Robar desde la cuna

Graciela Guadalupe
Graciela Guadalupe LA NACION
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16 de septiembre de 2018  

"Comencé a escribir porque se me acabaron las balas" (De Luis "El Gordo" Valor)

La causa por el cobro de coimas en la obra pública durante los gobiernos kirchneristas está por confirmar la mayor y más curiosa certeza judicial de las últimas décadas: en la vida de cada ladrón, saqueador, cuatrero o cleptómano que se precie de tal hay siempre un cuaderno Gloria.

Otrora tan humildes frente a la prestancia de los Rivadavia, el diseño de los Arte, la gama de colores de los Laprida y la tapa indestructible de los Meridiano, los Gloria son hoy a la corrupción criolla lo que la evasión de impuestos fue a Al Capone. Como se sabe, el escurridizo y sangriento capomafia de la historia de los Estados Unidos no cayó preso por su carrera criminal ni por violar la ley seca contrabandeando whisky, sino por haber dejado asentadas en un libro las descomunales ganancias que, entre todos sus negocios ilícitos, le dejaba el juego clandestino, permitiéndole vivir como un bon vivant con ingresos no declarados.

Un libro. Un cuaderno como el de Centeno. Una Guía Peuser del atraco a mansalva, con decenas de nombres, direcciones, mapas y recorridos. Un despertador con brutas campanillas para sacar de la amnesia hasta al rey de los traumatismos craneales. Tan grande es el terror que inspiran los Gloria de hoy que hay gente más preocupada por el valor judicial de sus fotocopias que por los delitos que en ellas puedan llegar a consignarse.

Pero la gloria de los Gloria no termina en la ruta de las coimas. En una entrevista periodística, el Gordo Valor -famoso ladrón de bancos y camiones blindados, que estuvo 33 años preso, aunque con intermitencias- contó que los originales de su libro autobiográfico Mi vida, fueron las hojas de un cuaderno de esa misma marca escolar. "Comencé a escribir porque se me acabaron las balas", dijo Valor desde su humilde vivienda en Pilar. ¿El producto de los robos? "Se fue en abogados y gastos familiares", contestó. Riesgos del oficio que deberían estar midiendo los del real state patagónico.

Según lleva contabilizados, Valor robó 23 bancos y 18 blindados. Salió en libertad más de una vez, pero rápidamente volvió a robar y lo atraparon. Dice que lo suyo fue "una enfermedad". ¿Le habrá producido éxtasis el contacto con tanto dinero? No se le hizo esa pregunta. Tampoco dijo sentirlo Lopecito, ahora que va recuperando la memoria.

En cambio, a la consulta sobre qué siente cuando se entera de que un político es acusado de robar millones de dólares, Valor respondió: "Al lado de ellos, soy un bebe de pecho". Casi un recién nacido.

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