Cómo equilibrar un duelo desigual: Rossi vs. Armani, un partido aparte dentro del superclásico

Rossi y Armani, la juventud contra la experiencia
Rossi y Armani, la juventud contra la experiencia
Román Iucht
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21 de septiembre de 2018  • 17:10

Se entrenan aparte. Trabajan de forma diferente al resto de sus compañeros. Se concentran siempre juntos. Se visten con otros colores y usan guantes. La tocan con las manos. Tienen manías increíbles y pueden ser héroes a lo largo de todo el partido y transformarse en villanos en fracción de segundos.

Profesión de riesgo con un sesgo bien marcado de masoquismo mezclado con adrenalina en cantidades desproporcionadas, si la vida de los arqueros siempre merece un apartado especial, la de los protagonistas del superclásico del domingo muestra un juego de contrastes muy interesante.

Franco Armani logró en tan solo 9 meses que todos los adjetivos calificativos resulten insuficientes para medir sus actuaciones. Atajadas como la del pasado miércoles ante Gigliotti lo único que logran es agigantar el asombro colectivo por sus respuestas, tanto como su imagen de invulnerabilidad defendiendo el arco de River. A esta altura solo un necio puede negar sus condiciones o adjudicarle a la prensa los lugares a los que fue accediendo en menos de un año. Evitando caer en la tentación de las comparaciones con otros notables del puesto, eso sí sería inconducente, lo más sintomático con Armani pasa, ya no por sus tremendas atajadas, visibles y atléticas, sino por algo intangible que resulta ser el capital más grande del que dispone un arquero. La sensación.

El puesto requiere de múltiples características necesarias para completar el formulario y todas ellas traen como resultante la fórmula mágica que distingue a los buenos de los muy buenos y a estos de los mejores. Con Armani está instalado en el aire y aunque sea una falacia ese es su mejor argumento, que parece imposible marcarle un gol. Es algo que flota en el aire, que se percibe pero no se puede ver, que sienten sus compañeros y fundamentalmente sus rivales y esa construcción es la que intimida a sus adversarios y lo vuelve casi inexpugnable.

Enfrente esa sensación comenzaba a percibirse alrededor de Andrada y su lesión es una pérdida muy sensible en el arco de Boca. Esa sensación pero desde la inseguridad, fue la que lo eyectó del puesto a Agustín Rossi. Es curioso lo que ocurre alrededor de quien será titular el domingo y plantea una contradicción entre lo discursivo y los hechos. Quienes buscan elogiarlo exponen su logro, veraz, como arquero bicampeón del futbol argentino, sin embargo ese halago resultó insuficiente para despejar dudas y seguir en su puesto en el elenco titular.

Aún si tuvieran una tarde aciaga, Armani seguirá siendo el mejor arquero argentino del momento y Rossi deberá seguir creciendo a los golpes.

Rossi es un arquero joven con futuro por delante, pero en los grandes se vive del presente. A Lux en River, siendo un jugador con mucha experiencia, le ocurrió algo similar. Los pagos se realizan al día, se tiene crédito pero es pequeño y el mínimo umbral de tolerancia sumado al escaso margen de error que con crueldad plantea el rol del arquero, a veces trae como resultado la salida del equipo. Rossi será recibido con apoyo masivo y cariño de parte del público que colmará La Bombonera pero luego deberá mostrar que su inactividad de casi dos meses y sus errores forman parte del pasado.

La chance de volver al equipo se presenta desde una desgracia de un compañero pero no deja de representar una bala de plata para demostrar sus condiciones. Deberá responder rápido y con firmeza, de lo contrario el murmullo será un acompañante de cada acción en la que intervenga y la sensación de flaqueza puede volverse un rival añadido no deseado.

Ante la escena de un partido parejo, el rol de los arqueros, su actualidad y su aura parecen plantear el contraste más importante del superclásico. Aún si tuvieran una tarde aciaga, Armani seguirá siendo el mejor arquero argentino del momento y Rossi deberá seguir creciendo a los golpes.

Lo único seguro es que de ningún modo pasarán inadvertidos, aunque lo suyo se vincule tanto con las certezas como con un mundo de sensaciones.

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