El otro imbatible: Martín Campaña se agiganta partido tras partido en el arco de Independiente

El otro imbatible: Martín Campaña
El otro imbatible: Martín Campaña
Rodolfo Chisleanschi
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19 de septiembre de 2018  • 22:54

"Soy muy violeta", le dijo Martín Campaña a LA NACION hace apenas unos días. Violeta porque así viste Defensor Sporting, el equipo de Montevideo donde se hizo futbolísticamente y desde el que llegó a Independiente. Y de violeta, de la cabeza a los pies, eligió vestirse para un partido que lo tendría nuevamente como figura y responsable principal de que su equipo no recibiera ni uno de esos tan temidos goles de visitante.

El encuentro ante River presentaba de antemano un duelo entre los dos arqueros de mejor actualidad en el fútbol argentino actual. Ninguno falló, pero el número 25 de Independiente se llevó todos los aplausos, tal vez porque River fue más incisivo en su llegadas, porque lo exigió más. O quizás, también, porque no necesitó la ayuda de los palos para frenar los ataques de un rival que en las dos puntas del partido hizo casi todo lo necesario para llevarse la victoria.

El crecimiento de Campaña en los dos años transcurridos desde su llegada a Avellaneda ha sido exponencial. Fichado en su día como promesa, con buenos antecedentes en el campeonato uruguayo pero desconocido a este lado del Plata, llegó para ser suplente de Diego Rodríguez en aquel equipo que dirigía Mauricio Pellegrino. Pero a las pocas semanas, algunos errores en cadena del Ruso lo condenaron al banco, y "Campi" no desaprovechó su oportunidad.

No era la suya una misión sencilla. Porque el Independiente de entonces no era el de ahora, pero también porque el club llevaba varios años apostando por arqueros de la casa, surgidos de las inferiores y tutelados por el mítico Pepé Santoro. Ustari, Assman, Gabbarini y el propio Rodríguez se fueron alternando en la custodia de la meta Roja, con la única excepción de Hilario Navarro como "importado". Ninguno logró mantener un nivel aceptable durante más de una temporada.

Con su carácter sereno, que nada ni nadie parece que logran alterar, cambió esa dinámica. Se metió enseguida en el bolsillo a la gente y se adueñó del puesto para no soltarlo más (el de anoche fue su partido 101 en el Rojo). Pero por encima de eso, fue agigantando su figura y ampliando el repertorio de su dominio del área. Si al principio se lo consideró un "atajador", de a poco fue enseñando sus muchas otras virtudes: seguridad y timing para anticipar en los centros, velocidad y valentía para achicar en los mano a mano, precisión con los pies para provocar contraataques y don de mando.

"Nos vamos tranquilos, fue importante mantener el arco en cero. Para la revancha supongo un partido parecido. Ellos van a salir a buscar y nosotros también, porque es nuestro estilo", dijo apenas terminado el frenético encuentro en Avellaneda.

Tal vez pueda equivocarse en el vaticinio en cuanto al desarrollo, pero hay algo seguro: River tendrá que extremar su imaginación para doblegar a un arquero que, se vista con el color que se vista, no para de crecer.

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