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Fotografía

Joel Sartore: el Arca de Noé

Juana Libedinsky
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23 de septiembre de 2018  

Durante 25 años, el fotógrafo retrató a casi ocho mil especies para un proyecto que busca atraer la atención a través de la belleza, y crear conciencia

En la selección que suele mostrar Joel Sartore de algunas de las casi ocho mil especies que fotografió a lo largo de los últimos 25 años para Photo Ark, el gran proyecto de impulso a la conservación de la National Geographic, no hay chimpancés.

Y no es porque no le gusten. "Todo el mundo los quiere -sostiene- y además son ideales para mi trabajo, porque están en serio peligro (al ser fáciles de cazar), con carne muy buscada y porque estamos destruyendo los bosques donde viven. Por eso siempre que puedo darles a los chimpancés algún empujoncito para que sigan en el planeta con nosotros, lo hago". Sin embargo, cuando un zoológico de Kansas puso a su disposición un ejemplar perfecto para ser retratado, la cosa no resultó tan fácil. Para Photo Ark, Sartore realiza retratos de estudio, con fondo blanco o negro y sofisticado equipo de iluminación, de todas las especies al cuidado de humanos que pueden extinguirse. Fotografía a los leones y a los insectos con el mismo fondo y en el mismo tamaño, sin contexto y dándoles igual jerarquía, "porque uno nunca sabe cuál es el animal que va a tocar el corazón de alguna persona que lo vea, y que así la va a impulsar a hacer algo por salvarlo", explica a LA NACION revista.

Crédito: Joel Sartore

Pero después de armar cuidadosamente un estudio fotográfico con fondo de papel blanco para retratar al chimpancé en cuestión, en menos de treinta segundos el mono destruyó el set, arrancó los papeles y huyó con ellos. El animal se dio el lujo, además, de volver luego a la escena para saludar a la cámara con tal cara de satisfacción que, al verlo, fue imposible no estallar de risa. Eso ocurrió días atrás en el auditorio del Southampton Arts Center (el video está en las páginas web de la revista National Geographic Kids).

El quién-es-quién del balneario más emblemático de la Gran Manzana se había reunido para homenajear a Sartore y ver las imágenes sobre su proyecto. Además de la charla profunda esperada, hubo mucho humor. Otro gran éxito fue el tigre que se echó, juguetón, a rodar sobre su espalda en el set y no paró durante dos horas y media en las que Sartore y su equipo se quedaron firmes con la mano sobre el gatillo de la cámara esperando que se incorporase. Y ni que hablar de la serpiente que no paraba de cabecear la lente con la que Sartore le apuntaba. O los roedores que llenaban de materia fecal el set impoluto desde antes de comenzar la sesión, y durante todo momento particularmente inoportuno a lo largo de ella.

Después de la foto tomada en el Columbus Zoo de Ohio, un leopardo longibando escaló hasta la cabeza de Joel Sartore
Después de la foto tomada en el Columbus Zoo de Ohio, un leopardo longibando escaló hasta la cabeza de Joel Sartore Crédito: Grahm S. Jones

"Creo que todos tenemos un instinto básico de ayudar cuando vemos una necesidad", dijo Sartore después de la conferencia, en diálogo con este medio. "Veo mi trabajo como el de educar al público sobre dónde están algunas de estas necesidades, para que cada uno canalice esa inquietud como lo crea más conveniente. Necesitamos a todos involucrados para salvar el planeta. Pero todo comienza con alguien, cualquiera, al que alguna imagen de todos estos animales que pueden desaparecer, le llega y dice: voy a hacer algo".

A Sartore el mensaje le llegó temprano. De chico, lo único que les pedía a sus padres era que lo llevaran al zoológico de su Omaha natal. "Para mí, era mejor que ir a Disney", subraya.

Lo único que quería en la vida era estar rodeado de animales, y ser fotógrafo para National Geographic fue la profesión a la que siempre se sintió destinado. Durante sus primeras décadas en la revista, Sartore pasó la vida felizmente de viaje, siempre tras la próxima gran historia. A pesar de su estatus de celebridad dentro del medio, "somos todos free lance en National Geographic, y solo somos tan buenos como la historia en la que estamos trabajando", explicó.

Crédito: Joel Sartore

Pero cuando su mujer fue diagnosticada de cáncer, Sartore volvió a casa a ocuparse de ella y los chicos. Era la primera vez en su vida que no estaba sacando fotos. "Me vi forzado a enfrentar el tema de que no estamos en este mundo para siempre, y que es necesario hacer un impacto en nuestro paso. Para los animales con los que compartimos el planeta, el tiempo es aún más corto y más crítico".

Con estas ideas en mente y el apoyo de la revista, Sartore comenzó el gran registro fotográfico que es el Photo Ark, al que viene dedicándose desde entonces. "Algunas de las especies que retraté, hoy ya están extintas, a pesar de los esfuerzos extraordinarios de quienes estaban cuidando de ellas. No logramos salvarlas, pero al menos queda el testimonio fotográfico de cómo eran. Más allá de la importancia de esto para los estudiosos y temas de archivo, ojalá sus imágenes sirvan para evitar que les ocurra a otras".

Sartore toma las fotos en zoológicos, reservas naturales, parques nacionales, santuarios, acuarios. Si son animales pequeños, es relativamente fácil. Sartore trabaja con el equipo de la institución local para que coloquen los animales en cajas de luz especialmente diseñadas, y es todo cuestión de minutos. Si son más grandes, las instituciones preparan un estudio fotográfico con días de anticipación y van llevando a los animales a jugar y a alimentarse allí. Para el momento de las tomas, ellos sólo piensan que es la hora del almuerzo (salvo los chimpancés, claro, que se dan cuenta de todo).

Crédito: Joel Sartore

A las emocionantes imágenes resultantes, Sartore las muestra en charlas en escuelas y organizaciones internacionales dedicadas a la preservación; también, a políticos, banqueros y líderes espirituales. Sus fotos de animales en peligro están en libros y en internet, y fueron proyectadas sobre el Empire State en Nueva York y en la basílica de San Pedro, en Roma, como regalo al Papa Francisco.

Contacto con la naturaleza

Sartore, que a sus múltiples premios añadió este año el de National Geographic Explorer of the Year, siempre luce jeans gastados y camisa de algodón gruesa, y tiene la actitud de un vecino afable que no se deja impresionar con nadie ni con nada. "Es la ética del trabajo y el sentido del humor del Midwest estadounidense", se encoge de hombros. En la charla en Southampton esto quedó en evidencia cuando, en varios momentos, a los poderosos veraneantes de Manhattan les tomaba, gentilmente, el pelo. "Sus hijos no necesitan un yate aún más grande... ¿No hay, en su lugar, algún reptil un poquito repugnante que quieran evitar que desaparezca para siempre?", les decía, por ejemplo.

Lo que se generó fue uno de esos momentos only in the Hamptons. Pero, en distintas escalas, Sartore asegura que la esencia de la discusión global versus la local que se desató es un dilema frecuente para quienes quieren salvar a las especies.

Los golden monkeys, o langures chatos dorados? (Rhinopithecus roxellana), fueron retratados en el Ocean Park de Hong Kong
Los golden monkeys, o langures chatos dorados? (Rhinopithecus roxellana), fueron retratados en el Ocean Park de Hong Kong Crédito: Joel Sartore

Lo que en esta ocasión ocurrió fue que, tras la conferencia de Sartore una señora rubia mayor, vestida con tonos pastel y suetercito de cashmere liviano, enseguida levantó la mano. "Si todos los que estamos aquí hacemos una pequeña donación, solucionamos el tema de la deforestación de Haití. Hay allí ecosistemas salvajes de los que depende no sólo evitar la hambruna de la gente, sino también la biodiversidad del planeta", se emocionó. Otra señora, de tono de pelo y look prácticamente idénticos, se ofuscó: "¿Por qué siempre tenemos que estar mirando lejos? -dijo-. La misma gente que va a donar para el ecosistema de Haití es la que aquí destruye la flora de la que subsisten los animales locales, con los pesticidas y químicos varios en la competencia para ver quién tiene más pasto perfecto y flores exóticas en su jardín".

Hubo murmullos a favor y en contra de cada posición, y el ambiente quedó energizado. "Yo no tengo la respuesta a todo -reconoció Sartore-. Posiblemente todos tengan razón, o parte de razón. Lo que busco es construir conciencia de que hay un problema y que estamos a tiempo de actuar, para que luego cada uno encuentre la forma de contribuir. Lo veo con mis fotos. A algunos les llegan los leones majestuosos, a otros un ratón con ojeras. Que a cada uno algo le llegue, lo que sea, y quizá, con suerte, eso lo movilice".

Crédito: Joel Sartore

Otro momento que causó sensación en la charla de Sartore fue cuando mostró fotos de una adolescente enfrascada en su iPhone, en un cuarto que parecía el escenario de una batalla campal entre ropa, osos de peluche, posters de bandas de rock, y todo tipo de adminículos de belleza a medio usar. "Esa es mi hija en su cuarto, ¡después! de ordenarlo para la foto -reconoció superado Sartore-. Y lo que tiene en su mano es su principal, y a veces temo que casi única, forma de comunicarse con el mundo y de recibir información".

Una vez más, Sartore no estaba dispuesto a demonizar a nadie ni nada. "La cantidad de información que reciben estos chicos no tiene precedente en otras generaciones, y puede servir para que tengan datos que impulsen a actuar de la manera que nosotros no supimos hacer". De cualquier manera, aclaró que es importante sacarlos a que se embarren y que tengan contacto directo con la naturaleza. "Y, sobre todo, que vean animales -aclaró-. Los zoológicos en las ciudades muchas veces son la única forma en la que estos chicos tienen contacto con animales sin que medie una pantalla. Ese contacto directo no se reemplaza con nada: si no los ven, los animales no les van a importar y no les va a interesar preservarlos. Aunque algunos no se pudieron salvar, muchos de los animales que fotografié para Ark Photo ya no estarían si no fuera por los zoológicos. Porque en sus ambientes naturales, los humanos los llevaron a la extinción. Soy un gran fan de los buenos zoológicos: son centros de conservación y proveen de una educación crítica para la población".

Crédito: Joel Sartore

A las fotos que Sartore toma allí, desde hace mucho que las registra exclusivamente con cámaras digitales; es algo que el público siempre quiere saber. "Las cámaras digitales son fantásticas porque enseguida uno puede ver qué funciona y qué no, lo cual me permite arriesgar y experimentar un poco más de lo que haría con film -sostiene-. El problema es que el equipamiento es más caro y que, con la velocidad en que evoluciona la tecnología, la única forma para estar absolutamente seguro de que en 20 años podrá verse una imagen tomada hoy, es pasarla a film o a papel".

Respecto del Photoshop, reconoce que usa las funciones básicas que reproducen lo que ocurriría en el cuarto oscuro. Y a veces, cuando hay demasiadas feces en la piel de un animalito, no puede evitar limpiárselas un poco digitalmente.

Un par de lobos colorados (Canis rufus gregoryi) del zoo Great Plains, ubicado en Sioux Falls, Dakota del Sur
Un par de lobos colorados (Canis rufus gregoryi) del zoo Great Plains, ubicado en Sioux Falls, Dakota del Sur Crédito: Joel Sartore

Si la meta con sus fotos es salvar a las especies, ¿no deberían estas ser de animales sufriendo o muertos por acción humana en vez de retratos que los muestran majestuosos o entrañables?

Nuestras fotos tienen que mostrar lo que está pasando con la naturaleza, y las amenazas a las criaturas. Mostrar solo animales maravillosos no es suficiente, y no es responsable desde un punto de vista periodístico. Pero eso no quiere decir que debamos dejar de mostrar la belleza que encontramos. La fotografía puede ayudar de las dos maneras: exponiendo los problemas ambientales y logrando que a la gente le importe lo que les pase a los animales, se sienta tocada. Y para eso, tienen que conocer a estos seres también en su esplendor, hay que despertar la curiosidad de todas las maneras posibles. Para todo esto no hace falta estar publicando en grandes medios internacionales. Hay mucha gente que está publicando sus propias fotos, de belleza natural y de los problemas que traemos los humanos, en las redes sociales, y eso también contribuye al impacto.

Crédito: Joel Sartore

Vimos cómo le atacaba la cámara una serpiente formidable. Tras una vida con animales salvajes, ¿alguna vez estuvo en riesgo de muerte?

Para Ark estoy trabajando con fotos de estudio de los animales, porque creo que le da una entidad muy distinta y poderosa al conjunto para su misión. Pero después de años entre selvas y pantanos, tengo que reconocer que el trabajo en estudio tiene el beneficio agregado de que es considerablemente más seguro. Siempre intenté evitar hacer cosas estúpidas, pero me han perseguido osos salvajes y bueyes almizcleros que, si me agarraban, hoy no lo estaba contando. Todos los fotógrafos de National Geographic en algún momento hemos puesto nuestra vida en peligro, pero los lobos y las anacondas no son las principales fuentes de preocupación. En muchas partes del mundo los fotógrafos enfrentan malaria, fiebre amarilla, e innumerables enfermedades. En el Amazonas me picó una mosca que llevaba un parásito que se va comiendo la carne del cuerpo. De vuelta a casa encontré un agujerito en mi pierna que no cerraba, y tuve mucha suerte de que los médicos se dieran cuenta de qué era y, con un mes de quimioterapia, me pudieron salvar. Uno tiene que hacer los deberes sobre lo que puede encontrar antes de salir al campo de trabajo, pero la vida silvestre siempre es impredecible.

Crédito: Joel Sartore

¿Estuvo alguna vez en la Argentina?

Sólo un par de horas en Ushuaia, como asesor de un barco de National Geographic que pasaba por allí. Muy frío, muy espectacular. Me gustaría volver y hacer fotos para el Ark.

En el Ark hay unas fotos adorables de un chimpancé bebé, ¿pero finalmente logró fotografiar al del zoo de Kansas que le destruyó todo?

Nunca. Como Moby Dick fue para el capitán Ahab, se volvió la ballena blanca de mi vida.

FOTOS

Las imágenes de los animales son de Joel Sartore/National Geographic Photo Ark. www.natgeophotoark.org . El retrato de Joel Sartore fue tomado por Grahm S. Jones

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