Deslumbramientos

Víctor Hugo Ghitta
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17 de septiembre de 2018  

Era pasada la medianoche cuando encendí el televisor. Lo que vi entonces fue el rostro fulgurante de Liv Ullmann en el principio de Persona, el film de Ingmar Bergman de 1966. Es una película extraordinaria, como tantas del director sueco con las que se educaron varias generaciones de espectadores. El triunfo de Bergman es, también, el triunfo de una persistencia: desde 2006, Fernando Martín Peña (primero en compañía de Fabio Manes, ahora junto a Roger Koza) insiste en divulgar el mejor cine posible en la pantalla de la televisión pública. No solo Bergman, claro está: poco después de las doce, cuando empiezan a apagarse las estridencias del día, es posible disfrutar de films de los más grandes realizadores de todos los tiempos, incluidas a menudo unas cuantas rarezas. Cada película es precedida por una presentación amable y rigurosa que tiene, además de una ligerísima y simpática teatralidad, una condición indispensable para un medio público: el sentido pedagógico. El mérito es, además, de las sucesivas autoridades: aunque en un horario cuyos primeros beneficiarios son los insomnes, han apoyado el ciclo aun en medio de los violentos cambios de clima político. Es un milagro, tan deslumbrante como el cine de Bergman.

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