La selección argentina se acostumbró a los amistosos chatarra: Irak, el último en sumarse a la lista

El público de Singapur en un amistoso jugado allí, en 2017, con la selección local
El público de Singapur en un amistoso jugado allí, en 2017, con la selección local Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
Cristian Grosso
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17 de septiembre de 2018  • 23:59

A principios de este siglo la AFA comenzó a atender destinos en los que antes no reparaba. Se trataba de abrir las fronteras y capturar nuevos mercados para recaudar. Escuchó ofertas y descubrió un significativo salto de facturación. Aparecieron en el calendario de la selección sitios nada tradicionales y rivales que directamente obligaron a inaugurar el historial porque no había antecedentes. Partidos incómodos e improductivos deportivamente, pero subordinados a un apetito comercial. Si hasta un 29 de diciembre, de 2004, la selección de José Pekerman con los hermanos Milito, Placente, Scaloni , Maxi Rodríguez, Coloccini, Ibagaza y Santiago Solari, entre otros, se enfrentó en el Camp Nou con un combinado de Cataluña... a cambio de 650.000 euros para la AFA.

Saitama, Daca, Calcuta, Hong Kong, Dallas, Melbourne, Casablanca, Abuya, Riad, St. Louis, Trípoli, Shanghai, Lagos, Guatemala y Singapur han sido solo algunas de las ciudades poco convencionales que pisó la selección este siglo. Como en un tour financiero, cada metrópoli representó uno de los tantos imanes económicos que atraparon a la Argentina en los últimos 15 años, aproximadamente. Amistosos motivados exclusivamente por un afán recaudador y sin sustento deportivo. Bajo esas características, desde la selección de Marcelo Bielsa hasta estos días de Lionel Scaloni entrenador, la Argentina disputó 26 amistosos, con un saldo tan abrumador que minimiza las conclusiones futbolísticas: ganó 24, apenas empató dos, convirtió 78 goles y únicamente recibió nueve.

Esa línea se afirmó. Con algunos partidos en el país y, especialmente, muchos distribuidos por distintos puntos cardinales del planeta. Crecieron los kilómetros de la selección por el mundo y la devaluación de los oponentes. Así, pasaron Libia, Qatar, Angola, Canadá, Albania y Trinidad y Tobago, por ejemplo, entre varios. Como también Guatemala, el mes pasado. E Irak, el mes próximo, el 12 de octubre, cuatro días antes del superclásico con Brasil. Irak, un adversario que ocupa el puesto 89° en el ranking FIFA, que apenas participó de un Mundial, México 86. Camino a Rusia 2018, Irak finalizó último en la zona de Japón, Arabia Saudita, Australia y Emiratos Árabes.

¿Dónde se jugará el encuentro? En algún punto de Medio Oriente. Difícil precisarlo aún por cuestiones de geopolítica internacional. La ciudad saudí de Jeddah es una opción, un destino junto al mar Rojo todavía inexplorado por la selección argentina. Una delegación de la AFA viajará en las próximas horas para ajustar detalles de logística en Arabia Saudita.

"Hay lugares a los que la Argentina nunca tuvo la necesidad económica de ir a jugar y ahora irá. Ya lo van a ver...", anticipaba en 2002 a LA NACION una fuente de la AFA. Minsk, Salerno, Doha, Ginebra, Budapest, El Cairo, Shizuoka, Seúl, Osaka, San Pedro Sula, Jerusalén y Washington fueron desde entonces otras excursiones, además de las señaladas un par de párrafos arriba. "Habrá más", advertían entonces. Rivales pequeños en sitios extraños. Y la predicción se cumplió letra por letra. Lo que se volvió habitual, antes era extraordinario: en los '90, por ejemplo, muy espaciados aparecieron rivales como Lituania, Bosnia o Eslovaquia.

De regreso al siglo XXI, ¿cuántos amistosos de auténtico relieve disputó la selección? Pocos, muy pocos en proporción. Varios con Brasil y sus figuras, cinco, pero siguiendo la lógica comercial, vale detenerse en las sedes que tuvieron esos duelos: Londres, Doha, New Jersey, Pekín y Melbourne. También contra Alemania y España se midió cuatro veces la Argentina. Otras tres con Italia; dos ante Francia y Portugal, una con Inglaterra y otra con Holanda.

Con el esloveno Srecko Katanec como entrenador -enfrentó a la Argentina con la vieja Yugoslavia en Italia 90- y el defensor Ali Adnan Kadhim (Atalanta), como principal figura, Irak se encontrará en el camino de la Argentina. Será otro obstáculo intrascendente; sin equivalencias no hay posibilidades de aprendizaje. Y el panorama empeorará porque la reciente creación de la Liga de las Naciones de la UEFA reducirá aún más la posibilidad de enfrentarse ante selecciones de jerarquía. En las 'ventanas FIFA', los países de Europa se cruzan entre sí bajo este nuevo formato, al menos hasta que la competencia avance y vaya eliminando equipos. Por eso el mapa se recortará cada vez más y la bolsa de probables rivales reunirá asiáticos, africanos y centroamericanos. Un nudo que la Argentina ya no podrá desenmarañar.

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