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En Mar del Plata, los ministros de Comercio del G-20 dieron un paso en la dirección correcta

Félix Peña
Félix Peña PARA LA NACION
La Argentina logró con éxito capitalizar la firma de un consenso sobre una de las cuestiones más relevantes de la agenda internacional: la reforma de la Organización Mundial del Comercio
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20 de septiembre de 2018  

En su reciente reunión de Mar del Plata, los ministros de Comercio del G-20 tuvieron un pronunciamiento claro sobre los desafíos que enfrenta el sistema multilateral del comercio institucionalizado en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Han dado un paso en la buena dirección de la difícil tarea de fabricar consensos entre naciones con intereses diversos y divergentes. Había dudas sobre que, en el caso en que efectivamente se reunieran, pudieran llegar a un consenso sobre una cuestión que ha despertado visiones contrapuestas por parte de protagonistas relevantes de la competencia comercial global.

La declaración final de Mar del Plata en los términos logrados puso de manifiesto que nuestro país tiene la capacidad para desempeñar un papel de puente entre visiones contrapuestas de la realidad del comercio internacional global y de ayudar a construir consensos sobre cuestiones relevantes de la actual agenda internacional.

En el apartado titulado "Diálogo del G-20 sobre los desarrollos actuales del comercio internacional", los ministros recuerdan el papel de este foro para dar impulso político a lo que luego debe negociarse en el ámbito institucional de la propia OMC.

Pusieron énfasis en lo que caracteriza al G-20: ser un ámbito para un diálogo eficaz que permita construir consensos sobre cuestiones relevantes que requieren respuestas globales.

En tal sentido, reconocieron "la necesidad de intensificar el diálogo y las acciones para mitigar los riesgos y aumentar la confianza en el comercio internacional".

La parte más sustantiva de la declaración final es la que señala: "Redoblamos nuestro diálogo sobre los desarrollos actuales del comercio internacional, reconociendo la necesidad urgente de debatir los acontecimientos actuales en el comercio internacional y los modos de adaptar la OMC para enfrentar los desafíos actuales futuros". Dos palabras dan el tono de lo acordado: "urgente" y "adaptar". Es decir que no se puede dilatar el abordaje del tema y que lo que se requiere es una adaptación de reglas y mecanismos de la OMC a nuevas realidades.

Finalmente, los ministros alientan a todos los países miembros "individualmente y con otras partes interesadas" a seguir presentando ideas para que la OMC continúe siendo relevante, y a las organizaciones internacionales que colaboren a fin de poder seguir avanzando en la agenda de comercio e inversiones del G-20.

El consenso expresado por los ministros en la ciudad de Mar del Plata, ha abierto el camino para que la cuestión de la adaptación de la OMC a nuevas realidades pueda también estar presente en la Cumbre del G-20 en Buenos Aires, la primera realizada en Sudamérica. Pero quedó claro que no es ese el foro en el cual cabe negociar las adaptaciones de la OMC que se necesitan. Tal foro tiene que ser el de la propia OMC.

Algunas tareas surgen de lo acordado en Mar del Plata. No involucran sólo a los gobiernos de los países del G-20 ni tampoco a los de los países miembros de la OMC. Involucran a todos los interesados en preservar las condiciones de un orden internacional razonable en un momento en el que se observan notorias tendencias a la fragmentación y, por ende, al desorden internacional.

El mundo empresario y el académico, pero también el de las instituciones sociales tendrán al respecto mucho que decir y eventualmente proponer.

Podemos destacar por lo menos tres tareas prioritarias hacia adelante. La primera es la de contribuir a un buen diagnóstico sobre cuáles son las adaptaciones más urgentes y relevantes que requiere la OMC. La segunda es la de brindar ideas prácticas y fundadas sobre cómo tales adaptaciones pueden darle más eficacia y efectividad al sistema multilateral del comercio orientado por reglas. Y la tercera es sobre cómo insertar tales adaptaciones en lo que tendría que ser un proceso de construcción continua de las reglas de juego del comercio internacional, que reúna al menos dos cualidades que son fundamentales para su sostenibilidad. Ellas son la de la flexibilidad, a fin de contemplar la dinámica que tienen las realidades y, simultáneamente, la de la previsibilidad que es, en especial, lo que permite que quienes adopten decisiones de inversión productiva, lo puedan hacer con cierta seguridad de que la reglas prometidas se cumplan.

Finalmente, lo acordado en la ciudad portuaria acrecienta la necesidad que nuestro propio país y sus socios latinoamericanos estén en condiciones de presentar propuestas concretas sobre cuáles son las principales adaptaciones que visualizan como necesarias para tornar más efectivas y eficaces las reglas de juego y los mecanismos del sistema de comercio internacional institucionalizado en la OMC.

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