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La Pecera: un retrato audaz sobre la violencia de estos tiempos

Sólidos trabajos de Denise Labbate y Anabella Degásperi
Sólidos trabajos de Denise Labbate y Anabella Degásperi
Mercedes Méndez
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15 de septiembre de 2018  

La Pecera / Dramaturgia: Ignacio Apolo / Dirección: Mauro Oteiza / Intérpretes: Denise Labbate y Anabella Degásperi / Iluminación y escenografía: Nicolás Caminiti / Sala: Teatro Del Borde, Chile 630 / Funciones: domingos, a las 18 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: buena

En pleno estallido de 2001, el autor y director Ignacio Apolo estrenó La pecera, una obra que funciona como un caso de estudio sobre el germen de la violencia. Mientras la crisis económica y social explotaba en todo el país, él presentaba un espectáculo en el que dos chicos adolescentes de un colegio religioso se escondían en un sótano después de violar y golpear a la profesora de Matemática. Un caso particular que contenía múltiples capas de lectura y tenían una relación directa con una realidad que era ineludible.

Este espectáculo vuelve a presentarse 17 años después y una vez más dialoga con el presente, con una original versión del director Mauro Oteiza, quien realiza una gran ruptura a la obra original al poner a dos jóvenes actrices en los personajes de estos varones desesperados y agresivos, atravesados por una sociedad que los ignora. ¿Cómo se reinterpreta la historia cuando son dos mujeres las protagonistas de un hecho de violencia sexual? ¿Qué nuevas lecturas de género aparecen cuando son dos chicas las que encarnan una violencia que es propia de los hombres?

El texto de Apolo, que ganó el Premio Municipal de Dramaturgia, condensa situaciones de violencia con una complejidad que pone en evidencia la condición de víctima de quienes también se convierten en victimarios. En primer lugar, aparece el discurso adolescente de una manera impiadosa: juegos de poder, la imperante necesidad de mostrarse fuertes, de aparentar certezas, de definirse por la descalificación al otro y de expresarse por palabras y conceptos que no son propios.

En La pecera estos juegos de poder se tensan cada vez más hasta que estos dos adolescentes, que nadie registra, se ponen a prueba y atacan sexualmente a la profesora que espían desde el sótano donde pasan el tiempo. A partir de ese momento, comienza el declive de una situación de la cual no hay retorno. La pieza parece demostrarnos que no se vuelve de la violencia más atroz, que no hay forma de taparla y que estos hechos desencadenan más actos salvajes y más desesperación. La escena se desarrolla como una radiografía de dos chicos encerrados en un sótano, que cometen un crimen y sin embargo nadie los busca. Este planteo puede aplicarse a escalas más grandes de indiferencia y odio en la sociedad.

En la puesta, Mauro Oteiza recrea con habilidad el sótano y la presencia del "afuera", que tanto condiciona a estos chicos totalmente determinados por la mirada de los otros con una escalera que los conecta con el mundo exterior. Pero el gran hallazgo de este espectáculo son las actuaciones de Denise Labbate y Anabella Degásperi, que le ponen el cuerpo a la violencia más primaria y al universo de los hombres al mismo tiempo. Es interesante ver cómo puede convivir la inocencia de estos chicos que hasta hace no mucho tiempo eran apenas unos nenes y que, ahora, encarnan las peores versiones del ser humano. Se desesperan por un alfajor, están condicionados por lo que hacen o no sus padres y, al mismo tiempo, ya están hundidos en una violencia y un dolor que es irreversible.

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