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Buenos Aires

Los pasteles de nata portugueses buscan conquistar a los porteños

Víctor Pombinho Soares
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21 de septiembre de 2018  • 15:42

No debe haber argentino que haya viajado a Portugal y se haya quedado sin probar el pastel de nata (también conocido como pastel de belem), una suerte de factura con crema pastelera deliciosa, ideal para comer a la mañana o a la tarde junto a un café, a la que se le suele agregar canela para hacerla todavía más rica.

El pastel de nata fue creado en 1837 por los clérigos franciscanos del monasterio de Belem, en Lisboa. Hoy en día, los pasteles del monasterio se venden cada día por miles a los turistas y son considerados los más ricos del país. Los pasteles ya conquistaron varias ciudades de Europa y también son muy populares en China, donde Portugal tenía una colonia en Macao.

Hace pocas semanas, el emprendedor lusitano Luis Infante Da Cámara abrió dos locales en Buenos Aires, uno en el Centro (Carlos Pellegrini 867) y otro en Recoleta (Vicente López 1628), desde donde aspira a conquistar el paladar de los porteños con sus pasteles. En las dos sedes de Nataría Portuguesa, Luis solo vende pasteles de nata y café. Y sueña con crear un pastel de dulce de leche que combine lo mejor de las dos gastronomías. Los locales no tienen banderas rojiverdes ni el gallo que representa a Portugal. Tampoco los azulejos típicos de Lisboa ni fotos de Cristiano Ronaldo. El minimalismo reina.

Luis Infante Da Cámara está muy conforme con el producto
Luis Infante Da Cámara está muy conforme con el producto Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

"Llegué a la Argentina hace 22 años como presidente de un grupo portugués que invirtió en campos agrícolas en Salta y Bariloche. Ahí trabajé ocho años: plantábamos soja y porotos en el norte y criábamos vacas en el sur. Después me salí por una cuestión de salud, me hizo mal, demasiado trabajo", relata Luis en el local de Recoleta. A pesar del episodio de salud, el emprendedor se enamoró del país y compró un campo chico en San Javier, a 150 kilómetros de la ciudad de Santa Fe, donde comenzó un proyecto inmobiliario.

Hace tres años, una de sus tres hijas le dijo de traer pasteles de nata a la Argentina, aunque él nunca fue pastelero. "Empecé a hablar con pasteleros y en el campo tengo una cocina grande, me compré un horno especial y empecé a practicar con mi cocinera. Fui siguiendo las instrucciones del cocinero de allá y me salían bien y mal. Se los empecé a ofrecer a la gente y le encantaba", comenta el empresario lisboeta, que dice que como hoy Portugal está de moda, hay bastantes argentinos que conocen el producto.

"Un día me puse un poco más en serio. Contraté un cocinero y la cosa empezó a salir. Al comienzo usaba los ingredientes equivocados. La leche tiene que ser descremada, hay que usar una harina especial. Cuando empezaron a salir más o menos bien reformulé un galpón que tenía e hice una fábrica chiquita. Terminé trayendo todas las maquinarias necesarias de Portugal y mi primer negocio fue el año pasado en el Lollapalooza", relata.

Sin embargo, tuvo mala suerte: una de las fechas del festival se suspendió y no pudo vender todo lo que hubiera deseado. De todas formas, cuenta una anécdota que lo marcó: "Yo estaba con unas cajas de pasteles en la puerta del hotel la mañana del día que se suspendió y un señor me preguntó si no era lo que estaba en el Lollapalooza y me dijo 'fue lo más rico que comí en mi vida, entre mi mujer y yo comimos 15 pasteles'. Y ahí me empecé a entusiasmar".

Alejandra, una de las empleadas venezolanas, convida a los vecinos
Alejandra, una de las empleadas venezolanas, convida a los vecinos Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

Luis fue cambiando de idea. Al comienzo pensaba en distribur, pero dice que es un producto "difícil" que hay que cuidar, porque sino el hojaldre se empieza a abrir y queda feo. Probó de esa forma hasta que decidió abrir sus propios negocios. Su idea es ir abriendo locales "despacito". Pronto sumará un pequeño stand en la terminal de cruceros de Buenos Aires.

Los ingredientes que usa son todos argentinos, aunque le costó encontrarlos. Cuenta que probó un montón de harinas y mantecas. Los pasteles tienen hojaldre, maizena, harina y una especie de crema pastelera que lleva leche, azúcar, yema de huevo, limón y canela.

"Al argentino le gusta mucho el dulce. Voy a intentar hacer el pastel con dulce de leche, pero hay que ir despacio. Yo no sé si va a ser un boom, pero a la gente que pasa le gusta", comenta Luis, que asegura que hay paisanos que probaron sus pasteles y les encantaron.

Por qué Argentina

Cuando se le pregunta por qué decidió invertir en un país tan proclive a las crisis como Argentina, Infante Da Cámara asegura: "Portugal es muy chiquito y está todo muy exprimido. Si abrís un local de estos en Portugal, es uno más, porque hay millones. Acá no hay. Es verdad que es un riesgo, ¿pero qué no es un riesgo? Yo acá vengo hace veinte años, me gusta. Argentina sube y baja siempre. Agarré el 2001, agarré todo, pero se sigue viviendo, todo anda, todo se mueve. Si hay una crisis de estas en Portugal nos morimos todos. Acá ya vivís con eso, hay que acostumbrarse".

Luis dice que pensó en vender también bolas de Berlín, otro típico bocadillo portugués, que se vende sobre todo en la playa, pero que desistió porque es frita, y daría mucho olor. "Es un producto muy bueno, pero no puedo mezclar. Una de las cosas más típicas de allá es el pastel de bacalao, pero al argentino no le gusta", remarca.

Los pasteles quedan espectaculares con canela o azúcar impalpable
Los pasteles quedan espectaculares con canela o azúcar impalpable Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

Luis se trae desde San Javier entre 50 y 60 mil pasteles en un camión con cámara refrigerada y les da empleo a 22 personas. Catorce que trabajan en la fábrica en Santa Fe y los otros en los locales porteños.

En forma para nada inesperada, en el local de Recoleta trabajan cinco jóvenes venezolanos, David, Alejandra, Carla, Richard y Germania. Los dos primeros estaban en cuarto año de Medicina en la Universidad Francisco de Miranda de Táchira y ahora comenzaron el CBC de la misma carrera. Carla también estudia Medicina, Richard, Letras, y Germania es ingeniera. Aquí están contentos y se burlan de la idea de Maduro de repatriar contingentes de venezolanos.

"Portugal es muy chico, todo el mundo se entera de lo que vos hacés Acá es un mundo, soy uno más. A mí me encanta. Acá, si vos querés trabajar, no te podés quejar, hay trabajo para todos", afirma Infante, mientras mira de reojo el movimiento del local.

Una pareja de jóvenes entra y se lleva cinco pasteles para comer con el mate. Son la biotecnóloga Ana y el licenciado en Administración Martín. "Son muy ricos, parecidos a los de Portugal", afirma el muchacho, que viajó a Lisboa y quedó encantado con el producto.

"Son mi perdición, me encantan, son deliciosos. Los probé en Lisboa en la Fábrica de Nata. Todas las noches pasaba y comía. Tuve la suerte de que pusieron este local a una cuadra de mi casa", cuenta la abogada de Recoleta Mónica Notari, que dice que comerá un solo pastel porque viene de hacer 50 minutos de bicicleta en el gimnasio.

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