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Cinco relatos imperdibles que se desprenden de la causa de los cuadernos

Oyarbide, Ferreyra, Pescarmona
Oyarbide, Ferreyra, Pescarmona
Diego Cabot
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18 de septiembre de 2018  • 18:33

La causa de los cuadernos de las coimas esconde imperdibles relatos en primera persona de quienes quedaron detrás de los procesamientos. Aquí una selección de ellos:

1. El día que Norberto Oyarbide creyó que moría en un baño de un restaurant a manos de un cuchillero Tramontina.

"Entre algunos detalles, intentaron matarme en el restaurante El Mirasol que está en el Paseo de la Recova. Estaba solo en el toilet, me estaba secando mis manos. Se abre la puerta e ingresa un señor mucho más alto que yo y se instala a mi espalda en una actitud provocativa, chocando su cuerpo con el mío. Extrajo de su bolsillo del saco un cuchillo de los típicos Tramontina y me pinchó la espalda sin lastimarme. Yo no adopté ningún comportamiento, permanecí inmóvil y me limité a oírlo. Dijo: 'Vos mereces morir porque sos un sorete por haber sobreseído a los máximos delincuentes de este país y sabes muy bien de quién te hablo'".

El exjuez relató así el fin de aquella historia: "Yo seguía sin mirarlo más allá que había un espejo delante de mí. Pensé que ese era el minuto exacto de mi muerte".

2. El empresario que le pagó coimas por adelantado a Roberto Baratta y jamás tuvo premio por el regalo.

Durante 2009, Claudio Glazman, un directivo del Grupo Liberman, dijo que por fuera de los intereses del grupo se acercó a Roberto Baratta para pedirle que "arbitrara los medios para que De Vido dispusiera la venta por remate de tres terrenos ferroviarios ubicados la Ciudad". Baratta accedió a considerar el pedido y le reclamó US$ 1.000.000. Glazman empezó a pagar puntualmente a su contacto en el gobierno. En total aportó, según sus dichos, 1,5 millones de pesos entre junio y septiembre de 2009 en las oficinas de Emma de la Barra 353, en Puerto Madero.

Diligente, entregó sus bolsos con dinero en el estacionamiento de su oficina y, alguna vez, en la cochera de Galerías Pacífico. También en Recoleta, San Telmo y el Centro. El tiempo pasó y, mientras pagaba, Baratta dejó de atenderlo. Nunca le cedió terrenos y, claro está, tampoco devolvió el dinero.

3. El lobby de Olazagasti para encontrarle un productor musical a Facundo, el hijo de Julio De Vido.

Cuenta Jorge "El Corcho" Rodríguez en su declaración: "Olazagasti me llama y me pide si podía tomar un café, porque me quería contar un proyecto. Yo lo voy a ver y me cuenta que el hijo de Julio De Vido, Facundo, era músico". El secretario del ministro le dijo que tocaba hacía un par de años y le pidió si lo podían escuchar. Según "El Corcho" la banda era muy buena y entonces grabaron un disco. El problema surgió con el segundo. "En 2011, como Facundo tenía problemas de adicción, ahí aparece como contacto en la relación Nelson Lazarte. Porque Facundo necesitaba contención y de hecho venía con dos acompañantes terapéuticos", finalizó.

4. Pescarmona, un capitán de la industria apurado y vapuleado por un Ministro nervioso.

Cuenta Enrique Pescarmona, uno de los socios de Impsa: "Me llama De Vido diciendo que quería reunirse con nosotros. Vino a comer. Estaba el ingeniero Valenti, mi hijo Lucas y yo. Esto fue a comienzo de 2006. Los primeros 20 minutos todo salió muy bien. En un momento determinado el Ministro dice: 'Vos necesitas un socio'. Le dije que no necesitábamos un socio. Lucas le dice: 'Ministro, disculpe pero creo que no necesitamos un socio, porque vamos a desarrollar esta idea que es nuestra, sabemos cómo hacerlo, para qué queremos otro socio'. Y De Vido le pregunta: '¿En todo caso no tendrían problemas en ser socios del Estado?'".

Entonces, según recuerda Pescarmona, su hijo Lucas le dijo: "Mire Ministro, si nosotros nos asociamos con usted vamos a ir presos". Cuando Lucas le dijo eso, el Ministro le respondió: "Nene, nosotros no nos vamos a ir nunca de acá, vos no entendés nada, nene". De Vido se enojó y se fue a las puteadas. Le dijo a Lucas: "Pendejo de mierda". De Vido tenía, según Pescarmona, un ataque de bronca.

Al mes, aproximadamente, De Vido volvió a pedir una reunión. Esta vez no se quedó a comer. Directamente dijo: "Vengo con un mensaje de la corona, o te asocias o te asocias".

5. Gerardo Ferreyra: el dueño de Electroingeniería y su fuerte rechazo al dólar.

El empresario de la energía dijo que efectivamente entregó dinero al Gobierno para financiar las campañas. Dijo, además, que Néstor Kirchner le pidió que invierta en medios porque estas empresas eran los cuarteles de aquel momento. Pero Ferreyra se encargó de aclarar algo: "En cuanto a mi cultura, respecto de esos aportes dinerarios, los hice en moneda nacional porque no desarrollamos la cultura del dólar. Tengo aversión personal hacia el dólar porque es un instrumento de dominación, de dependencia que exacerba el consumismo y el amor hacia el extranjero".

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