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La inusual reacción de Julio Velasco tras la victoria argentina: una carrera loca y cortes de manga

El festejo de Velasco, en el instante final del partido que la selección argentina le ganó a Polonia en el Mundial.
El festejo de Velasco, en el instante final del partido que la selección argentina le ganó a Polonia en el Mundial. Crédito: NA
Claudio Cerviño
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21 de septiembre de 2018  • 18:43

Con 66 años, Julio Velasco vive horas muy especiales en su dilatada carrera deportiva. Este Mundial que se realiza en Italia y Bulgaria marcará su despedida como conductor del seleccionado masculino argentino de voleibol, su anhelo durante mucho tiempo hasta que pudo concretar el deseo. Durante su gestión vivió buenos momentos y otros no tanto, incluidos algunos roces con integrantes del equipo. Pero nunca dejó de ser respetado: por su historia, por su manera de ser, por su don de gente.

Sin dudas, transita una etapa emocional especial. Por eso, fue extraño verlo reaccionar de la manera que lo hizo luego de la victoria por 3-2 sobre Polonia. Tenía una carga emocional encima. Varios fallos adversos en el partido con Italia, por la primera rueda, se sumaron a los de este viernes frente al campeón del mundo. Al menos tres situaciones de juego en las que sintió que se perjudicó a la selección y seguramente mascullando bronca por el proceder de su colega de Polonia, que imploraba repetidamente por modificación de fallos al umpire. Recompuso su imagen y trató de mantener la calma, sobre todo cuando en el quinto set la Argentina quedó tres match-points abajo (14-11). Se contuvo hasta donde pudo, porque en un extraordinario raid final, la selección ganó 5 puntos consecutivos y derrotó al campeón mundial en la apertura de la segunda etapa del certamen.

Histórica victoria que oficia como bálsamo para el equipo. E insospechada reacción de Velasco, recorriendo primero la cancha como Rubén Magnano en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 luego de que Manu Ginóbili definiera en la última acción el partido debut con Serbia y Montenegro. Aunque a diferencia de aquél, le agregó repetidos cortes de manga. Imágenes que recorren el mundo en pocos minutos y que probablemente lo sonrojen en la intimidad. "Ese no soy yo", podría decir. Lo fue. Y no estuvo bien. Nunca se lo había visto así, desbordado, lejos de la imagen que se requiere de un conductor. Fue su instante de explosión, de furia, y la dedicatoria sin destinatario definido. Se dejó llevar por las emociones y lo exteriorizó de una forma inusual en su carrera, impropia de su estilo.

Le había ganado al campeón mundial. Le había ganado a lo que entendía un despojo arbitral en un desarrollo cerradísimo. El Velasco que no conocíamos afloró de repente. Quizá ni él mismo se lo esperaba. Puede entenderse el contexto. No justificarlo.

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