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Una casa en las afueras de Sidney y a orillas del paraíso

Mariana Kratochwil
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14 de septiembre de 2018  

Después de conocer su local de muebles, nos dirigimos a la casa que Mark y Louella Tuckey comparten con sus dos hijas. Y que se parece mucho al sueño de una vida de libertad.

Las únicas barreras para la vista son naturales: los árboles atrás y adelante. Bajos, los cercos tienen más el fin de mantener a las mascotas a raya que de separar.
Las únicas barreras para la vista son naturales: los árboles atrás y adelante. Bajos, los cercos tienen más el fin de mantener a las mascotas a raya que de separar. Crédito: Daniel Karp

Con el picnic a bordo comprado en Avalon (la siguiente cuenta en el rosario de las Northern Beaches), Louella pone rumbo a Clareville para ir a su casa, a cinco minutos. Salimos de la ruta que bordea la playa y nos internamos en un camino vecinal que se oscurece con los árboles, pero nos deja pescar el destello del mar en sus tantas curvas. Seguimos bajando hasta el "garaje" de los Tuckey: un lote de tierra y arena que los fines de semana usarán, al margen de los vecinos, los pocos alertas que conozcan el sendero a esta playa de cuento que bordea una larga hilera de casas discretas, bajas y con tupidos jardines al frente.

Durante los años en que los Tuckey vivieron en Melbourne -donde se conocieron-, no sólo empezaron a transformar la marca de muebles creada por él, sino que también nacieron sus hijas: Chilli e Indigo. Y los chicos, se sabe, cambian desde nuestros horarios hasta nuestro modo de mirar el mundo, y eso vale para todos los pasaportes. Así es como, un día en que vinieron a visitar a la familia de él, se dijeron: ¡Qué hacemos allá! En seis meses levantaron campamento, se mudaron y abrieron su segundo local en Newport.

Al entrar, mesa baja 'Mega drum' con el sello inconfundible de Mark Tuckey.
Al entrar, mesa baja 'Mega drum' con el sello inconfundible de Mark Tuckey. Crédito: Daniel Karp

Negra por fuera, los interiores de la casa, de techos bajos, están pintados íntegramente de blanco (pisos de madera incluidos). Pero vibran con un color dominante en cada rincón.

Empieza la producción y Louella sube a seguir con sus llamados; pero antes, pone buena música y nos sirve té, algo que a su ser inglés le dice que tenemos todo para sentirnos a gusto. Cada tanto aparece -no para espiar sino porque se nota que piensa mejor mientras camina-, pregunta si está todo bien, se presta sin caprichos para la foto y, mientras se sirve otro té, nos muestra a las cacatúas que la visitan cotidianamente en su jardín trasero para que les dé pan en el pico. Y se ríe, encantada de que alguien lo presencie y maravillada de que vuelva a ocurrir todos los días.

Si miramos con atención, nos volvemos a encontrar con los mismos vidrios de colores, los almohadones mullidos y tantos objetos que vimos en su negocio: para ellos no es eslogan que venden sólo lo que tendrían en su casa.
Si miramos con atención, nos volvemos a encontrar con los mismos vidrios de colores, los almohadones mullidos y tantos objetos que vimos en su negocio: para ellos no es eslogan que venden sólo lo que tendrían en su casa. Crédito: Daniel Karp

"El estilo de vida de acá es sencillo, amigable. El aire es puro, la comida es sana y la gente se involucra con el otro. Si me preguntás qué preparamos de comer para la última reunión que hicimos, te tengo que decir que no me acuerdo, pero lo que es seguro es que fue al aire libre e informal", relata Mark Tuckey, y no es difícil imaginarlo frente a su "barbacoa" junto al deck.

"Cuando las chicas crezcan, vamos a hacer una ampliación. La estamos pensando desde ahora: no queremos que la casa pierda esa sensación tan acogedora que tiene".

El hogar está repleto de detalles personales. Y antes que "recuerdos de mis viajes por el mundo", lo que se muestra es una colección de regalos de amigos, que los obsequian con fotos, pequeñas obras y tarjetas con mensajes de puño y letra cargados de poesía, encantadoramente ilustrados.

Amarillo en el escritorio y toques de un naranja casi flúo para iluminar el living de colores neutros.
Amarillo en el escritorio y toques de un naranja casi flúo para iluminar el living de colores neutros. Crédito: Daniel Karp

Si uno no volviera a mirar atrás, si sólo se quedara con el recuerdo, jamás diría que las paredes son blancas y que los muebles, alfombras y almohadones nunca se alejan demasiado de la gama de los marrones y los crudos. Tan efectivo es el impacto de los acentos que aportan los libros, unos pocos textiles, los cuadros, los banderines de madera y la obra de David Bromley sobre una tabla de surf.

Viajo dos veces por mes a nuestro local de Melbourne. Me encanta el avión: ¡ahí es donde se me ocurren las mejores ideas!
Louella Tuckey

En la cocina, detalle del mapa en el que la familia marca los sueños de viajes futuros.
En la cocina, detalle del mapa en el que la familia marca los sueños de viajes futuros. Crédito: Daniel Karp

El comedor comparte el espacio con el living y el escritorio, ambos próximos a la ventana. Más atrás se distingue la sencilla cocina. Junto a ella hay un pequeño espacio con una mesita y un armario que tiene la magia del de las Crónicas de Narnia. Pero ahí nada desaparece, sino todo lo contrario: explota de papeles de colores, lentejuelas, figuritas, lápices y crayones con los que las chicas y su mamá crean "cosas lindas". Una costumbre además de un juego: allí la encontramos a Louella, haciendo unas tarjetas a toda velocidad: Indigo y Chilli, sus hijas, las van a llevar al cumpleaños que tienen después de clase adornando un regalo.

Pequeño, alegre y adorable, el cuarto de una de las chicas tiene toda el aura de cuento y fantasía posible sin jamás apelar al merchandising.
Pequeño, alegre y adorable, el cuarto de una de las chicas tiene toda el aura de cuento y fantasía posible sin jamás apelar al merchandising. Crédito: Daniel Karp

El cuadro de David Bromley contagia al espacio con algo de los cuentos infantiles de la inglesa Beatrix Potter, y seguramente sea inglesa también (como Louella) esa onda antiminimalista que incita a exponer y abigarrar cada lindo recuerdo. Los muebles son del negocio de sus papás.

El dormitorio de los Tuckey es pura sencillez. No hay mucho más para agregarle a una ventana curva con vista al mar.
El dormitorio de los Tuckey es pura sencillez. No hay mucho más para agregarle a una ventana curva con vista al mar. Crédito: Daniel Karp

Los consistentes muebles de madera vuelven a aparecer en el cuarto de la pareja, que ocupa la parte superior del volumen curvo visto al inicio de esta nota. La ropa de lino que viste la cama es la misma que elige para sus locales. Y lo mismo sucede con los cuadros, como el que tiene en la cabecera, de su entrañable amiga, la artista Rachel Castle, que también tuvo su cuota de participación en el concepto actual de la marca.

Los Tuckey viven frente al mar y lo disfrutan al máximo. Del otro lado de la cerca, sus vecinos preparan una "barbacoa".
Los Tuckey viven frente al mar y lo disfrutan al máximo. Del otro lado de la cerca, sus vecinos preparan una "barbacoa". Crédito: Daniel Karp

Este es un lugar genial para que crezcan las chicas. Quise que tuvieran la misma infancia de naturaleza que yo
Mark Tuckey

"En los días lindos, llevo a las chicas al colegio en lancha", dice Mark que, entre los motivos principales para irse de la ciudad, cita su aversión por el tráfico. Al margen de la "lancha escolar", tienen un velero que les permite surcar la bahía e internarse a pescar río arriba. "Por suerte, a mis hijas todavía las entusiasma cualquier programa con su papá", se ríe Tuckey. "Estar cerca de la playa es una fantástica manera de crecer". Y más todavía en una como ésta: idílica pero muy cerca del mundo.

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