Valeria radioactiva: los personajes que se empeñan en visitar a sus autores

María Onetto, siempre bien
María Onetto, siempre bien Crédito: Daniela Patané
Susana Freire
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21 de septiembre de 2018  

Valeria radioactiva / Libro y dirección: Javier Daulte / Intépretes: María Onetto, Héctor Díaz, Maida Andrenacci, Agustín Daulte, Jorge Gentile, Inés Palombo, Daniela Pantano / Iluminación: Sebastián Francia / Vestuario: Valeria Cook / Funciones: martes, a las 20.30; sábados, a las 16 y a las 23 / Sala: Espacio Callejón, Humahuaca 3759 / Duración: 92 minutos / Nuestra opinión: buena

Interesante e inquietante, y también compleja, es esta nueva propuesta de Javier Daulte por las puntas temáticas que presenta. Por un lado, la inmortalidad, deseo existencial ante el inevitable prospecto de muerte que se le presenta a la protagonista y su impotencia para cambiar su destino. En segundo lugar, la relación entre la realidad y la ficción y la forma en que interactúan. Finalmente, la relación entre autora y protagonista. La primera piensa y concibe a su protagonista, mientras que esta sueña a su creadora.

Ya Unamuno, en Niebla (1907), empezaba a plantearse esta relación al presentar el encuentro de un autor con su creación simulando la relación Dios-criatura; la novela se construye alrededor de este tema mediante el desarrollo de conceptos como la concepción de la vida y el destino.

Sobre el tema, no se puede omitir a Pirandello en Seis personajes en busca de autor: los personajes no poseen "otra realidad más allá de la ilusión". Pero también le hace ver al director que: "También usted desconfiará de su propia realidad, de la que hoy respira y palpa en sí mismo, porque, al igual que la de ayer, está destinada a revelársele mañana como una ilusión".

El planteo de Valeria radioactiva presenta a una mujer, exitosa autora de telenovela, quien en medio de un proceso creativo sabe que va a morir. Cáustica, mordaz, aparentemente indiferente de los demás, toma de las personas reales de su entorno facetas y conflictos que incorpora a los personajes exponiendo una realidad que no todos aceptan.

Habría mucho para discernir sobre esta obra con momentos logrados, pero lo que es incuestionable es la interpretación, que asume el desdoblamiento de los personajes reales y ficticios. María Onetto, potente, crea matices que definen acertadamente las características de la protagonista. Son totalmente convincentes los trabajos de Jorge Gentile, Héctor Díaz e Inés Palumbo. Por su parte, Daniela Pantano, bien definida en la elaboración de su personaje, al igual que Maida Andrenacci, aunque un registro menos crispado en su composición ayudaría a una mejor compresión del texto. El joven Agustín Daulte, correcto dentro de su rigidez, debería lograr una composición más interna de su personaje.

Daulte realiza un buen trabajo en la dirección de actores y le imprime a la puesta una dinámica propicia para plantear tanto la realidad como la ficción. El marco escenográfico concebido por Leloutre, Escobar y Kompel encuentra una acertada resolución al poder combinar los dos espacios físicos.

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