200 días para el Brexit: un desenlace abierto para el divorcio que tiene en vilo a Europa

Londres y el bloque apuestan a sellar un pacto definitivo, pero la incertidumbre crece y varias alternativas siguen sobre la mesa
Londres y el bloque apuestan a sellar un pacto definitivo, pero la incertidumbre crece y varias alternativas siguen sobre la mesa Fuente: Reuters - Crédito: Henry Nicholls
Luisa Corradini
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16 de septiembre de 2018  

PARÍS.- Cuando faltan casi seis meses para el Día D del Brexit , el gobierno británico y los responsables de la Unión Europea (UE) no pierden la esperanza de llegar a un acuerdo negociado sobre la salida de Gran Bretaña del bloque, prevista para el 29 de marzo próximo.

Después de mostrarse intratable durante más de un año, el negociador europeo para el Brexit, Michel Barnier, ahora estima "realista" concluir un pacto final con Londres en un plazo de seis a ocho semanas.

Por el momento, sin embargo, nada está resuelto. Y las diferencias volvieron a estallar en los últimos días dentro del Partido Conservador británico, sobre todo después de que el excanciller y extravagante Boris Johnson acusó a la primera ministra Theresa May de haber "capitulado" ante los 27 (miembros restantes de la UE).

La tensión entre tories moderados y euroescépticos es tan grande que otro exministro conservador, Steve Baker, advirtió que 80 figuras importantes del partido podrían rebelarse contra el llamado "plan de Chequers", nombre de la residencia de campo del jefe de gobierno británico, donde May y su equipo definieron el 6 de julio los puntos principales de la futura relación que propusieron al bloque europeo.

Ese plan, que la mayoría de los británicos moderados consideran el más completo presentado hasta la fecha, defiende la idea de un Brexit "blando": el abandono de Gran Bretaña del mercado común y la unión aduanera sería contrabalanceado con la creación de una zona de libre comercio, sobre todo para los bienes industriales y los productos agrícolas.

Londres propuso asimismo aplicar en sus fronteras los derechos de aduana y reglas comerciales británicos a los bienes destinados a Gran Bretaña y los derechos aduaneros y reglas comerciales de la UE para aquellos destinados al bloque.

Ese sistema, a su juicio, permitiría evitar controles aduaneros entre Gran Bretaña y la UE, una forma de resolver la espinosa cuestión de un restablecimiento de fronteras físicas entre Irlanda e Irlanda del Norte, punto negro en todo el proceso de negociación.

Pero si bien Barnier se declaró satisfecho con el contenido de Chequers en el terreno de las relaciones exteriores y la seguridad, advirtió que la UE no aceptará muchas de las propuestas mencionadas más arriba, que incumben al aspecto aduanero y comercial.

En todo caso, la actitud negociadora de May ya le costó una crisis gubernamental y la renuncia de dos ministros, entre ellos Boris Johnson. Y muchos en Europa -y en su propio país- se preguntan si la primera ministra británica tendrá la capacidad de llegar al final del proceso o será "abatida" en el camino por sus propios correligionarios. En este momento, la única respuesta es que hasta ahora ha conseguido sobrevivir contra viento y marea.

Otros modelos

En el actual contexto de incertidumbre, los especialistas británicos evalúan otros modelos de salida de la UE y sopesan las posibilidades que tendría cada uno de ser adoptado por el Parlamento.

Una de esas opciones es la llamada "Canadá-plus", en alusión al tratado entre Estados Unidos y Canadá, que establece un clásico acuerdo de libre comercio con algunos agregados.

Si bien sus posibilidades de ser aceptada por los parlamentarios es escasa -anti-Brexit y laboristas, en particular-, los pro-Brexit consideran que sería la única alternativa en caso de una salida sin acuerdo.

Entre los fervientes partidarios del Brexit, hay quienes argumentan que, si no se llega a un acuerdo, nada sería catastrófico. En ese caso, afirman, Gran Bretaña tendría las barreras aduaneras y tarifarias de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Los defensores de un Brexit "hiperblando", por su parte, quisieran que Gran Bretaña deje el bloque, pero siga ligada a muchos de sus mecanismos, convirtiéndose en miembro del Área Económica Europea, como sucede con Suecia. Para algunos, la opción contaría con una mayoría en el Parlamento. El problema es que el Partido Laborista rechaza esa posibilidad, aunque no tiene mayoría en la Cámara de los Comunes.

Por último, queda la posibilidad de un nuevo referéndum, hipótesis defendida por el Partido Liberal y otros muchos remainers (anti-Brexit). Calificado por sus abanderados como un "voto popular" sobre un acuerdo final -en vez de una remake del voto de junio de 2016- la propuesta daría a los votantes la posibilidad de aceptar o rechazar lo acordado, o permanecer en la UE.

Quienes avanzan con la idea, argumentan que todo ha cambiado tanto desde el primer referéndum, que una nueva votación es totalmente lógica.

Sus opositores afirman que es una maniobra desleal de malos perdedores. Pero la idea tiene cada vez más apoyo dentro del Parlamento. Y lo que es aun más interesante: avanza considerablemente en el seno de los sindicatos, núcleo duro del Partido Laborista.

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