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El hipnótico poder del River de Gallardo

Cristian Grosso
Cristian Grosso LA NACION
El River de Gallardo
El River de Gallardo Crédito: Mauro Alfieri
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19 de septiembre de 2018  • 22:00

River está protegido por una fuerza superior. Ni el escritorio, los árbitros o la Conmebol . No. La convicción por una idea, el estilo. Ese magnífico capital que por momentos lo llevó a atropellar a Independiente, ese refugio que le permitió sostenerse frente a los pasajes de adversidad. Y Marcelo Gallardo es el responsable de haber salpicado a su equipo con una fragancia distinguida y, también, con un tufillo arrabalero. "Si bajamos la intensidad nos puede ganar cualquiera", avisa el conductor. Alerta. Y exige. Sinfónico y pendenciero en dosis pragmáticas para definir un carácter copero único.

Pudo perder River, pero no perdió.Bajo la administración Gallardo, River jugó nueve partidos contra equipos grandes de la Argentina -cuatro veces con Boca, dos con San Lorenzo, dos con Racing y una con Independiente- en competencias de la Conmebol y no perdió ninguno, con cinco triunfos y cuatro empates. Es más, ni goles recibió. Y, desde luego, superó cada una de esas series. Gallardo consigue lo que quiere. A veces disfruta, otras sufre, pero en definitiva sonríe. Insistió por Franco Armani, y Armani lo rescató de muchos instantes incómodos. Anoche, antes, y mañana también. Gallardo contagia superación y lo siguen. Únicamente está cómodo cuando la obligación es máxima. Gallardo se siente bajo vigilancia, y cuando no agita conspiraciones, inyecta rabia, rebeldía, un combustible imprescindible para ganar.

Vibrante fue el duelo entre Gallardo y Holan. Se desafiaron continuamente y así el partido creció en electricidad. Hubo mil partidos en el partido, con tácticas y contraestrategias. Independiente fue atrevido, audaz, pero River no duda en la Libertadores. Hipnotiza a los rivales al desplegar una paleta con todos los colores: cuando creían que solo resistía, el colombiano Borré pudo ganarlo en el descuento. Ese es River, siempre en guardia y ventajero. "Marcelo, no sé de qué manera, logró hacerles ver a sus jugadores que River no pierde. Es un club ganador, hoy, mañana y siempre. Muy pocas veces, vaya como vaya el partido, vos decís 'hoy no podemos, hoy River pierde'. A mí no me pasa eso desde que está él", contó un día Pablo Aimar. Buen resumen. En la dimensión sin retorno, River se siente cómodo. No tiembla. Si lo más difícil para un entrenador es transmitir una marca, River la lleva grabada. Es ferozmente competitivo.

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