Medidas que impulsan el crecimiento

Patricio Carmody
Patricio Carmody PARA LA NACION
Fuente: LA NACION
(0)
12 de septiembre de 2018  

Al reflexionar sobre las políticas de Estado implementadas a nivel de política exterior en el actual tiempo democrático, es probable que estas no sean más que siete y que solamente una de ellas contribuya directamente a nuestro desarrollo económico. En el contexto de una visión que busque "hacer realidad el potencial de la Argentina", es crítico que la política exterior contribuya a nuestro desarrollo incorporando más políticas de Estado en este terreno.

Cuatro de las políticas exteriores de Estado han estado ligadas a la defensa de los intereses territoriales y han sido implementadas con variantes según los diferentes gobiernos. La primera, y probablemente la más trascendente, ha sido la de mantener la paz con Brasil y con Chile. La segunda es el compromiso de recuperar la soberanía sobre las islas Malvinas, pacíficamente. La tercera es la defensa de los intereses territoriales sobre nuestro mar. La cuarta, la defensa de nuestras aspiraciones en el continente antártico.

Otras dos políticas exteriores de Estado han estado relacionadas con reforzar el impacto y prestigio del Estado argentino y de nuestra diplomacia. La primera es la defensa de los valores democráticos, del Estado de Derecho y los derechos humanos. La segunda es la política de desarrollo nuclear, con la aceptación a nivel global de que la Argentina y Brasil, con la participación de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA), puedan supervisarse mutuamente. Si bien la primera de estas políticas tiende a aumentar nuestro prestigio en Occidente, la segunda, un auténtico atributo de poder, aumenta nuestro prestigio a nivel global. Solamente una de estas siete políticas exteriores de Estado está ligada a nuestro desarrollo económico, y es la integración económica regional con Brasil, Uruguay y Paraguay. Esta fue implementada con variaciones importantes, según las visiones de los diferentes gobiernos argentinos y brasileños.

En un contexto en el que se confirma la tendencia argentina a gastar más de lo que se produce y a financiar la resultante diferencia a través de inflación y/o deuda externa, es crítico acordar una política exterior de Estado que traccione el crecimiento de nuestro producto bruto interno (PBI) -lo que producimos-, a través de un drástico crecimiento de nuestras exportaciones. Un primer objetivo debe ser que nuestras exportaciones representen el 25% de nuestro PBI. Un segundo objetivo es que nuestras exportaciones sean balanceadas y que incluyan productos primarios, manufacturas de origen agroganadero y de origen industrial.

Como en toda política de Estado, la Cancillería deberá trabajar con otras áreas -Hacienda, Producción, Agroindustria- y tendrá más control sobre algunos aspectos que sobre otros. Así, aunque la Cancillería no puede dictar la política económica, sí debe defender una serie de principios básicos para que las exportaciones florezcan. Estos han sido señalados por el exministro de Hacienda chileno Hernán Büchi: tener un tipo de cambio real alto sostenible en el tiempo, no exportar impuestos y utilizar la promoción comercial, en adición a promover la productividad y la creatividad. Solamente sobre esta base podrá la Cancillería implementar negociaciones internacionales efectivas y que cuenten con el apoyo de empresarios y de la clase política.

Para un país con valores occidentales pero con intereses globales, estas negociaciones deben abarcar tres aspectos: profundizar la integración regional, promover la integración económica extrarregional con potencias establecidas (Unión Europea, EFTA, Canadá, Australia, Japón y Corea del Sur) y el acercamiento económico extrarregional con potencias y geografías emergentes (China, India, Asia, África y Medio Oriente).

Si consideramos que el poderío militar y el económico son los atributos clásicos de poder en política exterior y que la discusión en torno a nuestra defensa casi no ha comenzado, es crítico implementar una política exterior de Estado que fomente las exportaciones y contribuya en forma activa a nuestro desarrollo. Así, la Cancillería puede dejar atrás la percepción existente en la sociedad y la clase política de cumplir un rol solamente ceremonial y de relaciones públicas internacionales, para jugar un rol crítico en nuestro desarrollo. El no hacerlo sería un error estratégico que llevaría a reducir su importancia y los recursos que se le asignan.

Doctorado en Relaciones Internacionales, miembro consultor del CARI y del Cippec

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.