Mauro Zárate, entre los murmullos impacientes y la jerarquía que aparece en la Copa Libertadores

Mauro Zárate, autor del primer gol de Boca
Mauro Zárate, autor del primer gol de Boca Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo
Franco Tossi
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20 de septiembre de 2018  • 00:23

En el último receso la consigna de Guillermo Barros Schelotto y la dirigencia encabezada por Daniel Angelici constó de incorporar nombres de jerarquía con el objetivo prioritario de luchar por ser campeón de América tras once años. Y entre otros apuntados, Boca fue a fondo por Mauro Zárate , siendo conscientes de que Carlos Tevez no estaba en su mejor momento, en una llegada que causó mucha polémica. Es cierto que el ex hombre de Vélez, hasta acá, no se consolidó como una figura del equipo. Sin embargo, ya tiene el cartel colgado: es el refuerzo de la Copa Libertadores . A tal punto de que los tres goles que anotó desde su arribo fueron en esa competición.

No aparece, deambula. Cuando la recibe, los murmullos impacientes de las tribunas de la Bombonera empiezan a caer sobre el campo de juego con potencia: él mismo reconoce que muchas veces no puede controlar su egoísmo y, entonces, toma confianza para hacer la individual. Y a veces, claro, se abusa. En efecto, fastidia. Sobre todo en un partido como el de anoche, en el que se precisaba el toque rápido ante un Cruzeiro que se mostró ordenado.

De hecho solo se desarticuló tras una segunda pelota de un córner que tomó Pablo Pérez afuera del área y engañó a los que pensaron que remataría: pase filtrado para Zárate, que definió tres dedos ante la salida del arquero Fabio, a los 35 minutos de la primera mitad. Sin gritarlo, se paró con seriedad ante la euforia de los hinchas, casi desafiante pero sin cometer errores. Y tras estar varios segundos paralizado, disfrutó de su tercer festejo con la camiseta azul y oro.

Y aunque con el correr de los minutos su sintonía no cambió, no dejó de mostrar su voracidad por el gol: a los 12 minutos del complemento, cuatro minutos antes de ser reemplazado (con cara de bronca) por Sebastián Villa, el palo le negó el segundo tras un remate central desde media distancia.

De todas maneras, el futbolista de 31 años dejó en claro algo que deberá tener muy en cuenta si quiere brindar una versión mucho más agradable y destacada: con el tanto convertido entendió que el trámite del partido pedía todo lo contrario a lo que en la mayoría del tiempo circula por su cabeza individualista. Es por eso que las (pocas) veces que se desprendió rápido de la pelota, demostró que su técnica y calidad es distinta. Y fue en esos momentos en los que se acopló a la velocidad que a los Barros Schelotto les gusta.

Uno más que hace en el certamen continental. Porque ya le había convertido dos a Libertad, de Paraguay, por los octavos de final. En la ida, cuando se produjo su primer encuentro en la Bombonera, anotó el 2-0 definitivo de aquella noche lluviosa con una gran jugada individual con la que dejó a la vista esa cualidad que buscaba el Mellizo. Y en la revancha, en Asunción, convirtió en gol una lujosa asistencia de vaselina de Darío Benedetto.

En la Superliga, en tanto, no pudo convertir hasta el momento: se verá si su momento llega el domingo ante River en el superclásico (17.45 hs). De todas maneras, poco les importa a los fanáticos y a Guillermo. Porque mientras siga aportando sus goles en la Libertadores, Boca se puede ilusionar con adueñarse de un anhelo que no lo deja dormir.

Una buena noticia para el atacante, que en el último partido en La Paternal había tenido escasos minutos en cancha y que, además, no termina de encontrar comodidad en la posición de mediapunta que le designa el entrenador boquense. Aunque su nivel desde su llegada no fue para resaltar con énfasis, descendió aún más cuando Guillermo le dio la responsabilidad de ser el centrodelantero ante Estudiantes (derrota 2-0) y Huracán (0-0), encuentros en los que prácticamente no tuvo contacto con el balón. No obstante, en la noche copera se destapó en un escenario ideal.

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