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Escuelas distintas, escuelas comunes

Gustavo Iaies
Gustavo Iaies PARA LA NACION
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19 de septiembre de 2018  • 09:52

Cuando era chico, empezar el ciclo lectivo era acompañar a mi mamá mientras forraba los cuadernos de papel azul araña, ponerles la etiqueta con el nombre y el grado. Así, mi valija tenía diferentes cuadernos, todos forrados del mismo modo, el de comunicaciones de rojo, y la mayoría de mis compañeros llevaban mochilas similares.

¿Alguien lo vivía como una limitación, como un riesgo a la creatividad o al incentivo individual? No, simplemente veíamos cómo nuestras madres forraban los cuadernos, los llevábamos orgullosos a la escuela, con la idea de mejorar y tener un cuaderno más prolijo.

En el aula de Pedro cada uno los forra como quiere, en la de Laura es una decisión de cada grado. La escuela de Lola trabaja por proyecto y tienen un cuaderno para cada actividad, en la de Lucía usan carpeta. Miguel perdió su cuaderno y la maestra le dice que debe encontrarlo.

La diversidad de opciones parece haber permitido que la libre elección "estalle", que cada uno se exprese como quiera, use el cuaderno que le gusta. Se producen discusiones entre los chicos y sus padres por los modos de forrar los cuadernos que llevaran a la escuela, el papel del forro ha pasado a ser un tema.

¿Qué ganamos y qué perdimos en el cambio? Sin duda, la pluralidad, la diferencia, la creatividad expresan más claramente a la sociedad que vivimos, nos da mayores grados de libertad, pero por otro lado, las pautas comunes son elementos fundamentales que no debemos perder, que nos dan cohesión, la sensación de que vivimos juntos. Pero entonces. ¿buscamos escuelas comunes o escuelas diferentes, somos lo común o lo diferente?

Somos las dos cosas y así deberían ser nuestras escuelas. Necesitamos que trabajen sobre lo común, lo básico, lo que nos permite vivir juntos, ser parte de una sociedad. Pero por otro lado, la sociedad misma nos anima a ser distintos, diferentes, la creatividad y la innovación nos hacen distintos, creativos, originales.

El desafío es que podamos construir un proyecto propio, original, de cada uno y por otro lado, otro común, dirigido a poder vivir juntos, interactuar con otros, comunicarnos. Nuestras ideas o modos de pensar las cosas en común, construyendo el "todos juntos" y al mismo tiempo, poder tener elementos propios e innovadores.

Necesitamos llevar a los chicos a una sociedad más libre, pero al mismo tiempo, hacerlo dentro de una en la que podamos vivir juntos.

Tener prácticas, ideas, hábitos comunes es un modo de acostumbrarnos a la idea de que somos alumnos en una escuela en la que hay otros como nosotros a nuestro lado. Aprender a vivir con otros, a comprenderlos y a asumir responsabilidades comunes.

La escuela debe tener un tiempo de enseñanza de fundamentos, de lo básico, de aquello que nos permite convivir como sociedad.

Manejados esos básicos, aparecerá una segunda etapa de trabajo que tendrá que ver con cada escuela, cada comunidad, cada grupo. El manejo de esos contenidos comunes, permitirá construir en el marco del proyecto de cada institución y de cada grupo.

Problemas de matemática, ejercicios de lectura o escritura, son bases que permitirán, a futuro, pensar proyectos, problemas, situaciones, más complejos. Pero no debemos intentar volar sin carretear, si tenemos esos fundamentos, podremos entrar al mundo del conocimiento.

No se trata entonces, de escuelas comunes o diversas, se trata de articular ambas cosas en la misma institución, en el mismo proyecto educativo, una escuela que enseñe a vivir con otros, sin dejar de innovar, crear, resolver proyectos que trabajen sobre la realidad.

Necesitamos una educación que nos acerque a la sociedad en que vivimos y que a la vez nos permita ser nosotros mismos.

Gustavo Iaies Coordinador de Educación de Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (Eseade)

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