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La incógnita Rossi: el desafío de reemplazar a Andrada 53 días después de su último partido en Boca

Rossi perdió la titularidad con la llegada de Andrada
Rossi perdió la titularidad con la llegada de Andrada Fuente: FotoBAIRES
Franco Tossi
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20 de septiembre de 2018  • 11:47

A Boca le costó conciliar el sueño en las primeras horas del jueves. El motivo no fue una vibrante trasnoche, luego de un triunfo copero ante Cruzeiro (2-0), por la ida de los cuartos de final de la Copa Libertadores, con el que puso un pie en las semifinales. Más bien, quedó conmovido por la pésima noticia relacionada a Esteban Andrada, que sufrió una fractura en el maxilar inferior. Un dolor de cabeza que se hace más fuerte en el Mundo Boca a raíz de las dudas que existen sobre Agustín Rossi, que empezará a asumir la responsabilidad de suplirlo nada más y nada menos que en el superclásico del domingo ante River.

La preocupación es grande. No solo por cómo terminará la historia alrededor de Andrada, en la que el próximo paso será evaluar si una operación es lo más conveniente, sino también por la incógnita que genera Rossi después de haber perdido el puesto con el mendocino debido a sus fallas y debilidades que mostró en el arco del xeneize. Y aunque muchos lo intentan proteger simplemente marcando que es el guardameta bicampeón del fútbol argentino, con 22 años (hoy ya tiene 23) nunca se mostró a la altura.

Con sus flojos rendimientos fue derrumbando la intención de que su apellido sea una apuesta inamovible bajo los tres palos. Sin embargo, desde las tres puntas importantes de la institución fue perdiendo el apoyo. Primero aparecieron los murmullos en las tribunas. Luego, le dio a entender a los dirigentes que no había otro camino que el de buscar un nuevo arquero. Y, por último, inclinó a los Mellizos a la decisión de sacarlo definitivamente del equipo. Es por eso que su aparición consta de una doble presión principalmente ejercida por los hinchas.

Porque su vuelta se producirá en el clásico ante River y en la Bombonera, en un ambiente en el que se respirará nervios e impaciencias constantes. Y además cargará con la pesada obligación de reemplazar a un Andrada que, si bien no tiene un nombre ganado a base de títulos, logró que en la Ribera sientan tranquilidad, confianza y seguridad con tan solo nueve encuentros (oficiales) disputados con el buzo azul y oro, en el que cosechó siete vallas invictas.

Justamente porque mostró un estilo dispar al del ex hombre de Estudiantes. Mucha técnica y precisión para destacarse con los pies, se colgó el cartel de "gana partidos" con atajadas fundamentales y todos empezaron a acostumbrarse a un jugador activo, que se hace dueño de su área con la permanente determinación de cortar cada centro que entra en su zona, sin importar las formas ni quién esté delante. De hecho, fue así como anoche se terminó lesionando.

Rossi deberá lidiar con eso. Y se verá si haber estado unas cuantas semanas sentado en el banco de suplentes (su última participación fue ante Alvarado, por Copa Argentina: el domingo se cumplirán 53 días de aquel partido) le hizo entender y mejorar algunos aspectos. Lo concreto es que luego de haber observado y aplaudido a un Andrada brillante que conformó y sorprendió a más de uno, ahora la gente ve un panorama desalentador con el ingreso del joven guardameta. Porque el exLanús expuso aún más su floja labor del pasado: el juego con los pies no fue una virtud y le convirtieron varios goles evitables.

Rossi perdió la titularidad con la llegada de Andrada
Rossi perdió la titularidad con la llegada de Andrada Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

Y tuvo un cartel muy diferente, ya que fue el responsable de la victoria de Palmeiras en la Bombonera, en abril de este año, cuando se jugaba la etapa de grupos de la edición actual de la Copa Libertadores: tomó la decisión desesperada de cabecear una pelota lejos del área y le dejó servido a los brasileros el gol que decretó el final de la paciencia que había con él.

La suplencia no será solo por este domingo: como mínimo, Andrada deberá ausentarse durante un mes, aunque no se descarta que su recuperación lleve varias semanas más, especialmente si la situación deriva a una cirugía. No obstante, lo que se da por asentado es que se perderá una instancia crucial en la vida del club: más allá del superclásico, están los duelos por la Superliga ante Colón y Racing, el puntero al que Boca quiere derribar para ir por el tricampeonato doméstico, el enfrentamiento ante Gimnasia por la Copa Argentina (se juega en una semana) y la revancha tan importante ante Cruzeiro por el certamen continental (4 de octubre).

Por eso el joven arquero deberá mostrar personalidad, dejar las inseguridades de lado y entender que, aunque no parece el escenario ideal para reaparecer, se trata de la posibilidad de formarse como arquero: ante una situación tan poco esperanzadora para muchos, no tiene nada que perder y sí mucho para ganar.

Es la segunda vez en el ciclo Barros Schelotto que un arquero titular se queda afuera inesperadamente del superclásico. El 10 de diciembre de 2016, Guillermo Sara se entrenaba para afrontar el encuentro ante el Millonario, en el Monumental. Sin embargo, sufrió la luxación del hombro derecho y quedó dado de baja, dejándole el lugar a un inexperto Axel Werner en el recordado 4-2 que dio inicio a la racha como puntero que se extendió por 617 días.

Mientras se habla de la posibilidad de contratar un nuevo arquero, algo que no ven factible en la institución, un juvenil deberá ocupar un lugar en el banco de suplentes. Javier Bustillos (21 años), arquero de la Reserva, es el que tiene más posibilidades, aunque Federico Abadía (20) también trabaja habitualmente con el plantel. Y detrás viene Manuel Roffo (18), uno de los sparrings de la Selección Argentina.

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