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La política requiere estilo

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18 de septiembre de 2018  

La reciente decisión del presidente Macri de disminuir a la mitad el número de ministerios apuntó a dar una señal de austeridad en el sector público, que deberá ser acompañada por otras medidas más contundentes que reflejen la voluntad del poder político de achicar el gasto público improductivo. Y aun cuando se haya tratado de un avance, la forma en que fue adoptada suscitó dudas sobre la racionalidad del recorte y acerca de si se preservaron con jerarquía de ministerios las áreas de gestión más imprescindibles para el buen funcionamiento de la administración pública o si, simplemente, se privilegió a aquellos ministros con mejor desempeño o mayor empatía con el jefe del Estado.

Hubo otras desprolijidades que no pasaron inadvertidas. Era impensable en la política argentina de otro tiempo que alguien que hubiera rechazado un alto cargo ejecutivo se jactara más tarde de la actitud asumida, en lugar de llamarse a silencio. Más aún si la proposición implicaba el desplazamiento de un funcionario de nivel relevante, que no solo se hallaba ajeno a la oferta realizada, pues había sido formulada a sus espaldas, sino que, por si fuera poco, continuaba a renglón seguido en las mismas funciones.

La integración de un gabinete nunca debería parecerse a una suerte de remate público.

Hay reglas no escritas, pero de profundo contenido estético y moral. La magnanimidad de espíritu manifiesta la grandeza y generosidad con la cual los hombres se desenvuelven en cualquier orden de la vida. Y en situaciones como la descripta la reserva configura una cuestión que hace a la ética y a la caballerosidad.

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