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Forever young: los juegos olímpicos de los jubilados, por dentro

Evangelina Himitian
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20 de septiembre de 2018  • 12:26

Susana Waldisperg es el alma del equipo. 67 años, calzas negras, rodilleras y el numero 9 en la espalda. Está en posición de central. En la cancha, alrededor de ella se reparten las chicas del equipo, con un promedio de edad que supera los 70: Antonia y Maruja, las altas, están cerca de la red, junto al armador, Takeo, que es japonés y el gavilán pollero del equipo.

Las dos Marthas se preparan para recibir el saque. Desde el medio de la cancha, Susana da indicaciones, se balancea sobre sus rodillas flexionadas y corre para atrás cuando la pelota cruza la red. Tres pases y al otro lado. Entonces llega el punto para Pomar. En la cancha estalla la algarabía. Del otro lado, los jugadores del equipo Rafam protestan. La arbitro dice que el punto está bien cobrado. Que el juego tiene que seguir. Todos aplauden y vuelven al juego. Porque lo importante es que la pelota no se detenga y el campeonato de newcom (una suerte de voley con pelota detenida) es una buena excusa para hacer amigos.

Lo importante es mantenerse activos
Lo importante es mantenerse activos Crédito: Ignacio Sánchez

La escena ocurre en el polidepertivo Pomar, en el barrio de Floresta. Se está jugando el torneo de newcom de los Juegos para Personas Mayores que organizó esta semana el gobierno porteño y que reúne a más de 5000 participantes en torno a competencias deportivas, artísticas, juegos de mesa y de salón, entre otras disciplinas. Desde el lunes último, los lugares en los que se realizan las competencias se llenaron de adultos mayores, vestidos con remeras blancas y gorras con el logo de la competencia. Sin embargo, si bien se trata de un torneo con ganadores y perdedoras, el clima en las sedes donde se juega en más bien de camaradería que de competencia.

Susana Waldisperg dice que, más allá del resultado, este torneo es un premio al esfuerzo y a la perseverancia de todo el equipo. Todos los martes, jueves y viernes ella y sus compañeras entrenan de las 14 a las 16. Susana se viene desde Coghlan hasta Floresta. Desde que se jubiló de la contabilidad y los impuestos, recuperó espacio para ella. Hace natación y aquagym y se anota en cuanta actividad puede. Apenas hace un año que empezó a aprender el newcom. "Hasta los 33 años, yo jugaba al voley y dejé y empecé a hacer una vida muy sedentaria. Pero desde que me jubilé, retomé el deporte, en todas sus formas. Pasé de pesar 80 a 66 kilos, y siento que recuperé la agilidad que tenía a mis 30", asegura.

El newscom es similar al voley
El newscom es similar al voley Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez

Relatos como el de Susana se repiten entre los demás competidores: personas que sienten que desde que se jubilaron, rejuvenecieron. "A mi edad, existen dos tipos de personas. Las que se meten para adentro por los años y los que se asoman a la vida, a ver qué pasa. Y yo soy de esos últimos", dice Miguel Angel Gonzalez, de 78 años, mientras se prepara para participar junto a su compañero, Reinaldo Cappiello, del torneo de tejo. Miguel Angel era tintorero y desde que bajó la persiana de su negocio por última vez siente que recuperó tiempo para él y su señora, con quien lleva 53 años de casados, 60 de novios y 63 de cortejo.

"Yo participo en todas las actividades que se hacen en nuestro centro. Viajes, bailes, competencias. siempre estoy. Y cuando me enteré que había un campeonato de tejo dije, esta es la mía, porque en Las Toninas siempre ganaba. Y acá estoy. Igual, lo más lindo de esto es toda esta gente, conocer personas nuevas. No venimos a competir, venimos a compartir", dice, enfatizando cada sílaba.

El tejo es una de las principales competencias
El tejo es una de las principales competencias Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez

Aunque el torneo empezó cerca del mediodía, antes de las 8 Miguel Angel y Reinaldo ya estaban en el polideportivo, con su botellita de jugo de manzana y sus dos sandwiches en la mochila. "Me gusta llegar temprano", explica Miguel Angel, que está en representación del centro de jubilados "Deshojando margaritas". Los nombres de los equipos son muy elocuentes. "Los abuelos del Francés", "Grupo renovación" o "Vida activa". También están "Segunda juventud" y los "For Ever Young".

Cerca del mediodía, en el polideportivo Pomar, es el turno de gimnasia grupal, de mayoría femenina. Mientras ellas bailan y se mueven en la cancha al aire libre, al ritmo de un reggaetón, algunos hombres aprovechan el día inmejorable para tomar sol con el torso descubierto.

"Estamos vivos", arengaba el presentador de la competencia,en la que se elegía al mejor conjunto de baile en la categoría folclore. "Estamos vivos", insistía y hacía estallar en un aplauso a la multitud reunida en la sala Siranush, en Palermo. Aplausos, silbidos, gritos. Todo era una fiesta, incluso antes de que anunciara quien había ganado. El latiguillo le devolvía bríos al evento, así que el presentador lo usaba una y otra vez.

El equipo de Liniers Sur esperaba ansioso el veredicto. No había sido sencillo estar presentes en ese torneo de chacareras. Los días previos, varios miembros del equipo se habían dado de baja por estar engripados o con dolor de cintura. La profesora, Lidia Tolada, de 76 años, logró reunir un grupo. Orlando Valles, de 86, bailaría con ella y Mabel Beatriz Condelice, de 70, haría pareja con Ana María Zoccarello, de 67 años.

"Como faltan hombres, en las competencias se admite que dos mujeres bailen juntas, una ocupa el papel del hombre. Y yo nunca lo había hecho, esta fue mi primera vez y me gustó. Estaba nerviosa, pero creo que nos defendimos. A otras compañeras de nuestro centro siempre les toca bailar de hombres, tienen los trajes y todo el equipo. Y ya aprendieron así. Esta vez, tuve que pedir prestado el traje. Estuvo lindo, vamos a ver qué dice el jurado", dice Ana María.

Aunque finalmente no resultaron ganadoras, festejaron como si el jurado hubiera dicho sus nombres. "Estar acá, divertirnos y compartir este momento ya es haber ganado", asegura Mabel.

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