Loop: brillante comedia romántica sobre las idas y venidas del amor

Fuente: LA NACION
Leni González
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20 de septiembre de 2018  

Muy buena / Dramaturgia: Flor Yadid / Intérpretes: Marta Mediavilla y Martín Goldber / Bailarines: Lisa Simkin y Pedro Vega / Coreografía: Flor Yadid / Escenografía: Vanessa Giraldo / Luces: Marcelo Caballero / Audiovisuales y asistencia de dirección: Javier Giordano / Producción ejecutiva: Claudia Wolowski / Dirección: Flor Yadid / Sala: NoAvestruz, Humboldt 1857 / Funciones: viernes, a las 20.30 / Duración: 60 minutos.

Si plantar el cepillo de dientes es el acto iniciático de una convivencia, el reparto de los vasos o la decisión de quién se queda con la planta de aloe vera pueden ser su cierre. No hay hijos ni grandes propiedades en disputa, sino apenas algunos objetos y muchas promesas que entran en una mochila hasta la próxima parada, cuando el amor, otra vez, invite a desensillar y de nuevo, se vuelva a empezar y a empezar y a empezar, como un loop interminable que gira hacia ninguna parte.

Buena definición, con humor y un retrogusto de angustia, el del título elegido para esta "aparente" comedia que provoca con la risa una mirada cáustica sobre la pareja y el amor romántico que ya, lejos de ser eterno y sin fin como dice la leyenda, mutó a un sinfín de bloopers. La autora, coreógrafa y directora Flor Yadid ( Historias de Tralalá, Desenchufados) había trabajado con los protagonistas Marta Mediavilla y Martín Goldber en uno de los episodios de Cuatro cuartos, casa en alquiler (2015), una idea de Maximiliano Bartfeld, donde en quince minutos debían contar una historia.

Ese núcleo (sin duda, era el mejor de toda la propuesta) dejó ganas de mucho más y, por suerte, los tres continuaron: a la escena brillante del reparto de vasos y sillas, un juego de danza, destreza física y percusión con objetos, sumaron eslabones temporales de manera desordenada para que cada espectador reconstruya la cadena de causas y efectos. Por supuesto que hasta esta supuesta línea de "causalidad" está distorsionada y no se sostiene por ninguna lógica: cuando Lucía quiera explicarle a Esteban las razones de la ruptura, solo sabremos que se queja, pero sus palabras son ruidos. Después de todo, para qué más, no es información necesaria: en Loop, el conflicto no es un nudo a resolver, sino parte del ciclo de una calesita que inevitablemente pasará por las estaciones del entusiasmo, el desgaste y la ruptura. Por eso, Yadid puso el acento en el recorrido, pero sin un acercamiento emocional a los personajes, sino en la observación con la lente del absurdo.

La escenografía también es muy funcional a las mudanzas rápidas porque unos cuantos cubos sirven para múltiples usos y desplazamientos, de modular a cama, cambios que realizan los actores. La iluminación, el uso de la pantalla para proyecciones y para sombras, los pocos y acertados cambios de vestuario, la musicalización, todos los componentes artísticos están imbricados (y no yuxtapuestos) con la actuación de estos dos intérpretes para tomar nota: Martín Goldber, ganador del Hugo por Lo quiero ya, y Marta Mediavilla, ídem por Cosas de payasas, dos que se entienden en el escenario con un gran despliegue de teatro físico que nunca pierde de vista los hitos infaltables de la comedia romántica -el primer encuentro, los mensajes, la presentación a la suegra, el erotismo perdido-, pero mostrados en su ridícula trascendencia. Si bien hay un anecdotario generacional -la impronta de las redes sociales, las terapias alternativas y el veganismo-, la ironía no tiene franja etaria. Cada cual llenará o vaciará el vaso según prefiera, pero en cualquier caso no se trata de una cuestión de optimismo: en Loop, el amor existe, pero ya no es acto fundante de una vez y para siempre, sino un ritual que nos lleva demasiada energía.

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