Vidas imaginarias

Fuente: LA NACION
12 de septiembre de 2018  

Leer imágenes suele ser un ejercicio semejante al que realiza el actor: soñamos vidas imaginarias detrás de los rostros que se cruzan a nuestro paso. Esta añosa florista mira con un dejo de melancolía a la muchacha que pasa a su lado. En la mirada levemente triste se insinúa, o eso nos parece, la añoranza de un tiempo ido. La abuela (¿lo será?) se observa en ese espejo del tiempo, y acaso en la fresca belleza que tiene frente a sí ve su pretérita hermosura. Ella es de una hermosura sosegada, la ternura en las rugosidades de la frente y en los pómulos carnosos, el ramo colorido iluminando su rostro. Una camina con vehemencia porque el futuro todavía la aguarda; la otra transcurre sus días en calma, apegada a las pequeñas cosas del invierno de la vida. El tiempo las separa, pero a la vez las une, porque une siempre el curso de las cosas. El tiempo, implacable testigo.

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