impulsado por este gobierno.

Oficialmente, sin embargo, el tono fue más institucional. "Es un acto de democracia que valoramos que la Corte elija a sus autoridades. Destacamos la gestión de Lorenzetti en los últimos años y confiamos en que las nuevas autoridades van a seguir con el trabajo que venían realizando junto al Poder Ejecutivo", aseguró el ministro de Justicia, Germán Garavano .

"Una renovación en la presidencia de la Corte Suprema es saludable. El doctor Carlos Rosenkrantz es una persona de bien que va a hacer una buena gestión", afirmó el diputado oficialista Pablo Tonelli.

Temores

Las voces dentro del oficialismo fueron prácticamente unánimes a la hora de enumerar las ventajas ante el "recambio". Rosenkrantz, que asumirá como nuevo presidente de la Corte, cultiva un perfil bajo, "mucho más técnico" y prácticamente sin ambiciones políticas, sostienen. Un hombre que -remarcaban- hasta suele rehusarse a participar de actos públicos. Imaginan una corte que hable más por sus fallos que por los discursos de su nuevo presidente, como hacía su antecesor.

Rosenkrantz aparece como el ministro más cercano al oficialismo dentro de la Corte. Algunos ejemplos: su estudio fue contratado (antes de ingresar a la Justicia) por Mario Quintana , entonces dueño de Farmacity. Rosenkrantz participó, además, de algún encuentro del macrismo junto a intelectuales cuando el entonces candidato Macri soñaba con la Casa Rosada.

Pero hasta los más optimistas tienen dudas sobre el futuro inmediato de la Corte, un organismo que funciona desde hace una década al ritmo de Lorenzetti. ¿Qué pasará con la oficina de escuchas?, se preguntaban, en referencia a la Dirección de Captación de Comunicaciones que potenció Lorenzetti durante su mandato y le asignó nuevas funciones. ¿Qué pasará con el Centro de Información Judicial?, otra creación del presidente saliente que maneja la vocera María Bourdin.

Desde el oficialismo prometen seguir con sigilo los próximos pasos en la Corte. "No me extrañaría que alguna causa judicial pueda reactivarse ahora", se sinceraron desde la mesa chica judicial del Gobierno. Este nuevo escenario -entienden- puede trastocar el equilibrio que mantenía con los jueces federales.

Por: Iván Ruiz

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