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Maratones: los controles médicos generan $300 millones por año

Buenos Aires es una de las pocas ciudades en el mundo que exige el apto físico a los corredores; los precios varían entre $300 y $6500, según los estudios incluidos
Buenos Aires es una de las pocas ciudades en el mundo que exige el apto físico a los corredores; los precios varían entre $300 y $6500, según los estudios incluidos Fuente: Archivo
Ezequiel Brahim
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21 de septiembre de 2018  

La muerte de Osvaldo Carrizo hace tres semanas mientras corría la media maratón porteña y la internación de un segundo runner, Pedro Arce, reabrieron el debate sobre los controles médicos necesarios para participar de estas carreras. Detrás de la salud de los corredores se esconden al menos dos cuestiones llamativas. La primera, que Buenos Aires es prácticamente la única ciudad del mundo en obligar (desde diciembre de 2015 por la ley 5397) a los competidores de distancias de cinco o más kilómetros a presentar un certificado de aptitud física. La segunda, que surgieron decenas de propuestas exclusivas para ellos en los centros privados de salud. La cuenta es sencilla: a un promedio de $2000 por chequeo para los más 150.000 corredores por año, se trata de un negocio superior a los $300.000.000 anuales.

En los incidentes del mes pasado, ambos participantes tenían su certificado emitido en tiempo y en forma -tienen validez legal por un año-, y en ambos casos la asistencia médica de la organización fue inmediata. El sistema será nuevamente puesto a prueba pasado mañana en la Maratón de Buenos Aires, la más convocante de América del Sur, con un cifra superior a 10.000 corredores que transitarán la ciudad desde la cancha de River hasta la de Boca. Previa entrega de la constancia de aptitud.

Especialistas de todo el mundo coinciden en que los controles reducen la posibilidad de un episodio cardíaco durante la actividad física. Sin embargo, en países como Alemania, Singapur, España, Dinamarca, Malasia, África del sur, Suecia, Italia, Japón, Holanda, Hungría, Inglaterra y todos los americanos no exigen un certificado médico a sus runners.

En Buenos Aires, las propuestas para obtenerlos es muy variada. Se puede optar por la batería completa de estudios: electrocardiograma, ergometría de máximo esfuerzo en cinta, ecodoppler cardíaco, análisis de sangre y orina en laboratorio, y placa de tórax, todo supervisado por un cardiólogo; luego de tres horas y por la suma de $6557, se obtiene un apto de primer nivel. También se puede buscar en Mercado Libre el precio más bajo y por $300 acceder a un certificado con varios tests menos: un electrocardiograma y la revisación del médico. En el medio hay un abanico de valores y opciones. Muchos centros de salud crearon una sección exclusiva para corredores, con su propia página web, su línea de atención y su oferta de controles y precios. La mayoría promete lo mismo: que luego del menor tiempo posible -incluso en 60 minutos-, el paciente se va con su apto firmado o, en el peor de los casos, con la noticia de que si corre puede tener riesgo de morir.

Estos últimos son los que padecen cuatro patologías que tienen contraindicado el ejercicio: estenosis valvulares, miocardiopatía hipertrófica, hipertensión pulmonar y enfermedad coronaria muy avanzada.

Frecuencia anual

Los sanos deben pagar cada año si desean seguir en carrera: tienen varias opciones más aparte del tarifario mencionado. La mayoría de los centros aceptan coberturas médicas de primer nivel y generalmente del plan más caro. También en los hospitales públicos es posible realizarlo, aunque la cantidad de estudios disponibles es menor y los tiempos, casi impredecibles. Pero bien podría llevar desde algunas semanas hasta un par de meses.

La picardía suma dos últimas alternativas. La más común, pedirle a un amigo, familiar o conocido médico que firme el certificado sin tantas vueltas y de buena fe. La segunda, ya casi delictiva, falsificar la firma y el sello. Al entregar el certificado en una carrera junto con varios miles de personas que son atendidas, en pocas horas, el día previo a la largada, la falsedad de la constancia podría pasar inadvertida.

Todo el abanico de alternativas disponibles queda amparado por la ley 5397, que no dictamina ningún detalle sobre qué tipo de control es necesario para autorizar al paciente a correr. Solo exige, en su artículo 14, que el apto físico sea "expedido por un profesional médico matriculado previa evaluación de la persona".

Más allá del certificado, el cardiólogo Matías Vespasiano recuerda: "El paciente puede estar bien del corazón, pero mal entrenado o nutrido. La evaluación cardiológica es apenas una pata de la cuestión. Si alguien quiere ocuparse, más allá de cualquier exigencia, debería controlar todos los aspectos".

Quizá, como en el resto del mundo, la responsabilidad por la salud propia va más allá del Estado y recae en el individuo. Por lo pronto, pasado mañana, a partir de las 7 de la mañana, más de 10.000 personas afrontarán la enorme distancia de 42.195 metros al trote. Todos ellos, con su correspondiente certificado médico.

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