Una ley necesaria y urgente

12 de septiembre de 2018  

Un informe de la BBC conocido recientemente intenta explicar por qué hay hambre en la Argentina cuando producimos comida para 440 millones de personas, esto es diez veces nuestra población y, aun así, tres millones de compatriotas sufren hambre, según el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina. En este país que seguimos llamando "granero del mundo" es difícil saber cuántos de los 13 millones de pobres, si tomáramos que son el 30%, sufren hambre. Si bien hay una multiplicidad de razones, el informe destaca el enorme desperdicio del 12% de la producción de alimentos.

Se suma el impacto de la última devaluación que golpea con fuerza al consumo, mucho más en los hogares de aquellos que menos tienen. A la hora de satisfacer las demandas alimentarias de la población, debiéramos extremar los esfuerzos.

Un grupo de ministros de Desarrollo Social de seis provincias elevó un documento por el que se solicita la declaración de la Emergencia Alimentaria Nacional frente a la crítica situación social que castiga a los más vulnerables, al tiempo que demanda políticas sociales más federales. Por su parte, en sendas reuniones con representantes de la Iglesia Católica y con pastores evangélicos, la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, y la gobernadora María Eugenia Vidal, también con la presencia del presidente Macri en este caso, abordaron un plan de asistencia alimentaria para el Gran Buenos Aires. Hubo, además, reuniones con referentes de Cáritas en el conurbano y se aguardan nuevos encuentros a instancias del ministro de Desarrollo Social bonaerense, Santiago López Medrano, con intendentes.

El 4 del corriente mes, en la Comisión de Población y Desarrollo Humano del Senado de la Nación, presidida por la senadora nacional Miriam Boyadjian, se desestimaron los cambios introducidos por Diputados y se consensuó el avance del proyecto original de Senadores de la llamada ley donal o ley del buen samaritano o segunda cosecha, cuya sanción lleva años de inexplicable demora. Se trata de un valioso instrumento para aumentar las donaciones de alimentos y que no le demanda ni un solo peso al Estado. Las redes de Bancos de Alimentos, que tan eficiente y prolijamente trabajan en todo el país, podrán aumentar así el caudal por distribuir en estas graves circunstancias, mientras las demandas en comedores, escuelas y demás instituciones aumentan aceleradamente.

Juan Carr, creador de la Red Solidaria, consultado para el informe de la BBC, intentó explicar el hambre y la pobreza: "Puede ser una razón económica o puede ser una razón técnica, pero desde mi intuición de no especialista, creo que esto pasa, primero, por una cuestión cultural. El hambre no necesariamente habla de la pobreza, sino de la invisibilidad, de la dispersión, de la marginación. Lo que se necesita es levantar la mirada de los millones de argentinos que sí comen para comprender, entender y abrazar a una de esas personas con hambre".

No podemos dejar de reflexionar una vez más sobre nuestra falta de reflejos, sobre todo por parte de nuestra clase política, para apoyar medidas que, sin costo alguno para el Estado, contribuirían enormemente a paliar el hambre de miles de argentinos. Es así que por años hemos venido insistiendo sobre la urgencia de sancionar esta ley. Hemos transitado varias crisis de distinto tenor habiendo perdido reiteradamente la oportunidad de contar con esta valiosa herramienta de utilidad comprobada en otros países. Podrán esgrimirse mil y una razones, ninguna con el peso suficiente para explicar una injustificable demora de consecuencias irreversibles. Levantemos la mirada. Lo perfecto siempre será enemigo de lo posible. No hay tiempo que perder. El hambre de un compatriota no entiende ya de más demoras.

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