La Justicia y el FMI pueden empezar a cambiar la escena política

Claudio Jacquelin
Claudio Jacquelin LA NACION
(0)
17 de septiembre de 2018  • 17:19

El equilibrio inestable en el que conviven el oficialismo y el kirchnerismo desde hace meses puede empezar a alterarse desde hoy. A pesar de las muchas y malas novedades sucedidas en el campo económico y el judicial que los golpean, uno y otro se mantienen como actores dominantes, casi excluyentes, de la escena pública. Pero esta correlación de fuerzas entre dos polos antagónicos podría alterarse.

El procesamiento y dictado de la prisión preventiva de Cristina Kirchner dispuesto esta tarde por juez Claudio Bonadio, por un lado, y la definición del Fondo Monetario Internacional sobre un nuevo acuerdo y el consecuente adelanto de fondos al país, por el otro, son las noticias esperadas para estos próximos días, que tendrán un fuerte impacto en la opinión pública y en el escenario político. ¿Suficiente para empezar a destrabar ese empate inalterable que mantienen ambas fuerzas desde 2015? Es la gran pregunta que consultores, analistas y dirigentes se hacen en estas horas.

La incógnita se profundizó tras la revelación hecha ayer por Joaquín Morales Solá, en la nación, de la confesión ante la Justicia de José López. Para los que negaban las evidencias de los cuadernos de Centeno con la pregunta "¿Y dónde está la plata", el ex secretario de Obras Públicas de todos los gobiernos kirchneristas, dijo que Cristina era la dueña de los 9 millones de dólares que él "depositó" en la ventanilla del convento de General Rodríguez y fue el primero de los suyos que la señaló como la jefa de una organización para recolectar fondos de manera ilegal. Así la consideró Bonadio en su resolución.

No se trata sólo de cómo procesará la sociedad esa nueva información que pone a la ex presidenta más en el centro que nunca de la trama de corrupción de los últimos 15 años, sino de cuál será la reacción de ella y cómo la bajará a sus seguidores, que siguen siendo muchos. Una Cristina acorralada es un enigma inquietante en medio de una situación económica tan compleja y tan acuciante, sobre todo para los sectores de menores recursos del conurbano, ahí donde el kirchnerismo tiene hasta ahora su núcleo más duro de apoyo.

Antes de que saliera a la luz esta información, la mayoría de los actores argumentaban que no había desbordes porque nadie los quiere. Las condiciones para que no haya conflictos parecen, entonces, más subjetivas que objetivas. "Todos saben que el que enciende la mecha no apaga el incendio. Al que sale a incendiar, la opinión pública lo condena", suele decir María Eugenia Vidal. Aunque la gobernadora agrega una condición objetiva: "La asistencia está y se ha reforzado aún antes de que creciera la demanda". Coinciden con ella casi todos los referentes sociales y políticos del Gran Buenos Aires, donde el paisaje está signado por la fragilidad.

La marginalidad y el narcomenudeo más que la pobreza parece haber estado detrás de algunos episodios aislados de ataques y asaltos a comercios bonaerenses, aunque algunos no descartan que agentes políticos de tercera o cuarta línea pudieran instigar a los marginales. Referentes sociales afines al kirchnerismo acusan, en off y sin pruebas, a sectores del peronismo de que tratarían de salpicar a los seguidores de Cristina. Del otro lado, apuntan a los enfervorizados kirchneristas no peronistas de provocar algunas chispas. El Gobierno activa los matafuegos de la asistencia.

La subjetividad parece jugar un rol central en este contexto para explicar porqué Macri y Cristina siguen siendo los actores políticos centrales pese a los hechos reales y concretos que los golpean. La caída en imagen que vienen sufriendo el Presidente y su gestión desde abril de este año y los muy leves movimientos de la opinión respecto de su predecesora y rival preferida no alcanzaron para alterar su predominio conjunto, ni, sobre todo, para que emerja una tercera opción. Ambos espacios siguen atrayendo a algo más del 60 por ciento del electorado.

"Cada uno de los que siguen y apoyan al macrismo y al kirchnerismo valoran factores diferentes que no se deterioran", explica el consultor Federico Aurelio. "Los casos de corrupción del kirchnerismo sostienen a los macristas y la mala situación económica reafirma la fe de los kirchneristas. Por afuera de ellos, nadie capitaliza", concluye el analista. Todo eso a pesar de que tanto Macri como Cristina suscitan un rechazo que ronda el 60 por ciento, según casi todas las encuestas.

El procesamiento de la ex presidente no fue la única novedad que aportó Bonadio en la causa de los cuadernos. También procesó a una docena de ex funcionarios kirchneristas y representantes del mundo empresario y, sobre todo, hizo que empezaran a tomar estado público muchas otras revelaciones escandalosas que surgen de los testimonios, pruebas y evidencias aportadas por imputados que decidieron acogerse al régimen de los arrepentidos, por testigos memoriosos y por los elementos de reunidos por los investigadores, como cruces de llamadas y documentación secuestrada en los allanamientos.

Al mismo tiempo avanzarán otras causas que sumarán evidencias de la corrupción kirchnerista, que están en manos de los jueces Sebastián Casanello y Daniel Rafecas.

Todos estos procesos auguran un calendario apretado de presentaciones en Comodoro Py, de procesamientos y prisiones preventivas en el cual Cristina tendrá asignadas varias sesiones y muchos minutos y centímetros en los medios de comunicación para los próximos meses de este año y de 2019. Los estrados judiciales pueden tenerla presente con más frecuencia que los actos de campaña.

En este escenario, la decisión del FMI que en el ministerio de Hacienda aguardan con optimismo para los próximos días puede tener un efecto relevante. Para fundamentar esa expectativa, hoy ya hubo un mensaje alentador de los responsables del organismo a cargo del caso argentino. Si el aporte del Fondo hiciera que la situación económica no empeorara y que la volatilidad cambiaria dejara de tener al Gobierno a merced de cualquier brisa, podría despejarse algo el horizonte como para empezar a vislumbrar el paisaje electoral de 2019.

La agenda judicial y el derrotero de la economía son los elementos que ponen en la balanza los especialistas en campañas electorales. Mientras casi toda la clase política suele sostener que Cristina tiene más razones para ser candidata que para renunciar a postularse, precisamente por las crecientes complicaciones penales que enfrenta, ya asoman algunos expertos que consideran más aconsejable que intente instalar un candidato o buscar un acuerdo protector antes que arriesgarse con su candidatura. Entre estos se incluyen algunos consejeros a los que ella ha recurrido en el pasado reciente.

Los pronósticos económicos no son benignos para el oficialismo. La mayoría de los analistas prevé que la recesión se prolongará hasta bien avanzado el 2019 y las consecuencias tendrán un impacto en la sociedad cuya profundidad todavía no se advierte ni se logra dimensionar suficientemente. Sin embargo, si se lograra cierta estabilidad y se avizorara un freno al derrumbe, los consultores de opinión pública consideran que eso puede ser suficiente para que Cambiemos recupere su competitividad, sin entrar a evaluar siquiera las múltiples combinaciones de candidatos oficialistas posibles que circulan en estos días de incertidumbre.

Una vez más las cuestiones subjetivas pueden ser decisivas, como el peso del recuerdo colectivo del colapso de 2001 o la autopercepción de la situación personal. Un relevamiento de Isonomía muestra que mientras la evaluación de la gestión de Macri registra una caída de más de 15 puntos en lo que va del año, la evaluación de la realidad inmediata de los encuestados aparece con escasas variaciones. Aunque, a priori pueda resultar curioso o una manifestación de optimismo militante, en la cúpula del Gobierno, lo consideran un dato alentador.

Juan Germano, unos de los responsables de esa consultora, abona esas ilusiones con el argumento de que, salvo algún desastre, los oficialismos en la Argentina siempre son competitivos, aún en los finales de ciclo.

Por eso, en el peronismo son legión los que quieren empezar a modificar el actual paisaje, aunque por ahora con muy escaso éxito y muy relativas expectativas de lograrlo.

"La peor amenaza para el Gobierno no es la economía sino la unidad del peronismo", argumenta Aurelio. Tanto él como Mariel Fornoni, de Management & Fit, concluyen, sobre la base de sus encuestas, que la oposición sólo puede tener chances ciertas si uno de los dos peronismos (el kirchnerista y el no kirchnerista) logra llevarse una buena porción de electores del otro. No es fácil. Los moderados no encuentran un vector que los unifique ni figuras que despierten atracción. Y Cristina sigue siendo un obstáculo. Hasta ahora.

La Justicia y el FMI pueden empezar alterar la balanza y romper el equilibrio inestable en el que oscila desde hace meses la escena política.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.