Murió el artista visual Diego Mur

Mur, un creador que invitaba a los espectadores a comprender mejor el juego de las imágenes.
Mur, un creador que invitaba a los espectadores a comprender mejor el juego de las imágenes. Fuente: Archivo
Daniel Gigena
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21 de septiembre de 2018  • 16:14

Enorme pesar causó en la comunidad artística la noticia de la prematura muerte de Diego Mur (Buenos Aires, 1970), el miércoles a la noche. El artista sobrellevaba una grave enfermedad. Apenas se supo que Mur había muerto, varios artistas, compañeros y admiradores de su obra expresaron pesar en redes sociales, a la vez que compartían imágenes de las fotografías, obras de sitio específico e instalaciones de Mur. Recientemente, había empezado a trabajar como coordinador de montaje para el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba) y, en los últimos meses, había colaborado en el diseño de dos exposiciones ambiciosas, como la retrospectiva del fotógrafo Aldo Sessa e Historia de dos mundos: Arte experimental latinoamericano en diálogo con la colección MMK, 1944-1989, ambas inauguradas este año en el museo porteño. Antes, había hecho trabajos similares en otras instituciones para realzar las obras de otros artistas.

A fines de los años 90, Mur se interesó primero por la fotografía, a la vez que comenzaba a pintar de manera autodidacta, como apuntó en una breve autopresentación para el proyecto virtual Bola de Nieve. Asistió a clínicas de análisis de obra de Tulio de Sagastizábal y Gabriel Valansi. Hizo varias muestras individuales y otras tantas colectivas en espacios como Boquitas Pintadas, la Fotogalería de la Universidad de Palermo, el Centro Cultural Recoleta, el Palais de Glace, la galería Cecilia Caballero, el Centro Cultural de España en Buenos Aires y el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, donde intervino la fachada con coloridos trazos geométricos durante la gestión de Jimena Ferreiro. También fue el creador del hermoso Opus azul en las paredes del primer piso de la Usina del Arte. Las formas geométricas provistas de misterio, las tensiones entre lo real y lo virtual y el efecto de las imágenes en la esfera pública eran aspectos esenciales de su obra.

Victoria Noorthoorn, directora del Mamba, escribió un emotivo adiós al joven artista: "Durante su tiempo con nosotros, con su bellísima alma, su entereza y gran profesionalismo, su cuidado por todo y por todos los que lo rodeaban, Diego se ganó el respeto, la admiración y el cariño de todos. Su calma y su claridad le permitieron afrontar dos montajes desafiantes: nada más ni nada menos que las muestras de Aldo Sessa con sus 700 fotos y desafíos técnicos, y la actual exposición Historia de dos mundos. En ambos montajes quiso estar, sin soltar su posición de coordinador en ningún momento. Los equipos que trajo y que recibió trabajaron en armonía y con alegría, y eso se sintió en trabajos que se pudieron completar de manera impecable. Cómo lo vamos a extrañar". Mur era padre de una niña.

El jueves a la tarde, de manera espontánea, colegas y amigos decidieron despedir a Mur en el Mamba. En muchas ocasiones, la vida de un artista crece como una segunda obra de arte que se construye con valores, respeto y afecto. Era el caso de Mur. A partir de las seis, artistas, curadores y críticos asistieron al museo con pinturas de Mur, flores, recuerdos y canciones para compartir. Cristina Schiavi, Tomás Espina, Patricio Larrambebere, Mónica Van Asperen, Laura Isola, Jimena Ferreiro y Sigismond de Vajay, entre muchos otros, despidieron con calidez al creador que invitaba a los espectadores a comprender mejor el juego (y el desafío) de las imágenes.

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