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Hábitos

Ser un guía local, el nuevo rebusque de los porteños

Laura Reina
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15 de septiembre de 2018  

Después de 12 años en relación de dependencia, Luana Yamani decidió que era hora de cambiar. Renunció a su trabajo como gerenta de Cacharel en el Alto Palermo y empezó a viajar por el mundo. "Estuve tres años sin trabajar. A la vuelta hice dos cosas que cambiarían mi vida: decidí no volver a la relación de dependencia y me compré una bici, que era como me movía en Europa", cuenta. Instalada otra vez en Buenos Aires, Luana empezó a pedalear. Así conoció lugares a donde jamás había ido. "A las tres de la tarde me iba a tomar mate al Parque de la Memoria con una amiga. Descubrí vistas del río que jamás había conocido. A mis 40, empecé a disfrutar de la vida", asegura.

Mientras decidía qué hacer, alquiló las habitaciones libres de su casa en Palermo por Airbnb para tener ingresos. Hasta que un día invitó a sus habituales paseos en bici a los turistas que estaban quedándose en su casa. "Les gustó tanto que se me ocurrió que podía armar una experiencia de salidas en bicicleta como las que ya había en otras ciudades a través de Airbnb -cuenta-. En septiembre del año pasado, cuando me aprobaron la experiencia, compré cuatro bicis y hace poco sumé otras dos. Desde entonces vivo de esto", define Luana (@bikeandbitesba), que además es counselor en desarrollo personal.

De la mano de la economía colaborativa, cada vez más porteños se ofrecen para ser guías turísticos de la ciudad. Lo hacen a través de las redes sociales y sitios especializados como Airbnb, Couchsurfing y Guruwalk, que conectan a viajeros de todo el mundo.

Solo en Buenos Aires hay más de 160 experiencias activas disponibles en Airbnb. La mayoría tienen un costo promedio de $1000 por persona. Desde salidas en bici hasta la posibilidad de hacer y comer un asado o asistir a una milonga típica, las propuestas se multiplican en la ciudad, que ocupa el tercer lugar en reservas dentro de América Latina, después de Ciudad de México y La Habana. "Las experiencias permiten a los viajeros experimentar un lado distinto y auténtico de cada ciudad a través de los locales. Estas abren el mundo, conectan a las personas y crean poderosas conexiones interculturales, así como nuevas oportunidades económicas, al permitirles a las personas ofrecer sus pasiones, talentos e intereses, y obtener dinero de ello", definen desde la plataforma.

Alojamientos y experiencias

Sin duda, la figura de anfitrión que ya no solo aloja, sino hace de guía local y ofrece la posibilidad de vivir a los viajeros experiencias distintas ha proliferado hasta convertirse en una alternativa que amenaza con poner en riesgo las formas más tradicionales de hacer turismo. ¿Por qué? Según Jorge Gobbi, doctor en Ciencias Sociales, docente de la UBA y bloguero de viajes, "a medida que crecen los consumos de nicho se hace necesaria una mirada menos formalmente turística, no tan de cassette -analiza-. Pueden aportar una mirada más informada sobre tendencias y consumos de la vida cotidiana del lugar que visitan los turistas".

Sin duda, uno de los imaginarios sociales -y tal vez el secreto de su éxito- en torno a este nuevo actor turístico es la autenticidad. "Por auténticos entiendo que quieren decir menos acartonados, más próximos al viajero. Se construyen así en relación con los guías profesionales. Pero no creo que sea una diferenciación muy justa, porque hay muchos guías certificados que hacen un gran trabajo. Es más una diferenciación de marketing que otra cosa", plantea Gobbi, autor de Blog de Viajes. Además, advierte el académico, "si proponen como principal atributo la 'autenticidad' en oposición al 'profesionalismo' a la larga van a estar en problemas. La clave pasa no por oponer profesionalismo a autenticidad. Es crear nuevos nichos de mercado que amplíen las posibilidades laborales".

Con el dólar perforando los $40, no son pocos los que ven la oportunidad de oficiar de guías de turismo algunas horas del día para extranjeros ávidos de nuevas experiencias. Muchos lo hacen como una actividad complementaria a su trabajo principal. Y otros, como Luana, lo convirtieron en su ocupación principal.

"Ahora, el cambio les conviene un montón y seguramente van a venir más turistas -plantea-. Esto era justo lo que quería, mi objetivo era hacer una pequeña inversión, disfrutar de lo que hago y estar al aire libre. Yo pongo mi propia disponibilidad. Si tengo necesidad de bloquear un día porque estoy cansada, lo bloqueo. En ese sentido, me organizo como quiero. Y personalmente me encanta estar en contacto con gente de otros países, intercambiar tips, experiencias. Me gusta la multiculturalidad".

Luana tiene dos recorridos: uno de 22 km por Palermo, Parque de la Memoria y Costanera que sale a la mañana y uno nocturno por Puerto Madero, donde hacen un stop en algún bar para tomar una cerveza y relajar. "Las paradas son la hora de la charla, porque durante el pedaleo no hay mucha oportunidad. En el Parque de la Memoria descansamos, llevo mate y aprovecho para hablarles un poco de la historia reciente. Empiezo con la dictadura militar y sigo con los gobiernos democráticos hasta ahora. Me encanta la política, y ellos se enganchan mucho, preguntan, quieren saber. Se copan un montón con estos temas", cuenta Luana, que sigue su recorrido hacia la Costanera, donde les hace degustar un choripán en los carritos y vuelven por Palermo Chico y Barrio Parque hasta llegar al punto de salida: Palermo Soho.

Porque si hay algo que está claro es que no se trata en absoluto de tours convencionales, sino de vivencias que buscan la inmersión en la cultura local, el acceso a circuitos que serían infranqueables si no fueran acompañados de gente que vive, ama y conoce la ciudad como nadie. Matías Pestana también empezó a trabajar como guía local de turistas que vienen al país. Empezó a ofrecer sus paseos en bicicleta a través de Instagram y pronto empezó a recibir turistas. "Todo esto se me ocurrió estando en Portugal, ahí observé que había muchos que lo hacían -cuenta-. Lo que más me gusta de esto es que hay una intervención real con la ciudad, no es algo pasivo. Es más bien vivencial", plantea el joven músico, de 25 años. Matías arrancó con los paseos en bici el verano pasado. Tiene dos propuestas: salida al Parque de los Niños o a la Reserva Ecológica.

Matías Pestana replicó en Buenos Aires lo que observó viajando por Europa.
Matías Pestana replicó en Buenos Aires lo que observó viajando por Europa. Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

"Con el sistema de bicisendas estos paseos se pueden hacer perfecto y sin riesgo. Muchos de los que vienen, además de conocer la ciudad, están interesados en el ejercicio, en la actividad física. Hace poco tuve una pareja que vino por el Mundial de Tango y quería un circuito para andar bastante. En todos los recorridos busco que haya un contacto directo con el río, que acá está como oculto. Cuando llegamos a la costa y ven lo que es flashean. De hecho, estoy proyectando una salida a Tigre, con tren desde Retiro, paseo en bici y después ida a una isla a almorzar".

Matías, que además es músico, aprovecha su veta artística para hablar de la historia y la cultura argentinas. "Cuando paramos a tomar mate, saco el charango y empiezo a tocar. Aprovecho y lo relaciono con nuestra historia. También hago caminatas por la zona de Plaza Serrano, lo combino con un restaurante, o por Colegiales, donde les muestro los grafitis Lo que le gusta a la gente es que es una forma no tradicional de hacer turismo, no es un paquete cerrado, sino algo bien personalizado".

El tango es otra de las puertas de entrada para los que desean convertirse en un guía local tiempo parcial como en el caso de Arturo Larrabure, que saca a la pista a viajeros de todo el mundo en La Catedral, en Almagro, considerado uno de los templos del tango. "Empezamos hace dos meses. Publicamos la clase en la sección Eventos de la página de Couchsurfing y enseguida hubo interesados", cuenta Arturo, que oficia de profesor junto con dos amigos: Kane Nieves y Valeria Caseldo. "La clase es a la gorra, pero sugerimos $100 por persona. Hay casos extraordinarios, como un japonés que nos puso 600 pesos. Esto es un extra que tengo. Además de dar clases de tango en un centro cultural, soy cocinero".

En otros casos, oficiar de guía local sirve como un remanso de la rutina laboral. Es el caso de Martín Nerguizian Raris, arquitecto y docente, que en diciembre pasado armó la experiencia Dibujando Buenos Aires, una actividad artística que consiste en observar y dibujar lugares y monumentos emblemáticos de Buenos Aires. "Lo hago sobre todo porque si no me pongo estos momentos fijos no dibujo nunca -dice-. Estoy pasado de laburo y necesito un día por semana para hacer esto para mí. Es una excusa para salir, conocer gente, estar al aire libre. Las experiencias son muy gratificantes, pude conocer gente de todos lados. Lo tomo como una pausa necesaria dentro de mi semana".

El arquitecto Martín Nerguizián Raris sale a dibujar con turistas para conocer gente y hacer una pausa en su agitada semana laboral
El arquitecto Martín Nerguizián Raris sale a dibujar con turistas para conocer gente y hacer una pausa en su agitada semana laboral Crédito: Gentileza

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