Maniac: el vacío como única materia prima

Fuente: LA NACION
Marcelo Stiletano
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21 de septiembre de 2018  

Maniac / (Estados Unidos, 2018) / Dirección: Cary Joji Fukunaga / Creador: Patrick Sommerville / Fotografía: Darren Lew / Edición: Pete Beaudreau, Tim Stretto / Música: Dan Romer / Dirección de arte: Alex DiGerlando / Elenco: Jonah Hill, Emma Stone, Justin Theroux, Sonoya Mizuno, Billy Magnussen, Gabriel Byrne, Sally Field / Disponible en: Netflix / Nuestra opinión: buena

Detrás del tedio, la solemnidad y la pretenciosa búsqueda de explicaciones sobre el estado del mundo que recorren de principio a fin sus diez episodios, hay al menos un elemento de Maniac que podría resultarnos de utilidad. A falta de otros estímulos, nos queda el consuelo de recurrir a esta novedad como herramienta divulgadora del estado actual del instrumento televisivo todavía llamado "serie".

El concepto encuentra en Maniac casi todas las señas de su estado actual, en plena transformación: una estructura narrativa de largo aliento que renuncia definitivamente a la división en bloques; un presupuesto generoso que pretende estimular las apuestas más arriesgadas; actores y actrices convencidos de que para dejar de ser vistos como mero objeto de consumo deben comprometerse con esta clase de proyectos; directores con tiempo a favor para contar historias imposibles de llevar al cine por los condicionamientos de ese modelo de entretenimiento más convencional. Hay algunos más.

Trailer de la serie Maniac - Fuente: Netflix - Fuente: Youtube

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Vista así, Maniac tendría algún valor. Pero solamente en las aulas desde las cuales se divulgan y discuten los todavía imprecisos conocimientos sobre la "nueva televisión" o en el aséptico entorno de algún laboratorio de análisis y experimentación mediática.

Maniac comparte con Westworld un mismo defecto de origen: como sus creadores no logran entender el mundo en el que habitan (y mucho menos exponer sus preguntas a través de una narración de razonable inteligibilidad) deciden llevarnos hacia alguna realidad paralela o virtual, presente o futura, para renovar desde allí ese intento.

En este caso, la fórmula consiste en instalar a Jonah Hill y a Emma Stone en una suerte de experimento farmacológico que los llevará a purgar sus respectivos traumas con experiencias vitales en distintas dimensiones. Ya hemos visto esa impronta en las peores obras de Christopher Nolan, pero Cary Joji Fukunaga (más allá de su reconocida y elegante manera de instalar la cámara en una singular escenografía retrofuturista) parece empeñado en seguir esos pasos y en cambiar por el vacío mismo todo lo bueno que hizo en la primera temporada de True Detective.

Hill (flaquísimo) y la atribulada Stone ponen todo el tiempo cara de "¿qué estoy haciendo acá?" pero a la vez deben sentir como ineludibles este tipo de desafíos interpretativos ¿Creerán que pueden exorcizar así compromisos previos más "frívolos"? Paradójicamente, en ellos fue cuando ambos se revelaron como grandes actores. Antes, al menos, tenían historias para contar.

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