Entre escáneres, perros y carpas de campaña comenzó el juicio a Los Monos

La primera causa por venta de drogas contra la banda criminal rosarina tiene 39 imputados; las audiencias comenzaron con fuertes medidas de vigilancia
La primera causa por venta de drogas contra la banda criminal rosarina tiene 39 imputados; las audiencias comenzaron con fuertes medidas de vigilancia Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Manera
Germán de los Santos
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20 de septiembre de 2018  • 13:59

ROSARIO. El juicio contra la banda de Los Monos comenzó poco antes de las diez de la mañana en medio de un inmenso operativo de seguridad para el inicio de las audiencias en las que los principales imputados, Ariel Máximo "Guille" Cantero y Jorge Chamorro, participan a través de un sistema de videoconferencia, situación que motivó cuestionamientos de los abogados defensores de la organización que, por primera vez en su largo derrotero de violencia y crímenes, estará en el banquillo por narcotráfico.

Celestina Contreras, la madre de Guille, fue la única del lote de líderes de Los Monos que estuvo presente en la sala, junto a su nuera Vanesa Barrios, otra de las acusadas.

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Fausto Yrure, uno de los abogados de los Cantero, se quejó ante el tribunal por el ingreso de los fotógrafos, que retrataron a Celestina Contreras y a las otras acusadas. "No estamos en un zoológico, sino en un juicio", advirtió el letrado ante la lluvia de flashes de los reporteros.

El letrado cuestionó formalmente ante el tribunal que los principales imputados, como Cantero y Chamorro, no estén presentes en las audiencias y participen del debate desde el penal de Ezeiza a través de un sistema de videoconferencia. Incluso se advirtió que los imputados estaban esposados dentro del penal, algo que solo se requiere para los traslados. El tribunal rechazó ese cuestionamiento.

Los periodistas tampoco asisten a la sala de audiencias del juicio oral, sino que siguen las alternativas de las audiencias en una carpa de campaña que la Gendarmería montó en el estacionamiento del edificio de los tribunales, ubicado en bulevar Oroño y Rioja, en pleno centro de la ciudad. Los cronistas debían dejar antes su DNI y sólo debían permanecer en el campamento, donde en un TV de 32 pulgadas se transmitían, con serios problemas de sonido, las alternativas de la primera jornada del debate.

Celestina Contreras entró poco antes de las 9 al tribunal, secundada por un grupo de mujeres de la familia. Esta mujer de 50 años, sospechosa de ser quien maneja ahora los hilos de la banda, fue detenida el 1° de julio de 2017, horas después del casamiento de Lionel Messi en el casino City Center, situado a pocas cuadras de la casa de Los Cantero.

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En la elevación a juicio que realizaron en conjunto la fiscalía federal de Rosario y la Procuración de Narcocriminalidad (Procunar), en marzo pasado, había 32 imputados por el delito de producción y comercialización de estupefacientes, pero después se anexaron otros siete imputados que aparecen en causas conexas.

Se prevé que el juicio durará hasta diciembre o que, incluso, finalizará el año próximo. Está previsto que a lo largo del proceso desfilen 269 personas a brindar declaración testimonial, con un promedio de entre 20 y 25 testigos por día. De los 39 acusados, 22 siguen el juicio a través de videoconferencia y el resto comparecerá ante el Tribunal Oral Federal Nº 3, integrado por los jueces Ricardo Moisés Vázquez, Eugenio Martínez y Osvaldo Facciano.

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En la causa se investigaron los contactos y los engranajes que servían a Guille Cantero y a Chamorro fuera de los muros del penal de la cárcel en la que estaban presos para mantener la producción, adquisición y distribución de cocaína y de marihuana.

Las mujeres del entorno de la organización cobraron un papel clave en ese rol: Vanesa Barrios, Jessica Lloan (novia de Chamorro), Celestina Contreras, y una decena de familiares y amigos se dedicaron a mantener a flote la empresa narco.

Lo hacían a través de la provisión a una red de búnkeres de venta de estupefacientes, que aun estando presos seguían controlando los Cantero. "Vos tenés que preocuparte por el negocio y poner gente a trabajar. ¿así cómo vamos a levantar el negocio?", le dijo Guille a su pareja desde la cárcel.

En una serie de allanamientos que incluyeron los calabozos de la cárcel de Piñero y distintos puntos de Rosario, Corrientes y Chaco, la Policía Federal secuestró en esa oportunidad 700 kilos de marihuana, 12 kilos de cocaína, seis vehículos, tres armas y 62 celulares.

La investigación en el fuero federal se inició por el eslabón más débil de la cadena narco y fue en ascenso hasta llegar a los líderes de la banda: la provisión de un búnker ubicado en la zona sur de Rosario, cuyos movimientos empezaron a ser observados por agentes de la Federal.

Desde ese momento, la labor de la fiscalía apuntó a desentrañar a los responsables de los distintos roles y jerarquías, desde los "soldaditos" encargados de custodiar los puntos de venta hasta los encargados de proveer el estupefaciente, incluyendo a quienes facilitaban el almacenamiento y la logística a la organización.

Los fiscales señalaron que Cantero y Chamorro, y Vanesa Barrios y Jesica Lloan, sus respectivas parejas, eran "el eslabón superior de la organización". Los varones detenidos se comunicaban frecuentemente con sus concubinas a fin de determinar los ingresos y egresos económicos de la empresa narco, coordinar el pago de determinadas deudas y conseguir armamento o contratar "soldaditos" para custodiar los puntos de venta.

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