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La noche en que jugamos al golf... ¡bajo el sol del ártico!

Aficionados al deporte de 18 hoyos viajan por el mundo en busca de nuevas canchas y esta vez llegaron a Noruega
Aficionados al deporte de 18 hoyos viajan por el mundo en busca de nuevas canchas y esta vez llegaron a Noruega Fuente: LA NACION
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16 de septiembre de 2018  

El siguiente relato fue enviado a lanacion.com por Alejandra y Horacio Gennari. Si querés compartir tu propia experiencia de viaje inolvidable, podés mandarnos textos de hasta 3000 caracteres y fotos LNturismo@lanacion.com.ar

Nuestros viajes tienen siempre algo de aventura. Salir de los caminos, buscar las alternativas, las rutas secundarias, meternos en los lugares más recónditos.

Y siempre que viajamos las bolsas de golf vienen con nosotros. Sea donde sea. Hemos jugado en muchas canchas en Escocia, entre ellas la mítica St. Andrews, y también en Estados Unidos, aunque las nuestras en el Llao Llao (Bariloche), Chapelco Golf Club (San Martín de los Andes) y el Hotel La Estancia (Cafayate) no tienen nada que envidiarles.

Pero este viaje fue como un sueño. Porque nuestro objetivo esta vez era llegar al círculo polar ártico, ya que sabíamos que allí estaba una de las canchas más cercanas al Polo Norte, si no es acaso la más próxima: Lofoten Links, en Noruega.

Por los fiordos

Alquilamos un auto en Oslo y, muy intrépidamente, nos fuimos hacia el norte, recorriendo todos los fiordos. Fueron 20 días de auto por caminos de montaña en los que nunca hacíamos trayectos de más de dos a tres horas. Stavagen, Bergen, Trondheim y Mosjoen son algunos de los lugares que más nos gustaron, pero la realidad es que en cualquier pueblo donde pares tendrás siempre un bed & breakfast de primer nivel donde estar.

A pocas millas de la cancha, nos alojamos en unas cabañas de alquiler, propiedad del mismo complejo de golf. Construcción de estilo nórdico, austero, pero con todas las comodidades.

La reserva de la cancha la hicimos con mucha anticipación, ya que van jugadores de todas partes del mundo, sobre todo en la temporada alta, entre mediados de junio y fines de julio.

Si bien el sistema por internet funciona perfectamente, preferimos llamar por teléfono para reservar personalmente. Ya al comunicarnos la sensación era rara: llamar desde Buenos Aires al otro lado del mundo... ¡para jugar al golf!

Nuestro horario de salida, el tee time, sería a las 11... ¡de la noche! Claro que era verano (si bien con cero grado de temperatura), estación en la que el sol nunca se pone en esa parte del mundo. Y allí, en un país de sombras largas, ¡nos dimos el gusto de jugar golf entre las 11 PM y las 3 de la mañana!

Jugando de madrugada
Jugando de madrugada Fuente: LA NACION

Estábamos muy excitados cuando finalmente pisamos la cancha. Nos presentamos a las 9 PM, hora a la que cierran la casilla de salida y el bar. Con ética noruega, nos explicaron: "Allí tienen carro y bolsas de golf, cuando terminen dejen el carro en la calle".

En realidad, la calle a la que se referían era una ruta. Yo les pregunté con asombro si no querían que guardáramos el carro y las bolsas en algún lugar más seguro y me respondieron: "Olvídese, por aquí no pasa nadie y nadie tocará nada".

Si bien hemos conocido muchas canchas de golf del mundo, la sensación de jugar desde la medianoche, con sol en el horizonte, y terminar a la madrugada... con el mismo sol, fue única.

La leve brisa, esas sombras largas, lo imponente del paisaje, con esa mezcla de rocas y hielo, y el silencio hicieron de esa noche algo mágico.

La cancha de golf es fascinante por los paisajes y los colores, pero también porque tiene hoyos muy desafiantes. No es tan larga, tiene algo así como 5800 yardas. Aunque resulta compleja, ya que los fairways son bastante angostos. Pero nada nos importaba. ¡El score no tenía ninguna relevancia!

Sopa de bacalao

Por la mañana, volvimos para asegurarnos de que el carro estaba bien y el staff de Lofoten nos recibió con una sopa de bacalao, ya que, según reconocieron, nunca antes habían tenido argentinos jugando allí.

Selfie al completar el hoyo 18
Selfie al completar el hoyo 18 Fuente: LA NACION

Después de esta experiencia, continuamos viajando hasta Tromso, donde devolvimos el auto y tomamos un avión para regresar a Oslo.

Vale la pena agregar que nadie nos creyó que estuvimos treinta días en Noruega, ya que la mayoría de los viajeros van a Oslo y los fiordos más cercanos y no le destinan más de una semana en total. Pero sepan que Noruega es para dedicarle un mes, sobre todo si se tiene la disponibilidad y se aman los silencios, el orden, el respeto. Además, las carreteras son realmente maravillosas. Nunca olvidaremos esa brisa fresca que venía de Mar del Norte, la extraña luz, el silencio más profundo que puedas imaginar y la sensación que te da saber que estás jugando golf dentro del círculo polar ártico.

Muchos amigos nos preguntaron: "¿Y por qué se anotaron a las 11 de la noche? ¿No había otro horario más temprano?". Nuestra respuesta fue siempre la misma: "Por lo menos una vez en la vida tenés que hacer algo distinto".

Se buscan viajeros con buenas historias. ¿Vacaciones con un giro inesperado? ¿Una aventura que marcó tu vida? ¿Un encuentro con un personaje memorable? En Turismo, queremos conocer esa gran historia que siempre recordás de un viaje. Y compartirla con la comunidad de lectores-viajeros. Envianos tu relato a LNturismo@lanacion.com.ar. Se sugieren una extensión de 5000 caracteres y, en lo posible, fotos de hasta 3 MB.

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