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El regreso del "pague ahora y viaje después"

Néstor O. Scibona
Néstor O. Scibona LA NACION
El forzado ajuste de la economía impone costos que tardarán en dar beneficios, hasta tanto el FMI permita estabilizar el frente cambiario
El forzado ajuste de la economía impone costos que tardarán en dar beneficios, hasta tanto el FMI permita estabilizar el frente cambiario
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16 de septiembre de 2018  

El refrán "la necesidad tiene cara de hereje" ha sido el más utilizado por distintos gobiernos para justificar las medidas de emergencia que debieron adoptar frente a las recurrentes crisis macroeconómicas de la Argentina, originadas generalmente por insostenibles desequilibrios en las cuentas fiscales o externas, o ambas a la vez. Así como la prioridad ante un incendio es apagar el fuego y luego ocuparse de los daños y culpas propias, en estos casos se dejan de lado ideologías, promesas electorales, diagnósticos fallidos y/o buenas intenciones.

Aunque no haya recurrido a esa expresión, sino a metáforas climáticas, el gobierno de Mauricio Macri tampoco fue la excepción a la regla. La experiencia argentina indica que los ajustes por las malas, con altos costos económicos, sociales y políticos, siempre fueron producto de no haberlos encarados cuando podían hacerse por las buenas. Otra lección es que los períodos de atraso cambiario generan una artificial sensación de bienestar económico y fomentan una suerte de "viaje ahora y pague después", sobre todo en sectores medios y altos. Hasta que sobreviene una maxidevaluación con su secuela inflacionaria y se invierten los términos, salvo para quienes pudieron atesorar dólares. Para una gran mayoría, en cambio, la propuesta oficial pasa a ser implícitamente "pague ahora y viaje después". Los costos son inmediatos y los beneficios tardarán en hacerse notar.

Macri tampoco declaró formalmente la emergencia económica. Pero la asumió de hecho, por etapas, tras haber recurrido al Fondo Monetario Internacional (FMI) ante el corte del crédito en los mercados externos, que aceleró el inevitable fin del gradualismo fiscal. La crisis cambiaria hizo que en menos de tres meses planteara la renegociación del acuerdo, para que el FMI adelante al año próximo los desembolsos previstos hasta mediados de 2021 (US$29.000 millones), a cambio de bajar a cero el déficit primario (antes de intereses) del Presupuesto 2019 que mañana ingresará al Congreso. Para cubrir con mayores ingresos el ajuste fiscal adicional (equivalente a 1,3% del PBI), dispuso aplicar retenciones fijas a todas las exportaciones. Y posiblemente se suspenda por un año la rebaja gradual de aportes empresarios al sistema previsional. Aquí la necesidad de equilibrar las cuentas tiene cara de hereje: hace recaer el peso sobre el sector privado, a contramano de la reforma tributaria sancionada el año anterior. Y aunque esta carga impositiva se plantea como transitoria -con fecha de vencimiento a fines de 2020-, el "prontuario" argentino hace presumir que en el futuro podría transformarse en permanente, como tantos otros impuestos. A su vez, el recorte del gasto se concentra mayormente en obras públicas y subsidios, que en este caso último se traducirán en mayores tarifas de energía y transporte.

Para recuperar credibilidad, la Casa Rosada cambió el discurso y ahora admite que su objetivo es evitar una crisis de mayores proporciones. Otro tanto ocurre con el Banco Central que, en su último comunicado de política monetaria, reconoce que la inflación de septiembre será mayor que la de agosto (que, con 3,9%, fue la más alta del año) por el impacto de la devaluación del peso. Y que la caída de la actividad económica proyectada para este año deja un arrastre negativo para 2019 que impedirá registrar un repunte significativo.

Más allá de los factores externos que agudizaron este año la vulnerabilidad de la economía argentina, este giro tardío hacia el realismo resulta más sensato que recurrir al voluntarismo para tratar de inspirar confianza en el corto plazo. De hecho, muchas variables son propias de una situación de emergencia.

El terremoto cambiario -con sucesivas réplicas-, ya catapultó al dólar nada menos que 114% en lo que va de año y disparó la inflación minorista a 24,3% en ocho meses. Pese a que la tasa de interés de 60% anual se mantendrá hasta diciembre y agudiza la retracción de la economía, el IPC apunta al 42/45% para 2018 y acentúa el deterioro del salario real y del consumo masivo aun con la previsible revisión de las paritarias, que tendrán un efecto rezagado.

Las estimaciones privadas de inflación para septiembre se ubican más cerca del 6% que del 5%. No solo por los aumentos de combustibles y tarifas, sino por el dispar traslado a precios de la suba del tipo de cambio, que trepó 44% sólo en el último mes y medio (y 6,6% en lo que va de septiembre). En la primera quincena de este mes, el relevamiento de precios que realiza esta columna en la misma sucursal porteña de una cadena de supermercados muestra una suba de 6% en el ticket con respecto a agosto, al pasar de $3290 a $3490 para la canasta fija de 30 productos. Si se compara con diciembre ($2532) el alza acumulada llega a 37,8%. En ocho meses, los mayores aumentos se verifican en supremas de pollo (125%); carne picada especial (100%); gaseosas de primera marca (95,6%); pan francés (95%); jamón cocido (93%); fideos guiseros (82%); café (58%); yerba mate (47,5%); detergente cremoso (61%);suavizante para ropa (55%) y agua mineral (33%). En todos los casos se trata de los precios exhibidos en las góndolas y no incluyen las ofertas ni descuentos por cantidad que proliferan los fines de semana.

Por ahora, todas las fichas están puestas en la renegociación del acuerdo con el FMI para estabilizar el frente cambiario y los precios dolarizados, sin lo cual será más dificultosa la corrección de los desequilibrios macroeconómicos de arrastre, más que nada en el flanco fiscal. En el sector externo están surgiendo datos favorables, como el aumento en julio (6,9%) del ingreso de turistas extranjeros y la reducción de viajeros argentinos al exterior (-4,6%) y de las importaciones. No obstante, se ven contrarrestados por la demanda de divisas para atesoramiento.

Un primer indicio fue aportado el viernes por el BCRA. No sólo retomó las subastas de reservas (US$200 millones de los cuales adjudicó 75 millones a un precio mayorista de $39,84). También anunció que el martes continuará con la cancelación anticipada de Lebac para participantes no bancarios (ofrecerá $150.000 millones frente a vencimientos por $300.000 millones), tras haber acordado con el FMI la disponibilidad de divisas para atender la demanda de quienes se vuelquen a la compra de dólares. Al día siguiente elevará los encajes bancarios en otros 5 puntos porcentuales para absorber liquidez, junto con la colocación de Letes y las subastas de divisas.

La expectativa de que el FMI amplíe el monto del crédito stand by (¿a US$ 65.000 millones hasta 2021?) con el apoyo de los Estados Unidos, se vio reforzada con la "foto" del presidente Macri con los gobernadores peronistas que apoyaron el objetivo de equilibrar el gasto primario y los ingresos del presupuesto 2019. Pero, como se preveía, los gobernadores elevaron el precio del acuerdo para negociar en el Congreso. A priori, el ajuste vendrá por el lado de los ingresos y recaerá sobre el sector privado, con la suspensión de las rebajas del impuesto de Sellos (a cambio de mantener las de Ingresos Brutos) y la suba de la alícuota de Bienes Personales sobre los activos en el exterior declarados en el blanqueo, pese a la garantía legal de estabilidad tributaria. O, sea, viejas recetas para una nueva crisis económica, en la que el "trabajo sucio" recaerá sobre el oficialismo en el año electoral. Para más datos, el mayor peso de la transferencia a las provincias de los subsidios al transporte recaerá sobre Buenos Aires y absorberá buena parte de los aportes extra del Tesoro Nacional acordados en el pacto fiscal para restituir el fondo del conurbano y que este año ya fueron carcomidos por la mayor inflación.

Aun así, que el ajuste tan temido coincida con el año electoral agrega otro factor de incertidumbre política y un desafío para el oficialismo. Más temprano que tarde deberá articular las medidas económicas en un plan explícito con metas creíbles, para enfrentar a los impulsores de alternativas mágicas basadas en el "teorema de Baglini", según el cual las propuestas más inviables surgen cuanto más lejos se está del poder.

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