Para Messi no sería un título más ni para usar en canje

Claudio Mauri
Claudio Mauri LA NACION
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17 de septiembre de 2018  • 23:59

Más de una vez, Messi dijo que cambiaría algún trofeo de su vasta colección con Barcelona por la posibilidad de ganar uno con el seleccionado. Seguramente no elegiría la Champions que comienza hoy para hacer el canje. A este título le tiene tantas ganas como a cualquiera de los que se le atragantó con la camiseta argentina. Es entendible. En 2105 quedó a uno de ser el segundo argentino que atesora cinco copas de Europa, como Alfredo Di Stéfano. Daba la sensación de que la espera no se le iba hacer tan larga. Barcelona mantuvo un muy buen plantel al mando de entrenadores calificados como Luis Enrique y Valverde. Lo que al principio era expectativa devino en ansiedad y urgencia.

Tres eliminaciones consecutivas en cuartos de final expusieron las graves desconexiones del equipo en situaciones puntuales: una vez fue la resistencia numantina del Atlético del Cholo Simeone, en otras las insospechadas goleadas sufridas contra Juventus y Roma. Barcelona es demasiado cartesiano en su juego, no está habituado a los milagros o a las epopeyas. La alcanzó una vez contra París Saint Germain, pero no termina de creer en eso como un recurso frecuente.

Hasta la temporada pasada, Guardiola decía que el candidato al título era el equipo que tuviera a Messi. Un razonamiento lógico, pero el fútbol suele tener planes diferentes. O no tanto: porque de la mística copera de Real Madrid y de la voracidad de Cristiano Ronaldo se hizo una historia repetida. Ahora el portugués se divorció del Madrid, después de sumar cuatro coronas para totalizar cinco en su cuenta personal con la que trajo de Manchester United.

Si a Messi se le puso arduo el desafío de la Champions, el que asume Cristiano se insinúa más complejo. Desembarcar en Juventus es hacerlo en el club que más finales de Champions perdió (siete).

Liverpool se convirtió en la temporada pasada en una inspiración para otras fuerzas emergentes. Fue la envidia de Manchester City y PSG, que con mayor presupuesto y aspiraciones se despidieron antes. Al equipo de Pep y al francés se los sigue esperando y habría que tomarlos en serio, porque conservan muy buenos planteles y en los últimos años acumularon experiencias para cubrir la falta de historia en una competencia en la que el linaje y la gloria pretérita pueden tener tanta incidencia como la billetera. Porque la Champions es una adicción a la que siempre se vuelve con más hambre.

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