La Argentina avanza por la cuerda floja

Héctor M. Guyot
Héctor M. Guyot LA NACION
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15 de septiembre de 2018  

El país hace equilibrio sobre una delgada línea que oscila ante el embate de los vientos. Con la vista fija allá adelante, en el punto de llegada, avanzamos por la cuerda floja. Sin embargo, octubre de 2019 aún está lejos y los peligros que acechan en el trayecto pueden ser traicioneros. Nadie quiere perder pie y por eso todos se agarran de todos. Algunos se soltarían de inmediato en caso de que eso provocara solo la caída del otro. Así ha sido antes. Con menos peso sobre la cuerda, es más fácil llegar primero. O simplemente llegar. Por eso ceden al instinto y empujan. Pero por ahora, salvo los que están jugados, todos se necesitan. Su suerte está atada. Y así va el país, atado también a esa suerte.

A alguien, sin embargo, la suerte parece haberle dado la espalda. Su equilibrio es cada vez más precario. Seguir sosteniendo a Cristina Kirchner tiene un costo que pronto podría superar el supuesto beneficio que eso reporta. A la expresidenta le van quedando cada vez menos amigos. Al menos fuera de la cárcel. Y lo cierto es que muchos de los que tiene adentro no han sabido honrar esa vieja amistad que tanto los ha enriquecido en los buenos tiempos. De nada sirven ahora las fortunas acumuladas y allí andan, ingratos, contándolo todo.

Clarens, por ejemplo. ¿Hacía falta que relatara aquella confesión de Báez según la cual "Rico Mc Pato" (él) y "La Araña" (ella) lo maltrataban? ¿Y esa escena en la que el expresidente, molesto por el ruido que el empresario hizo al entrar, le ordenó salir y entrar tres veces más en silencio, para aleccionarlo después con una trompada? Es posible que la expresidenta no alcance a apreciar que en estos detalles se cifra la paranoia que nos gobernó durante el kirchnerismo, un período de alienación colectiva en la que nuestros peores hábitos alcanzaron cotas difíciles de imaginar.

Bonadio está a punto de procesarla no por eso, sino por otras cosas que ha ventilado el financista y por todo lo que han revelado los cuadernos del chofer grafómano, confirmado luego por las declaraciones de exfuncionarios y empresarios. Era ella, tras la muerte de él, la que decidía a qué empresas se les pagaba y a cuáles no. El producto de las coimas viajaba periódicamente en aviones oficiales al sur. El dinero acumulado ha de ser cantidad, pero la estepa sureña es inmensa y por eso esta semana asistimos a una búsqueda surrealista en medio de un caso surrealista, aunque dolorosamente real. Lo inédito es que haya pruebas suficientes de lo inaudito, y esto ha abierto los ojos de gran parte de los argentinos. Esta conciencia le pone límites a la pulsión irracional de muchos políticos: advierten así que esta crisis, por más que de lejos se parezca a otras anteriores, no es la misma.

¿Acaso hubo antes tantos empresarios presos? Al listado de los cuadernos se le sumó el pendrive del "arrepentido" Clarens. Según Diego Cabot, el periodista de este diario que inició la investigación y le dejó el penal servido a la Justicia (que no pateó la pelota afuera), no hay prácticamente ninguna de las grandes constructoras, nacionales o provinciales, que no esté incluida en la lista. La Justicia, que con el relevo de Lorenzetti por Rosenkrantz en la presidencia de la Corte podría iniciar un proceso de depuración, deberá llegar hasta las últimas consecuencias. De cualquier modo, con todo lo que ya se sabe el país debería cambiar no por escarmiento, sino por vergüenza.

Mientras, en la cuerda floja, trenzados, el Gobierno y la oposición peronista se disputan los números del presupuesto y los recortes con la mira puesta adelante, en 2019. El "populismo racional" (Sebreli dixit) no le va a soltar la mano al Gobierno, pero hará lo posible para que pague los costos por los daños que en gran medida su propia gestión produjo. No lo empujará al vacío por simple cálculo electoral: les conviene diferenciarse de los modos más brutales del kirchnerismo para erigirse en opción "racional" cuando llegue la hora de cosechar votos sobre el paisaje deprimido del ajuste. Es la política, al menos como se la entiende aquí. El Gobierno necesita de esa mano para avanzar con cuidado sobre esa cuerda oscilante que los sostiene a ambos y en la que vamos todos, hasta llegar a 2019.

Lo que no se puede hacer sobre la cuerda es caminar hacia atrás. Eso y caer al vacío es lo mismo. La calle se ha vuelto un hervidero donde no solo se expresa el padecimiento de los sectores más postergados, sino también las frustraciones políticas y las pulsiones destructivas de una dirigencia que hace su propio juego. Como muchos intendentes y gobernadores opositores, hay dirigentes sociales que denuncian que el Gobierno no los escucha, cuando en verdad les ha concedido más fondos que la administración anterior. Además, acusan al oficialismo de ser el único responsable de la crisis.

Por supuesto, el Gobierno ha cometido errores. Y los ha pagado caro, dado el estado terminal en que recibió la economía y los embates que han llegado desde un contexto internacional adverso. Ahora debería llevarlos a su mínima expresión. A Macri le hará falta muñeca política para sostener firme la vara que les permite a los equilibristas avanzar paso a paso sobre el abismo hasta pisar, del otro lado, tierra firme.

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