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Vélez-San Martín de Tucumán, Superliga: el Fortín volvió a la victoria con un gol de Robertone

Argentina Superliga
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Vélez Sarsfield

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San Martín de Tucumán

San Martín de Tucumán

Diego Morini
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16 de septiembre de 2018  • 09:40

El apuro, el nervio, la histeria con la que se expresa la fatídica platea Norte de Vélez no se condice con lo que el club busca para conformar su identidad. Curioso el caso en Liniers, porque el perfil de DT que hoy conduce al equipo poco tiene que ver con la urgencia futbolística que entienden los hinchas atraviesa la institución. Sin embargo, por cómo se manifiesta el equipo en el campo, al menos en el choque con San Martín de Tucumán, se advierte que las formas lo acercan a desactivar cualquier riesgo que se pueda suponer si de promedio y descenso se trata. La victoria por 1-0, la segunda que cosecha en la Superliga, le permite reacomodar los humores.

La magnífica acción que terminó en el gol Robertone y que le abrió el camino a Vélez, es una clara muestra de cómo una institución desde hace muchos años busca tener un estilo en particular. No se trata de tener una única fórmula sino de tener una. Y desde cómo seleccionó a sus entrenadores es que se puede leer la búsqueda. Porque la elección de Heinze y sus discusiones semanales con la prensa es, de alguna manera, un mensaje. La imposición de una idea por encima de la locura que impera. Y hace 2 años y 4 días, cuando Vélez estaba al borde del abismo con su promedio del descenso y venció a Central para respirar nuevamente, haber tenido a Bassedas como entrenador y un grupo de chicos para capear la tormenta, también fue un sello distintivo. Estaba por entonces buscando en la agenda el número de Carlos Bianchi para que salga al rescate y pudo resolver sus problemas sin recurrir a San Virrey.

Privilegiar las formas es una declaración de principio de Heinze y ayer su equipo ofreció guiños de ese convencimiento. Porque si bien muchos en los pasillos del estadio aseguran que no es un entrenador para éste momento de Vélez, lo que mostraron los 11 jugadores titulares que dispuso el Gringo para el primer tiempo con San Martín de Tucumán demostraron todo lo contrario a lo que analizan los fanáticos. Es que desde que comenzó el partido supo cómo quería jugar y qué camino tomar para ganar. Y no se trata de valorar quién tenga razón en cómo se debe jugar al fútbol, sino de estar completamente seguro de que la elección del mensaje es la correcta. Y desde ese lugar todo toma un valor diferente.

Y allí está la clave del asunto. Desde hace muchísimo años Vélez busca conductores fuertes. La impronta de Eduardo Luján Manera en el comienzo de la era más gloriosa del club, la contundencia de Carlos Bianchi, la fiereza de Marcelo Bielsa, la identidad de Ricardo Gareca y la tenacidad de Heinze, definen un camino que, incluso, supera los resultados.

Si bien le había costado a Vélez desarrollar su idea en este arranque de la Superliga, lo que ofreció ante San Martín, un equipo lejos de mostrarse sólido defensivamente y con muy poco vuelo ofensivo, resultó una síntesis perfecta de lo que tiene en su libreto Heinze: pelota a ras de piso, sin posiciones definidas en el bloque de ataque y con mucha dinámica para desactivar intensiones del rival. Le faltó, es cierto, algún gol más para comenzar a apagar las dudas y las desconfianzas que sobrevuelan en el Amalfitani.

Cerró el juego Vélez demostrando que la apuesta del DT por Bouzat, Ramis y Vargas para el ataque fue la correcta y también que reconfigurar a Gastón Giménez, un típico enlace, como volante central es un acierto para que el equipo de Liniers gane en presencia y prestancia para crear juego.

En definitiva, más allá de si alguien tiene o no razón acerca de si Heinze es o no el entrenador indicado, Vélez sigue demostrando que le importa las formas, incluso, por encima de las insoportables exigencias de un público local que parece tener la verdad revelada de cómo se debe jugar al fútbol.

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