La vida puerca: crónicas folletinescas con la impronta de Roberto Arlt

Fuente: LA NACION
Juan Carlos Fontana
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21 de septiembre de 2018  

Muy buena / Libro: Alfredo Martín, a partir de El juguete rabioso, de Roberto Arlt / Dirección y puesta en escena: Alfredo Martín / Intérpretes: Mariano Falcón, Marcelo Bucossi, Daniel Goglino, Marcelo "Pelado" Rodríguez, Gustavo Reverdito, Luciana Procaccini, Julián Belleggia, Francisco Ramírez, Rosana López, Angel Blanco, Laura Canteros, Marcos Díaz, Luciana Bava, Martín Portilla D´Arcangelo y Camila Truyol / Escenografía e iluminación: Marcelo Jaureguiberry y Fernando Díaz / Vestuario: Jessica Menéndez / Música: Quique Sosa / Sala: Andamio 90, Paraná 660 / Funciones: sábados, a las 22.30 / Duración: 120 minutos.

La esencia del universo literario del argentino Roberto Arlt (1900-1942), mezcla de fantasía, aventura y crítica social, resplandece en esta versión teatral y puesta en escena que de El juguete rabioso (1926), realiza Alfredo Martín.

El título de la pieza, refiere al original con el que Arlt pensaba titular su novela, nombre que finalmente desecha por consejo de su amigo Ricardo Güiraldes (autor de Don Segundo Sombra). En ella, su protagonista, Silvio Astier, asume el doble papel de narrador y protagonista de su propia saga de vida: mezcla de ladrón, vendedor de libros, soñador e inventor.

Admirador de Rocambole, personaje de folletín creado por Pierre Alexis Ponson du Terrail a mediados del 1800, Astier, deduce que él podría parecerse a su héroe, una mezcla de pretencioso justiciero, aventurero y pícaro hurtador de bienes ajenos. Claro que si bien su vida a cada instante parece tropezar con la miseria y la marginalidad con la que Arlt define a la clase media baja de los años 20, su retórica saga existencial alcanzará al final el objeto deseado: traicionar a los suyos en un acto de venganza desmedida, para alcanzar su sueño y conquistar la Patagonia. Objetivo que logra gracias al favor de un ingeniero.

La adaptación que Alfredo Martín realiza de la novela es esclarecedora y dialoga con el mundo arltiano de una manera ingeniosa y lúdica. Si bien en su puesta intenta hacer prevalecer algunos estereotipos (el militar, la madre, el librero, la joven adinerada), como una forma de ilustrar una crítica hacia determinados entornos sociales, finalmente se impone una propuesta que consigue hacer participar al público de un relato audaz en su desarrollo y atrapante en su afán de ilustrar con sólidos recursos una época de la Argentina.

De la apertura con el ingenioso juego lumínico de los ladrones de libros, la historia se encamina por los instantes más sobresalientes de la novela, a partir del abandono de la novia de Astier por considerarlo un hombre sin futuro, hasta los reproches de la madre porque Silvio no busca empleo; su posterior abandono de la casa familiar para trabajar y ser humillado por su empleador, un librero y su inescrupulosa mujer, hasta su intención de ingresar en la aviación de la que es expulsado y más tarde cumplir su deseo, previo cometer un acto de venganza por su época de infortunio.

La pieza se impone ante la azorada mirada del espectador y uno de sus valores es que si bien expone una problemática político-social de nuestro país, que pareciera no tener fin, no se inclina por la crítica directa, se inclina por subrayar la aguda y original mirada que siempre se destacó en Roberto Arlt, de ser un fiel y observador cronista de su tiempo.

Entre el valioso equipo de intérpretes que se desliza cómodamente por géneros que van desde el neorrealismo, al grotesco o el sainete, se destacan Marcelo Bucossi, Mariano Falcón, Marcelo Rodríguez, Rosana López y Francisco Ramírez, a los que se suma la meritoria inclusión del acordeonista Quique Sosa.

Estas crónicas folletinescas, también encontraron en Alfredo Martín y los escenógrafos Marcelo Jaureguiberry y Fernando Díaz, a tres especialistas en dar vida a múltiples espacios que ambientan cada situación apelando a la síntesis y utilizando con creatividad fuentes lumínicas inesperadas.

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