Primavera: ¿por qué para la astrología es el tiempo del amor?

Vera Picabea
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21 de septiembre de 2018  • 00:12

Ya se siente la calidez de la brisa primaveral. Los azules del cielo y los atardeceres multicolores de la primavera son momentos que clásicamente despiertan un halo muy romántico, de suavidad y delicadeza. Se escuchan suspiros, la perspectiva se pone bien cursi, sí. ¿Qué pasa astrológicamente en el cielo que el panorama de pronto se tiñe de rosa unicornio para todos, hasta para los más parcos y reacios?

En el hemisferio sur, el inicio de la primavera suele coincidir con el recorrido del sol por la energía de Libra (este año, el Sol estará en Libra desde el 22 de septiembre a las 11 pm hasta el 23 de octubre a las 11 am). Libra es el segundo signo de aire del zodíaco (por tratarse de un signo de aire, es muy social y vincular), y está regido por Venus, el planeta del amor y la belleza. Venus es el planeta que busca la armonía y sobre todo tiene como función encantar para que se produzca el encuentro amoroso de los pares. En este sentido, el inicio de la primavera se puede asociar con el amor pensándolo desde lo que implica el despliegue de la energía de Libra.

Entonces, retomemos: ¿qué significa que recién iniciada la primavera el Sol esté en Libra? Básicamente, implica que hay energía libriana disponible para que todos la sintonicemos. Aclarémoslo rápido: esta sintonía puede suceder más allá de que tengamos o no en nuestra carta natal energía libriana. Es muy útil y da mucha información asociar el florecer de la primavera con el significado de los tiempos librianos en el movimiento del zodíaco, cuando se produce una ampliación del sistema y la perspectiva detallista virginiana: aparece un otro enfrente de mí mismo y por eso busco mostrarme. Libra es paradigmáticamente el signo de las relaciones de a pares, del vínculo de seducción y el placer compartido. Hagan estadística, no falla: los de Libra se la pasan en pareja.. En cualquier caso, no es casualidad que apenas empezamos a sentir el primer calorcito (y después de la bella hibernación que también tiene lo suyo, a base de vino, chocolate y cucharita), se despierte otro tipo de vitalidad: a todos nos dan más ganas de compartir el placer y el disfrute al aire libre, nos mostramos más seductores y buscamos sentirnos atractivos para la propia mirada pero también para la mirada del otro. ¿Quién no empezó la actividad física del año por primera vez en septiembre/octubre, recalculando?

Sin dudas, para el lenguaje astrológico que lee la vida en la tierra considerando que hay un ritmo zodiacal que tiene un patrón y un tiempo determinado para cada cosa, la primavera aparece como un momento privilegiado por la disponibilidad energética para que el amor florezca, para que nos miremos más en el juego de seducción. Por supuesto, que suena a "lugar común" pero no le quitemos importancia a los lugares comunes, porque comunican mucho sobre nuestra propia realidad y percepción: ¿a quién no le pasó que después de pasar un invierno triste y deprimido apenas sintió el primer calorcito sin querer queriendo hizo un imprevisto llamado a esa persona que le gustaba hace un tiempo, pero estaba ahí, en remojo, en el tintero? Es el cliché primaveral de la flor: el capullo está listo, se despiertan las ganas de abrirse como una flor, de perfumarse y recibir halagos. Pero ojo, antes de pedirle el halago al de al lado: ¿cómo está mi relación conmigo? Por suerte, ya aprendimos que la primera relación importante es con uno. Y Libra, también, es un signo que siempre fue conectado e interpretado con la búsqueda de equilibrio y armonía. En ese sentido, cuando el Sol está en Libra y empieza la primavera se visibilizan nuestros equilibrios y desequilibrios vinculares- internos y externos. Una vez que lo detectamos, prestemos atención a cómo es la posibilidad de crecimiento a través de nuestros vínculos amorosos - los actuales, los nuevos, hasta podemos repensar los viejos-. Y como sea, no nos olvidemos que Libra habla de la danza, del encantamiento. No hace falta ir al gimnasio para recalcular o sentirnos más lindos: ¡bailemos juntos!

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