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La marca de Franco Armani que superó Esteban Andrada y la confianza que le da a Boca

Esteban Andrada y un buen comienzo de campeonato
Esteban Andrada y un buen comienzo de campeonato Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo
Franco Tossi
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18 de septiembre de 2018  • 09:59

Boca vive con la sensación de que Esteban Andrada es el arquero que precisaba. Aunque es prematuro, empieza a sacar como conclusión que el dinero invertido (cerca de 5.000.000 de dólares) y la entrega del pase de Guillermo Sara, que padece el mal momento generalizado de Lanús, conformaron un excelente combo para poder contar con sus servicios.

Al guardavallas titular de Boca parece no importarle cuán grande es la dimensión del arco que hoy defiende, porque se asentó con un puñado de partidos y fue la figura en las dos últimas victorias del equipo. Está en un momento soñado, mostrando todo su esplendor en un momento crucial para el club xeneize: este miércoles será la ida de los cuartos de final de la Copa Libertadores ante Cruzeiro y el domingo, el superclásico con River, por la Superliga .

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Sus primeros pasos son muy auspiciosos, al punto de que ostenta una marca que mejora los extraodinarios números que había establecido Franco Armani cuando arribó a River. En los primeros 8 partidos en Boca, Andrada mantuvo en seis oportunidades su valla invicta (Libertad, Talleres, Huracán, Vélez, San Martín de Tucumán y Argentinos. Sólo lo vulneraron Estudiantes y Libertad, en Paraguay). Esos números son mejores que los de Armani en River, quien en sus primeros ocho encuentros en el club de Núñez sólo terminó con el arco en cero en tres ocasiones (Olimpo, Patronato y Boca) y le convirtieron en los otros cinco (Lanús, Godoy Cruz, Vélez, Flamengo y Chacarita).

Está claro que Guillermo Barros Schelotto no quiere que su arquero sea el mejor jugador de su equipo: si eso ocurre, queda expuesto un mal rendimiento colectivo o una falta de protagonismo absoluto, concepto que el Mellizo resalta como prioritario de sus ideas. No obstante, en poco tiempo, todo Boca se acostumbró a confiar al máximo en sus manos y empezó a convencerse de que está hecho a medida de esta institución.

Es cierto: no fue prioridad en el mercado de pases (se buscaron apellidos con rodaje internacional), pero el técnico no dudó ante la danza de nombres terrenales y pidió por su arribo. "Tengo la ventaja de haberlo dirigido dos años en Lanús y sé muy bien lo que me puede dar. Hoy tenemos dos arqueros de selección", supo elogiar al mendocino.

Sus números parciales son destacados. De ocho partidos oficiales, en seis mantuvo su arco en cero. En algunos, sobre todo los últimos, por mérito propio. En otros, por la pobreza ofensiva de los rivales. Aunque en todas encontró la forma para que su nombre se resalte. Es que en el estreno por el certamen doméstico, la pobre labor de Talleres de Córdoba lo convirtió en un espectador más. Tanto en ese encuentro, como en el que semanas posteriores hubo frente a Huracán y Vélez, el hombre de 27 años dejó en claro una cosa que generó mucha tranquilidad tanto en los hinchas como en el cuerpo técnico: el área completa es suya en todo momento.

Acostumbrados a un Agustín Rossi que sentía más confianza situado bajo los tres palos, de pronto empezaron a ver a un arquero permanentemente activo que guarda bajo llaves cada balón que se introduce en su sector. De hecho, se toma muy en serio el famoso término que encierra su puesto: "el arquero debe salir a matar". La evidencia estuvo en Parque Patricios, cuando solucionó una salida mal calculada con una patada voladora para alejar la pelota lejos del peligro.

Pero su mejor versión apareció en los triunfos ante San Martín de Tucumán, por la Copa Argentina, y Argentinos, el último sábado. En Formosa, los tucumanos agobiaron al xeneize, especialmente en la primera mitad, pero se toparon con sus constantes atajadas. La primera, y la más difícil de aquella tarde según declaró tras el 2-0, fue el mano a mano ante Fabián Espíndola. Además, despejó un tiro libre colocado de Claudio Bieler y un remate movedizo desde afuera del área por parte de Adrián Arregui. Con esas apariciones clave inclinó el rumbo hacia la victoria.

En La Paternal otra vez se dedicó a sacarle peligro a los centros llovidos que caían a su alrededor y, en efecto, no debió actuar mucho, pero volvió a repetir su presencia clave en la agonía del partido. Ya se jugaba el tiempo de descuento cuando con las piernas le ahogó la igualdad a Gastón Verón.

Poco pudo hacer ante Estudiantes (0-2), en una pésima tarde de Boca en el estadio de Quilmes, y en la noche en Asunción ante los paraguayos (4-2), en la que pese a la victoria sus defensores abusaron del desorden, la desprolijidad y la desconcentración.

Los próximos pasos ante Cruzeiro y River marcarán con mayor fuerza el pulso de su personalidad para este tipo de duelos. Aunque no hay que irse muy lejos para anticipar una respuesta. Hace poco más de un mes, Guillermo decidió que hiciera su presentación en el duelo trascendental ante Libertad de Paraguay (2-0), en la ida de los octavos de final de la Copa. Y si bien no tuvo mucha actividad aquella noche, la tapada final fue tan espectacular como fundamental para negar el descuento: Wilson Leiva probó de media distancia y Andrada se lanzó hacia su izquierda para desviar la pelota al travesaño con la punta de los dedos. En conclusión, el peso del encuentro no influyó en sus condiciones.

Incluso, no hay que olvidar que fue parte importante de la sorpresa que dio el Granate en la edición pasada del certamen continental, en la que llegaron hasta la final. Un currículum que ilusiona a más de uno en la Ribera.

Los excelentes desempeños recientes hicieron que varios abrieran esos ojos que estuvieron cerrados cuando era parte de la entidad del Sur: ya hay rumores de que Lionel Scaloni podría citarlo en la próxima gira del seleccionado argentino, en tiempos en los que Franco Armani era el único arquero del fútbol argentino que se llevaba todas las miradas. Por lo pronto, el domingo se verán las caras en la Bombonera. Y luego se verá si es parte del viaje a Arabia Saudita con la delegación albiceleste.

Se vienen dos encuentros fundamentales que alzarán o derrumbarán los ánimos del plantel. Con un rendimiento colectivo que no conforma, son pocos los nombres en los que hay pura confianza. Esteban Andrada, sin dudas, ya se anotó en esa lista.

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