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El Papa expulsa del sacerdocio a un condenado por abusos

Precht había sido investigado por la Justicia chilena por abuso de menores
Precht había sido investigado por la Justicia chilena por abuso de menores Fuente: Archivo - Crédito: EFE
El chileno Cristián Precht fue un ferviente defensor de los derechos humanos durante la dictadura de Augusto Pinochet
Elisabetta Piqué
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17 de septiembre de 2018  

ROMA.- En una nueva medida para profundizar su política de "tolerancia cero", el Papa expulsó del sacerdocio "de forma inapelable" al chileno Cristián Precht -cura de 77 años, conocido durante la dictadura por su defensa de los derechos humanos-, hallado culpable por el Vaticano de abusos sexuales de menores .

Así lo informó el Arzobispado de Santiago, que en un comunicado señaló que el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal jesuita Luis Ladaria, había notificado: "El santo padre Francisco ha decretado, de forma inapelable, la dimisión del estado clerical ex officio et pro bono Ecclesiae y la dispensa de todas las obligaciones unidas a la sagrada ordenación del reverendo Cristián Precht".

Según recordó el diario La Tercera, la situación de Precht ya venía con complicaciones desde 2012. Ese año, el ahora excura había sido sancionado a cinco años de prohibición absoluta de ejercer de manera pública el ministerio sacerdotal luego de verificarse "conductas abusivas con menores y mayores de edad".

Esa sanción culminó en diciembre pasado, y poco después Precht volvió a verse involucrado en denuncias de abusos ocurridos en colegios de la Congregación de Hermanos Maristas. Por eso, el 10 de agosto pasado, y por segunda vez, el Arzobispado de Santiago envió al Vaticano antecedentes relativos a este sacerdote, cuyo nombre fue uno de los más identificados con la defensa de los derechos humanos durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

La expulsión de Precht ocurre en medio de una nueva crisis de la Iglesia Católica por la salida a la luz de informes sobre abusos sexuales cometidos principalmente en el siglo pasado en Estados Unidos, Alemania y Holanda y de sendas investigaciones en Chile luego de una misión especial ordenada por el Papa para escuchar a las víctimas y esclarecer el caso Juan Barros.

Si bien Francisco al principio defendió a este obispo -al que había designado en la Diócesis de Osorno, a pesar de haber sido acusado de encubrir al sacerdote pedófilo Fernando Karadima-, luego de su viaje a Chile, en enero, se dio cuenta del error y envió al arzobispo maltés Charles Scicluna, máximo experto del Vaticano en pedofilia. Su informe llevó al Papa a impulsar a los obispos chilenos a renunciar en bloque -aceptó cinco renuncias, entre ellas, la de Barros- y a invitar al Vaticano a tres víctimas, a las que les pidió perdón.

Consciente de que el flagelo de los abusos está dañando como nunca la credibilidad de la Iglesia y de su pontificado, Francisco decidió convocar a una reunión cumbre sobre la protección de menores a los jefes de los episcopados de todo el mundo, una cita sin precedente, que tendrá lugar en febrero próximo.

En este contexto, durante la tradicional oración del Angelus del mediodía, Francisco sorprendió a los 35.000 fieles presentes en la Plaza San Pedro con un pequeño crucifijo de regalo, que fue repartido por monjas, pobres y refugiados.

Tras sugerir a los presentes colgar el crucifijo "para que se vea", el exarzobispo de Buenos Aires recordó que no se trata de un "objeto de decoración", sino de una "señal religiosa para contemplar y rezar". "En la Cruz de Cristo está todo el amor de Dios, está su inmensa misericordia", explicó.

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