Renace el Tabarís: el arte de abrir teatros en una avenida que quiere volver a brillar

Como en un acto de resistencia frente a la crisis, Carlos y Tomás Rottemberg inauguran el Multitabarís Comafi, que, en pocos días, volverá a funcionar, pero con tres rutilantes salas
Como en un acto de resistencia frente a la crisis, Carlos y Tomás Rottemberg inauguran el Multitabarís Comafi, que, en pocos días, volverá a funcionar, pero con tres rutilantes salas Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
Pablo Gorlero
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14 de septiembre de 2018  

El arquitecto Ariel Aidelman observa con detenimiento, mide con la vista o con gestos de las manos. Como el pintor que contempla su obra para completar los últimos detalles. A unos metros, dos productores, padre e hijo, verifican dónde colocar las últimas butacas según la isóptica de la sala. Una de las salas, porque el sujeto de esta historia son tres. El viejo Teatro Tabarís -de Corrientes 831-, fundado en 1924, está próximo a renacer como Multitabarís Comafi, gracias a la obstinación de Carlos Rottemberg y su hijo y socio Tomás, en su mágica militancia teatral. Hace diecisiete años, el productor y empresario convirtió en Multiteatro (con cuatro salas) al viejo Teatro Blanca Podestá en el tiempo que tarda un embarazo. Hoy, en ese mismo período, se da el gusto de hacerles burla a la inflación, a la suba del dólar y a la notoria pérdida de espectadores al regalarle a la ciudad dos nuevos teatros. Las tres salas del flamante Multitabarís se inaugurarán el lunes 24 y durante esa semana, alternadamente, se estrenarán La ratonera, de Agatha Christie, dirigida por Jorge Azurmendi; Atracción fatal, con dirección de José María Muscari, y Cuerpos perfectos, de Eve Ensler, dirigida por Manuel González Gil; todas producidas por Javier Faroni.

En forma exclusiva, los Rottemberg invitaron a LA NACION a recorrer las instalaciones, con obras que avanzan rápidamente en sus últimos detalles. Y Carlos quiso especialmente que Tomás participara de esa visita y de su primera entrevista por una razón fundante, por el compromiso de un legado. "Alguna vez tuve que decirles a mis padres que no podía continuar con la empresa familiar de fabricación de ropa de cuero. Mi viejo resolvió, a una edad prudencial, cerrar su empresa, tasarla, venderla a alguien que sirviera a ese propósito empresarial. Y en cuanto al Tabarís... a mis teatros, la llave la tiene Tomás, no yo. Sin él esto no se habría hecho. Tengo 61 años. En una charla que tuvimos, con decisión, él me dijo: 'Hagamos otro Multiteatro, porque yo voy a seguir con esto'", explica Carlos. Su hijo, que también se dedica a la actividad teatral con un perfil bajísimo desde hace una década, ataja el tiro. "El Tabarís necesitaba un cambio para poder abrir más bocas y conseguir un público potencial. Hacía tiempo que pensábamos qué hacer con esta sala. Desde un lado más frío y comercial, los números no daban. Nos costaba programarla y que el público no se acercara. Había que aggiornarse".

Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

El joven productor se crio entre bambalinas (su madre es Linda Peretz, hoy responsable de la Casa del Teatro) y sabe de la responsabilidad que tiene como sucesor de quien ya es uno de los próceres máximos de la actividad teatral porteña. "La vara está alta. Pero lo tomo en forma muy natural porque nací en el teatro y no tengo otra manera de vivir. Somos fuente de trabajo para artistas, acomodadores, boleteros, productores y mucha gente. Asumo la responsabilidad que me corresponde de ese lado también. Siempre lo supe. Y no es un peso, lo vivo con alegría".

Y mientras dice eso su padre lo observa con una leve cortina de orgullosas lágrimas en sus ojos. "Siempre que uno emprende riesgos como levantar edificios teatrales está también el riesgo de que esto termine conmigo. Entonces, para mí como padre, me enorgullece esto. Mi hijo tomó la iniciativa de ir para adelante con esto. Y tuve que decir: 'Te sigo'. Por lo menos hasta que su hermano de dos años crezca y lo siga a él".

Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

La calle que se renueva

Hace unos meses, Carlos Rottemberg señalaba que nadie se anima a crear un teatro encima de otro y uno debajo. La ley 14.800 indica que donde hubo un teatro hay que construir otro. Muchos la siguen con trampas, levantan enormes edificios con algún hueco escondido para que alguien, alguna vez, decida allí armar una sala, por lo general más pequeña que la original (son los casos del actual Astros y de tres espacios en construcción, como el Odeón, el Politeama y el Argentino). En este caso, a dos empresarios se les ocurrió abrir salas sin ninguna obligación, en una avenida Corrientes que renueva su urbanización y lucha por quedar impecable.

El nuevo Multitabarís Comafi tuvo que ser demolido casi completamente para que el estudio de José Saragusti, Adriana Sturm y Ariel Aidelman, con este último como director de obra, pudiera erigirlo nuevamente en forma de tres teatros: uno en la planta baja, otro en el subsuelo y uno nuevo en la parte superior. La fachada art decó continúa intacta, aunque restaurada, y del interior se conservaron las molduras artísticas y las características barandas de metal del sector de palcos en la sala principal. Hubo que excavar ocho metros en un pozo que impresionaba en el comienzo de la obra para poder construir la sala de abajo.

El riesgo de "tocar" un inmueble histórico siempre está. Acá los memoriosos se darán cuenta de que no solo se ha respetado el valor del edificio, sino que quedó visualmente hermoso. Pisos de mármol, tapizados, columnas, escaleras, sectores para personas con capacidades diferentes, un ascensor y camarines triplicados. Incluso, al día de ayer, el Multitabarís Comafi ya contaba con la escenografía de uno de sus flamantes estrenos: La ratonera, en la sala de abajo, impecable, en pendiente y de isóptica perfecta desde cualquier ángulo. La sala de la planta baja vio modificado su sector de palcos y pullman. Anteriormente, su disposición era recta, ya que estaba construido para observar la pista de baile que antiguamente tenía el lugar donde hoy está la platea. Los arquitectos diseñaron esa línea de palcos con una leve diagonal que permite una excelente visión desde el primer palco hasta el último. En el entrepiso habrá un sector vip con sillones para que los espectadores puedan retozar cómodamente antes de cada función.

Para la realización de la sala más alta se requirió extender en forma vertical el edificio. Se eliminó el techo a dos aguas original para poder diseñar otro espacio ascendente con una parrilla lumínica de altura ideal para exquisitos montajes. A su vez, el equipamiento técnico es de primera generación y la acústica es de excelencia en los tres espacios.

Llevó nueve meses esta remodelación total para convertir una sala en tres. En este sentido, cuesta entender cómo el gobierno porteño aún no logró encontrar la forma de remodelar y volver a poner en funcionamiento el golpeadísimo Teatro Presidente Alvear con la misma facilidad.

Cabe resaltar que este proyecto pudo ser posible gracias a la contribución del sponsor que le da su segundo nombre a este complejo teatral y con el que Rottemberg tiene un acuerdo de tres años. "Siempre tuve una cierta aprehensión a los bancos -comenta Carlos-. Pero me topé con gente como nosotros, con una familia. Guillermo Cerviño y su hijo Francisco tienen un banco nacional, de carne y hueso y querían apostar a la cultura". Su hijo Tomás reafirma que esto no podría haberse concretado sin la ayuda financiera del Comafi, al tiempo que revelan que el costo del Multitabarís ronda entre los 35 y los 40 millones de pesos. "En un momento en el que no paran de cerrarse restaurantes, nosotros decidimos ir contra la corriente y abrir teatros", se ufana Carlos Rottemberg, al tiempo que confiesa la preocupación de la Asociación de Empresarios Teatrales por la situación económica del país, "sin bajar la fuerza teatrista". "Somos muchos los que apostamos a esto y en octubre relanzaremos la campaña Vení al Teatro, para promocionar la actividad, con muchísimas oportunidades", agrega Tomás.

Corresponde aclarar que de enero a agosto de 2017 la entrada promedio del circuito teatral porteño costó 535 pesos. Y entre enero y agosto de este año, 538. El valor sigue pareciendo caro, pero solo aumentó tres pesos. "Es una locura, se hace muy difícil. Los costos de producción se fueron a las nubes. Por eso hay un choque de planetas y era una buena alternativa triplicar la sala para prorratear. Ni te cuento hoy lo que significó haber invertido con un dólar a 20 y ahora a 40, todo nos costó el doble", explica Rottemberg padre. "El beneficio comercial podría ser significativo porque triplicamos potencialmente las butacas, con costos fijos que se mantienen de manera proporcional. Es la lógica de reinventarse en tiempos difíciles", agrega su hijo.

El Multitabarís Comafi es el resultado de la resistencia artística, de la obstinación de un grupo de soñadores por conseguir un aire de optimismo en tiempos de desencanto. Dentro de 30, 40 o 50 años, la historia contará cómo una familia salvó dos teatros porteños construyendo cinco.

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