Urgente: que el problema Messi no se convierta en el problema Dybala

Uno de los interrogantes es el puesto que debería ocupar Dybala en la selección Fuente: AFP
12 de septiembre de 2018  • 07:24

Durante un período prolongado, casi todos los 13 años que el muchacho lleva en la selección argentina, sus entrenadores en el equipo, sus compañeros, el fluctuante colectivo de hinchas -crece en los mundiales, se achica cuando baja la fiebre- y también el periodismo orbitó alrededor de dos preguntas: ¿En qué lugar de la cancha tiene que jugar Messi? y ¿qué hay que hacer para potenciar a Messi? Así pasaron ocho técnicos -nueve si se suma al flamante Scaloni- y cuatro Copas del Mundo, sin que los dilemas hubieran encontrado respuestas que llevaran a acciones positivas. Si sobresalen fácil los momentos cumbre -los tres goles a Ecuador en la crisis pre Rusia marcha a la cabeza- es porque en verdad no solo no hubo una fórmula virtuosa, sino tampoco una cierta cadencia que ayudara a que el genio de siempre en Barcelona lo fuera también con la Argentina, aunque sea en dosis algo menguantes.

Pero ahora que Messi no está, y nadie sabe si volverá alguna noche, empieza a tomar más cuerpo una cuestión que antes se llevaba una porción más pequeña de auxilio; se sabe, la presencia del 10 eclipsaba al resto. Paradojalmente, son las mismas dos preguntas pero con distinto olor: ¿En qué lugar de la cancha tiene que jugar Dybala? y ¿qué hay que hacer para potenciar a Dybala? A juzgar por esta primera horneada de la ¿transitoria? gestión de Scaloni, todavía no hay lógicamente remedios que den con la solución. Claro, dos partidos no se parecen en nada a 13 años, pero la cuestión, como esas viejas enfermedades que atiende un doctor nuevo, es preexistente. No supo curarla Sampaoli, que apenas le dio 22 minutos al cordobés en Rusia, a pesar de que individualmente se trataba del segundo futbolista del plantel en el ranking que incluye a aquellos capaces de resolver un partido por su propia cuenta.

Así llegaba la selección argentina al estadio para enfrentarse a Colombia - Fuente: Twitter

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Dybala debe asumir su parte. A dos meses de cumplir 25 años, con seis en el fútbol italiano y tres específicamente en un gigante de la talla de Juventus, llegó la hora de que él mismo dé un paso al frente. "Tiene que creérsela más", diagnosticó con acierto Edgardo Bauza en su brevísimo mando en la selección, cuando le abrió las puertas de Ezeiza al joven. Esa determinación para jugar y hacerse dueño que muestra en la Vecchia Signora podría inspirarlo cuando se cambia la camiseta. Impulsarlo a espejarse aunque cambie el contexto, los compañeros y los rivales. A su favor, o en su defensa, cuenta lo poco que estuvo realmente sobre el campo: 602 minutos repartidos en 14 juegos, de los que fue titular solo en cinco. Migajas.

A dos meses de cumplir 25 años, con seis en el fútbol italiano y tres específicamente en un gigante de la talla de Juventus, llegó la hora de que Dybala dé un paso al frente.

Hasta ahora, todo lo que le faltó de explosión le sobró de voluntarismo. Vaya una anécdota que refleja su predisposición: en noviembre, durante una gira de la selección por Rusia, Sampaoli dispuso un ejercicio de pelota detenida en el que el equipo suplente ejecutaba una acción de ataque contra los sparrings. Dybala no estaba considerado ni siquiera en esa segunda formación, pero acudió sin problemas para... ponerse en la barrera de los juveniles, mientras los titulares ya habían terminado su parte y estaban en el hotel. Era ya, cabe la redundancia, una estrella mundial.

El esfuerzo de Dybala en el amistoso ante Colombia. ¿Qué hay que hacer para potenciar a Dybala? Fuente: AFP

Este martes, después del partido contra Colombia -en el que ingresó en el segundo tiempo, sin haber disputado el viernes ni un minuto contra Guatemala- se valió de sus formas de alumno siempre correcto y bien peinado para salirse de un problema al que lo había convocado su hermano Gustavo unas horas antes, cuando escribió un tuit en el que levantaba sospechas sobre las supuestas causas por la que Paulo no iba a ser titular en Nueva Jersey. Para disipar el revuelo, a la charla ante las cámaras junto a Scaloni -en pleno campo de juego- le siguieron sus declaraciones en la zona mixta, siempre en el mismo tono conciliador. Solo allí se le escapó una contradicción, en su afán de pasar página: "No tuve necesidad de hablar con el cuerpo técnico", dijo primero, y en su ida y vuelta con los periodistas después reconoció: "Hablé con Lea y el cuerpo técnico y quedó todo bien".

Sea quien fuere que conduzca al equipo a partir de enero, resulta improbable pensar que no vaya a contar con el cordobés como uno de sus activos principales. Independientemente de la cuestión Messi, el aire nuevo que se respira en la selección necesita no contaminarse de viejos rompecabezas. Ya sabe Scaloni, y no tardará en anoticiarse el que lo remplace si es que eso ocurre, que tiene que saber cómo administrar la riqueza. En otras palabras: que el problema Messi no se convierta en el problema Dybala.

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