Los fuertes contrastes de las salas ubicadas en la avenida Corrientes

Mientras el Tabarís se recupera, el Alvear está cerrado desde hace más de 4 años
Alejandro Cruz
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14 de septiembre de 2018  

Históricamente, la avenida Corrientes oficia como síntesis del teatro comercial en medio de una avenida que fue angosta, cuyas librerías no cerraban a la noche y que tenía en el sector del Bajo un movimiento nocturno que dialogaba con el público de los cines de Lavalle y el de las peleas en el Luna Park, que tanto alimentaron de espectadores las funciones de trasnoche del Teatro Tabarís.

Las dos salas del Paseo La Plaza, el renovado Metropolitan Sura, la imponencia de tener enfrentados al Gran Rex y al Ópera, los dos Multiteatros, la misma historia del Maipo y El Nacional como las fachadas monumentales del Lola Membrives y el Teatro Premier son mojones de peso en el recorrido de esas 10 cuadras que van desde Callao hasta Florida.

Alguna vez en esa avenida que tuvo su tiempo de esplendor y que ahora está en pleno proceso de reconversión peatonal hubo dos salas de alto valor simbólico y real en la historia del espectáculo local: el Odeón y el Politeama. La especulación inmobiliaria y la falta de un criterio de protección patrimonial hicieron que esos grandes templos escénicos no estén más. Gracias a una ley, la 14.800, de 1959, que indica que cuando se tira abajo un teatro el propietario debe construir uno de similares características, el Astros y el Apolo siguen en actividad, aunque hayan perdido visibilidad, porque forman parte de grandes torres. Algo similar sucederá con los terrenos en donde estaban el Odeón y el Politeama. Allí se construyen grandes torres que incluyen salas de teatro que, por ahora, no tienen fecha de apertura ni quien las equipe, gestione y programe. Rottemberg, sea en Mar del Plata o en Buenos Aires, ha ido en contra de ese criterio. En donde hay un teatro (caso Blanca Podestá, caso el "viejo" Tabarís) sigue habiendo un teatro o más. Nada de torres ni un mínimo quiosco.

Esas cuadras de la avenida Corrientes también están pobladas de una cantidad de salas de pequeños formatos, como si el circuito independiente metiera su cuña en medio de las grandes marquesinas. Es el caso de El Porteño, el Belisario, el Buenos Aires, el Columbia, el Auditorio Losada o El Vitral.

El variado panorama se completa con la oferta del teatro público, cuyo inobjetable mascarón de proa es el Teatro San Martín, las tres salas que dependen del Complejo Teatral de Buenos Aires, que fueron diseñadas por Mario Roberto Álvarez y Macedonio Oscar Ruiz. Desde mayo del año pasado, el San Martín luce renovado y muestra toda su imponencia arquitectónica. Claro que, como en un juego de un violento contrapunto, a una cuadra está el Teatro Presidente Alvear, la segunda sala del Complejo Teatral, cerrada desde hace más de cuatro años y cuya fachada se incendió el 28 de agosto pasado. Durante los dos últimos fines de semana, en la puerta del Alvear un grupo de artistas reunidos en Escena Política debate propuestas para presentar al Ejecutivo para que esa sala recupere su actividad. Hasta el momento, desde el gobierno no hubo anuncio oficial sobre su esperada y tantas veces postergada obra de renovación edilicia. A lo sumo, se supo que luego del incendio hubo una reunión en la sede del gobierno en la cual habría puesto entre sus prioridades la puesta a punto de la sala.

A pocas cuadras, en un brutal contraste, el Multiteatro Tabarís recupera su esplendor.

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