Proyectar la Argentina del futuro

Rodolfo D´Onofrio
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13 de septiembre de 2018  

Como egresado del Nacional de Buenos Aires y de la UBA, me siento parte de esa maravillosa tradición de la educación de calidad, gratuita y con pretensión de universalidad heredada de la ley 1420. Una tradición en gran medida extraviada a causa de la lamentable realidad: según los últimos datos del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, casi 8 millones de niños -6 de cada 10- viven en situación de pobreza. Es imperativo que todos cuenten con acceso a una educación de calidad, independientemente de su condición socioeconómica. Para ello, debemos apostar a fortalecer la inversión en materia educativa, algo que solo será posible en el marco de la construcción de consensos que permitan poner en marcha una verdadera política de Estado que trascienda los gobiernos de turno.

Una educación de calidad es clave para encarar los desafíos del futuro, que estará signado por la extraordinaria revolución de la tecnología de los últimos 50 años: son tiempos hegemonizados por las tecnologías de la información y la comunicación, que atraviesan nuestras vidas en múltiples aspectos, y que pueden y deben ser aliadas fundamentales en el proceso educativo, inserto además en un contexto de innegable globalización.

Se han dado algunos pasos interesantes en este camino, como el programa nacional Aprender Conectados, que introduce educación digital, robótica y programación en las escuelas e instituciones educativas. Aunque importantes, se trata de esfuerzos aún insuficientes ante la magnitud de los desafíos del futuro y las necesidades imperiosas del presente.

Un reciente informe del Indec arroja que 8 de cada 10 argentinos utilizan un teléfono celular, mientras que apenas 4 de cada 10 utilizan computadora. Sin embargo, sin distinguir dispositivos, el 74,3% de los argentinos utilizan internet. A su vez, el Observatorio de la Deuda Social de la UCA da cuenta de que casi 5 de cada 10 niños y adolescentes en edad escolar no tienen computación dentro de la currícula.

No podemos preocuparnos por achicar la brecha tecnológica sin reducir en paralelo las desigualdades que producen la carencia de los recursos más básicos. Los datos del Observatorio de la UCA son alarmantes: el déficit alimentario ronda el 20% de las infancias y adolescencias del país, y el déficit de atención médica al 22,6%. A ello se agrega que un 22,5% de los niños y adolescentes argentinos viven en una situación de hacinamiento, y un 46,2% carecen de espacios de saneamiento adecuados.

Para afrontar un futuro que se perfila cada vez más exigente, es imprescindible una educación transformadora, pensada en un sentido amplio, no solo en lo referido a lo académico, sino también a la socialización de valores como la honestidad, el respeto, la solidaridad y el trabajo en equipo.

Este nuevo siglo, con los desafíos que plantea la tecnología, pero con una realidad de pobreza que permanece incólume, nos coloca una vez más frente a la necesidad de construir consensos. En este sentido, se torna necesario convocar a todo el arco político, a quienes tenemos responsabilidades dirigenciales en organizaciones de la sociedad civil, a la comunidad educativa y a la sociedad toda, con el objeto de trabajar en conjunto para saldar una de las grandes deudas pendientes: un verdadero proyecto educativo nacional.

Por eso estoy convencido de que reflexionar sobre educación está intrínsecamente ligado a proyectar la Argentina del futuro.

Economista, empresario y presidente de River Plate

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