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Boca fue más efectivo que brillante y sacó ventaja ante Cruzeiro en una noche salpicada por el VAR

Copa Libertadores Cuartos de final
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Boca Juniors

Boca Juniors

  • Mauro Zárate /
  • Pablo Pérez
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Cruzeiro

Cruzeiro

Pablo Lisotto
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19 de septiembre de 2018  • 21:45

Tanto se le reclamó a este Boca que recupere su estirpe copera, que invoque a los espíritus de aquel gran equipo que comenzó a moldear Carlos Bianchi hace 20 años hasta monopolizar las primeras Copas Libertadores de este siglo que al final el milagro sucedió. En el momento justo y frente al rival indicado, Pablo Pérez se disfrazó por un instante de Juan Román Riquelme y a los 35 minutos le metió un pase sensacional a Mauro Zárate, que activó el modo Chelo Delgado on y definió con los tres dedos de su pie derecho ante la salida de Fabio para abrir un partido y una serie dificilísima.

El mismo Pérez volvió a inspirarse a 8 minutos del final, y desde la medialuna del área la colocó junto al palo izquierdo, con la categoría que identificaba al ídolo de Don Torcuato, y sentenció el 2 a 0 que le permite a los conducidos por Guillermo Barros Schelotto a viajar con confianza a Belo Horizonte.

Fue apenas un espejismo. Ni Pérez, ni Zárate, ni el equipo tuvieron una buena noche. El capitán xeneize alternó muy buenas con muy malas. Aciertos ofensivos con pases fallidos infrecuentes en él. El exVélez todavía sigue buscando su lugar en el equipo y en el campo de juego, porque se lo ve en todos lados, y al mismo tiempo no pisa fuerte en ninguno. Porque sus cartas más fuertes, el toque rápido, el pique y la descarga, en varias ocasiones las desperdicia por intentar hacer la pausa o hacer la individual cuando la acción exige la descarga.

El antiguo "Chicho Chicho Chicho, huevo, huevo, huevo" mutó en lo que ya es un hit en la Bombonera: "Olé, olé, olé, Negro, Negro". Lo de Barrios no deja de sorprender. El dueño del mediocampo azul y oro también marcó un gol anoche, y no porque haya inflado la red rival sino porque sacó de la línea un toque suave de Robinho ante el achique de Andrada que, de haberse convertido en el transitorio 1 a 1, Cruzeiro se hubiera vuelto a Belo Horizonte con las valijas llenas de confianza para el desquite. Si Boca finalmente accede a las semifinales, un alto porcentaje del pasaje lo pagó Barrios anoche.

Zárate abrió la cuenta

La presencia de Nández y del colombiano en el mediocampo anticipaban un planteo mucho más combativo y áspero, que las noches de Libertadores suelen exigir y que Boca parece haber aprendido a jugar. Algo similar había ocurrido en San Pablo, cuando enfrentó a Palmeiras, y en Barranquilla, cuando tambaleó por la cornisa de la eliminación en fase de grupos frente a Junior. En ambos casos, con un juego más vinculado al roce que al lujo, rescató empates que resultaron fundamentales para seguir en carrera.

Cruzeiro, que salió decidido a faltarle el respeto a Boca y a los 30 segundos ya tenía un córner a favor, fue retrocediendo durante la primera etapa, algo que aprovechó el conjunto que conduce Guillermo Barros Schelotto, que por momentos tenía a sus 10 hombres en el terreno rival.

El golpe que sufrió Andrada

Pavón sigue sin acercarse al hombre fundamental e insustituible que disputó 69 partidos oficiales consecutivos y se ganó un lugar en el Mundial. Desde que volvió de Rusia, el N 7 no es el mismo. Quien más padece la baja de Kichán es su socio, Benedetto, que se mantuvo en su hábitat natural, el área, pero fue generoso para ceder el protagonismo cada vez que la jugada determinaba que lo más beneficioso para el equipo era rebotar la pelota y dejársela servida, y con el arco de frente, a un compañero, en lugar de intentar dar la media vuelta y sacar un remate incómodo.

Y cuando quedaban 15 minutos y su presencia pasaba completamente desapercibida, el VAR entró en acción, y el árbitro Eber Aquino expulsó al zaguero Dedé, el mejor jugador de Cruzeiro, por interpretar que tuvo mala intención en una jugada casual en la que chocó su cabeza con la del arquero de Boca. Inentendible.

Pérez, el 2-0

Se harán largas las próximas dos semanas para Boca. Porque hasta que en el calendario aparezca el viaje a Belo Horizonte, para que el 4 de octubre defina con Cruzeiro a uno de los protagonistas de las semifinales, habrá otros compromisos muy importantes.

Por lo pronto, el fervor que vivió anoche la Bombonera se tomará apenas un breve respiro antes de que las gargantas vuelvan a enrojecerse dentro de tres días, cuando el conjunto de la Ribera reciba a River.

Por eso, con el correr de los minutos y para distraerse de lo que sucedía en el césped, donde Cruzeiro dominaba las acciones y se acercaba cada vez con más peligro a Andrada, los hinchas comenzaron a palpitar el Superclásico. Aunque la cabeza de todo el pueblo xeneize está puesto en esa obsesión llamada Copa Libertadores.

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