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Para el Banco Central, la crisis dejó el tipo de cambio en situación de equilibrio

Luis Caputo, presidente del Banco Central
Luis Caputo, presidente del Banco Central Fuente: Archivo
Javier Blanco
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20 de septiembre de 2018  • 20:39

Con la sensación de quien logró dar vuelta un partido complejo y se apresta a definirlo, el presidente del Banco Central (BCRA), Luis Caputo , convocó ayer a los principales agentes cambiarios y bursátiles del mercado y a administradores de fondos para hacer una evaluación de su tormentosa gestión al frente de esa entidad en los últimos tres meses y dejarles un mensaje: en su evaluación, de cara a los nuevas previsiones que se manejan para la economía, el tipo de cambio está en situación de equilibrio.

La afirmación, fundamentada en relación a la mejora progresiva proyectada en las cuentas fiscales y al rebalanceo externo, apunta a que lo sucedido hoy en el mercado cambiario (la baja mayor del 2% del dólar por "motu propio", es decir, sin ser direccionada por la venta de reservas) no sea la excepción sino que se transforme en la regla.

Es decir, a que la plaza local se estabilice gracias a la combinación de una disminución de la demanda y una recuperación de la oferta privada de divisas, al tender a disiparse los temores a una devaluación sin control de peso.

Se trata de un cambio clave: con una generación de dólares inferior a sus necesidades estructurales (pagos de importaciones, de deuda pública y privada), solo una moderación en la demanda puede estabilizar la plaza cambiaria y generar las condiciones para contar con un tipo de cambio que sirva de referencia para proyectar estructuras de costos en adelante, algo imposible en los últimos meses y que terminó potenciando la recesión.

La reunión, de la que participaron autoridades de la Comisión Nacional de Valores (CNV) y del sistema bursátil y unos 100 agentes y operadores, se desarrolló en el 3° piso del BCRA, en el emblemático Salón Bosch. En el estrado se ubicó Caputo, ladeado por sus dos principales colaboradores en la gestión: el vicepresidente Gustavo Cañonero y el director Pablo Quirno.

El encuentro arrancó con una especie de balance de su gestión, en el que destacó sus primeras medidas (en alusión al torniquete monetario), aunque reconoció que sus posibles efectos fueron borrados de "un plumazo" por la crisis de crédito que provocó la crisis de Turquía combinada en lo local con los coletazos de la "causa de los cuadernos".

"Es un tema que en el largo plazo no tengo dudas que será positivo para el país, pero en esas circunstancias ayudó a colaborar la crisis de confianza y las dudas", dijo.

El golpe obligó al Gobierno a "negociar un nuevo acuerdo con el FMI acorde a la nueva realidad que surgió" y al que dio por "muy encaminado". Si bien no concedió detalles al respecto

"Si bien se excusó de hablar de montos y de avanzar en detalles del acuerdo, comentó que contempla tres frentes (el fiscal, el monetario y el cambiario) y remarcó que estos dos serán su responsabilidad del BCRA", explicó a LA NACION Norberto Sosa, director de Invertir en Bolsa (IEB), uno de los asistentes a la reunión.

En este punto fue enfático en defender los pasos dados para desarmar la bomba de Lebac, al insistir que era un factor de perturbación para el manejo de la política monetaria y financiera. "Sin esa mochila y con los avances fiscales, este BCRA recuperará instrumentos de política", proclamó.

El tema que marcó el final de su exposición fue el que más controversias generó una vez abierta la posibilidad de que los asistentes realicen preguntas. Allí se repitió una queja: las Lebac sea habían convertido un insumo básico para los negocios de los fondos comunes y las casas de Bolsa y, con la crónica de su muerta anunciada, se quedan sin sustitutos.

Los funcionarios del Central reconocieron que este efecto fue buscado en el tránsito a que la entidad vuelva a tener como interlocutores privilegiados a los bancos. "Es lo que nos va a permitir mejor control de la política monetaria, asegurar impacto de los movimientos en la tasa de interés, de acá en más", indicó el jefe de análisis de una casa de Bolsa, que pidió anonimato.

Y concedieron que tanto las Letras del Tesoro (Lete) como las nuevas Letras Capitalizables (Lecap) no tienen ni la liquidez ni la profundidad de mercado de las Lebac, lo que afectará el volumen de operaciones de los operadores como ya lo vienen haciendo.

Pero se comprometieron a trabajar con los bancos para que actúen como "desarrolladores de mercado" de estos instrumentos en los próximos meses, un paso que juzgan clave "para poder comenzar a generar un mercado de capitales que pueda sustituir la dependencia del financiamiento internacional".

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