El día que Macri dijo que quería ahorcar empresarios

Francisco Olivera
Francisco Olivera LA NACION
Fuente: Archivo - Crédito: Presidencia
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13 de septiembre de 2018  

Adrián Werthein, líder de los empresarios anfitriones, uno de los que lo acompañaban desde la entrada, inició el aplauso para que Rogelio Frigerio caminara entre las mesas hasta el escenario. Todo el salón del Hotel Alvear se sumó a la aprobación. Es un gesto heredado del kirchnerismo: los auditorios corporativos estaban entonces tan agradecidos de la visita que celebraban no ya las palabras, sino la simple presencia del funcionario. Un reflejo casi monárquico.

Es cierto que las cosas cambiaron drásticamente. El establishment sufrió también desengaños con esta gestión, pero ha decidido acompañarla ante la sola posibilidad de que un fracaso sea el regreso a tiempos peores. Y eso que muchos de los comensales de ayer no tienen, desde la causa de los cuadernos, asegurada siquiera la libertad física.

Werthein, que preside el Consejo Interamericano de Comercio y Producción, la entidad que invitó al ministro del Interior en lugar de Nicolás Dujovne -excusado a último momento por problemas de salud-, elaboró su bienvenida a partir de esa dialéctica. Sorprendió, por ejemplo, con un aval que no aconsejaría ningún propagandista de Macri : "El Presidente no se va a ir: va a concluir su mandato. Es un momento para apoyar, señores: hay cosas que se hicieron mal y los ministros lo han reconocido, pero no estamos para poner el dedo en la llaga".

Más que alarmarse, Frigerio empleó la misma lógica en derredor de las cualidades del jefe del Estado, a quien definió como "el mejor piloto de tormentas" para lidiar con el contexto global. ¿Una sutil advertencia sobre el futuro? "Al pasado no volvemos más", insistió, y el público volvió a celebrar.

No es un acuerdo deliberado, sino una coincidencia circunstancial: los empresarios han vuelto a ser muy críticos del Gobierno, pero creen todavía importante que se consolide la única alternativa que vislumbran de rumbo económico racional.

La desconfianza hacia la Casa Rosada, que existía, pero afloró con la corrida financiera, es además mutua. Venía de expresarla 24 horas antes el propio Macri en la reunión de gabinete ampliado en el Centro Cultural Kirchner. Ante más de 1000 funcionarios y aliados, el Presidente había empezado contando su diálogo con un ascensorista que al llegar, dijo, lo recibió con un "Presidente, no me va a aflojar".

Macri se refirió a ese encuentro casual en el modo emotivo que ya empleó otras veces en estos días y que da creíble porque, dice su entorno, realmente está golpeado. "Seguramente, con lo que está pasando con la inflación, él no debe estar descansando. Ellos no pueden entender la presentación que acaban de darnos Nico [Dujovne] o Dante [Sica] . Pero la gente siente que estamos haciendo algo distinto. Es una cosa mágica que está lastimada, porque tal vez pensaron que todo iba a ser más lineal, más fácil de lo que pensábamos. Tal vez nosotros también: esto estaba fuera de la ruta. La sociedad es también ambivalente con el cambio", dijo.

Después se adentró en su tema preferido de esta crisis: "Mucho peor es el círculo rojo. Todos nos visitan y nos hablan de los cambios, pero, al llegar, cada uno a su turno, dice 'te pido si lo podés acomodar'. Ustedes se ríen, pero pasa todos los días. Y vos no sabés si estrangularlo, si darles una piña..., se te cruzan muchas cosas por la cabeza. Porque te hablan una hora y, después, es como decirte: 'La mía está, pero vamos a cambiar todo lo demás. Pero la mía está'".

Los militantes lo interrumpieron con una ovación. De fe o de descarga después de días de tensión: tampoco habría que interpretarlo como adhesión incondicional cuando proliferan las internas. Macri se fía ya de muy pocos. Fue una de las conclusiones de la mesa fundadora de Pro durante el tenso fin de semana de cambios frustrados y filtraciones en Olivos. Ayer, por lo pronto, entre las mesas del Alvear tenía un testigo fiel: Nicolás Caputo, invitado infrecuente al foro, podrá seguramente diferenciar elogios de respaldo verdadero. Confundirlos sería llamar, como decía Unamuno, ave al murciélago solo porque vuela. Hay pocos aplausos genuinos en la cima del poder.

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