Ariana Grande y su manual para sobrellevar tormentas

En mayo de 2017, el futuro de la carrera de Ariana Grande era una incógnita. "Tengo el corazón roto. Lo siento. No tengo palabras", tuiteaba la joven artista nacida en Florida a pocas horas del salvaje atentado en Manchester, un ataque con explosivos en el final de uno de los conciertos de la tercera gira de su corta carrera, Dangerous Woman Tour, que provocó 22 muertos y unos 800 heridos. Y ahora vuelve con un nuevo disco: Sweetener.
Alejandro Lingenti
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14 de septiembre de 2018  

Después de transformarse en una de las estrellas favoritas de la audiencia infantil de muchísimos países del planeta con su participación en la exitosa sitcom de Nickelodeon Victorious, Ariana siguió los pasos de otras estrellas revoltosas, como Selena Gómez y Miley Cyrus, apostando a una serie de calculados escándalos de distinto calibre: insultos a los republicanos (ella apoyó explícitamente a Hillary Clinton en su última campaña), incendiarias proclamas feministas y el bizarro episodio de la donut (la cámara de seguridad de un local de California la pescó pasándole la lengua a una de esas populares rosquillas cargadas de azúcar y devolviéndola después a la bandeja; Ariana se negó a pagarla y se retiró gritando: "¡Odio a los Estados Unidos!").

Justo cuando su carrera empezaba a transformarse, a partir de la decisión de prestar un poco más de atención a la producción de sus discos que a las maniobras publicitarias -algo que ya insinuaba en Dangerous Woman, disco editado en 2016, en el que abandonaba definitivamente las argucias del pop adolescente para volcarse a un R&B a tono con el que domina los charts de la época-, llegó el desastre del Manchester Arena.

La puerta de salida fue Sweetener y la abrió Pharrell Williams, al tomar decisiones simples, pero efectivas. Primero, limitar la cantidad de invitados: de los cuatro del disco anterior a solo dos esta vez, pero manteniendo el nivel, con Nicki Minaj como figurita repetida y Missy Elliot para potenciar con su atrapante flow un tema ( borderline) con pasta de hit. Después, trabajar en texturas sonoras suaves y más bien austeras para acompañar una voz más personal que virtuosa. Los temas en los que Pharrell no metió mano son los más débiles del álbum.

El primer single ("No Tears Left to Cry"), en cambio, es una muestra cabal de lo que Pharrell puede conseguir con una canción: el arranque promete una balada sombría y lacrimógena, pero a los pocos segundos una base machacona combinada con un módico arreglo de sintetizadores entrecortados transforma el ambiente hasta volverlo puramente bailable. Y Ariana se luce con un estribillo lleno de épica. La fórmula funcionó muy bien: el tema debutó en el número tres de la lista estadounidense Billboard Hot 100 y consiguió 14 millones de reproducciones en YouTube en apenas 24 horas. La combinación de voluntarismo (para superar golpes como la tragedia de Manchester) y celebración por la idílica -y muy mediática- historia de amor con el humorista Pete Davidson caracteriza un disco en el que un estilo parece haberse afirmado, corriéndose al menos un poquito de intentos previos más convencionales.

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